Las Líneas de Nazca

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Las Líneas de Nazca

Por: Telésforo Mambaco

En las puras honduras de la selva espesa nace Macunaíma, el héroe de los nuestros. Es
azul de tan negro e hijo del miedo de la noche. Hubo un momento en que el silencio era tan
intenso escuchando el cuchicheo del río Uraricoera que la india tapañumas dio a luz a una
criatura fea. Y ese crío fue lo que llamarían después Macunaíma. Ya en la niñez hizo cosas que
requeteasustaban. En primera, se pasó seis años sin decir ni pío. Si lo sonsacaban a hablar,
exclamaba: «Ay ¡qué flojera!…». Y sanseacabó. «Menuda pachorra y menuda facilidad de
expresión. Con esas dotes el atorrante llegará lejos», sentenció al cabo el abuelo Ulpiano quien,
tan pronto como pudo, un día que mamá Bernarda estaba en la ciudad haciéndose componer
una muela, le extendió a Macunaíma su carta de desalojo… «Te me largas de esta aldea,
muchacho, que estoy hasta el gollete de tus rarezas y de esa monomanía tuya de rascarte las
pelotas aunque no tengas comezón», «Si me llevas a cuestas, abuelo Ulpiano, estoy dispuesto
a complacerte». Y como para esos menesteres era más apropiado el concurso de una mula,
Ulpiano, con tal de no volverle a ver la cara al remolón, sacrificó a Zenaida, la niña de sus ojos,
poniendo encima de ella al nieto buenoparanada.

Allí, sobre ese lomo mullido y apacible, el bendito de Macunaíma durmió seis meses
seguidos y soñó que llegaría el día en que su nombre retumbaría en todo el continente. Cuando
despertó, ya no se hallaba en la selva espesa que lo vio nacer sino en un pueblo pobre colgado
del techo, estrellado por arriba y por abajo, magullado a porrillo de este a oeste y de norte a sur
por meteoritos, estalactitas, estalagmitas y más que nada por reyertas de reyezuelos retrecheros
y casquivanos, bellacos y vergajos, de esos jayanes impenitentes que arman jaleo aunque no
venga a cuento y luego de armarlo dejan que sus vasallos, los más miserables, los que no tienen
pernada que ofrecer se despellejen y tasajeen por mor de sus haciendas y de sus conveniencias,
allí, en ese pueblo inclinado y más exactamente en la calle más tenebrosa de su arrabal,
Macunaíma, bien porque ya estaba bueno de silencio, bien porque había llegado el momento de
procurarse fama y gloria por mano propia, comenzó a graznar, a despachar parábolas y
metáforas a diestra y a siniestra, muy bien sazonadas las condenadas, eso no se le puede quitar,
a aventar odas y sonetos para embrujar y reclutar a su causa y en su grey a La Bartola y a La
Maricastaña, a lanzar pedradas en pleno ojo al usurero y al matutero, a disparar discursos y
peroratas, qué cuento de peroratas, puñaladas traperas al rabino y al arzobispo, al poder político
y al poder eclesiástico reclamando justicia, y no cualquier justicia abstracta de la estratósfera,
nones de nones, sino una justicia concreta y expedita, la clausura y liquidación del Fondo
Monetario Internacional, la deportación a la cárcel de Guantánamo de todos los mandingas de
Wall Street, la repatriación a Sudamérica de todas las riquezas atesoradas por El Vaticano, qué
Macu tan machucho y tan imponente, quien lo viera en ese pueblo arengando y predicando no
diría que se trataba de aquel nieto de Ulpiano que no bebía para no tener que pararse a mear. Es
cierto que tardó en despertarse de su modorra, pero cuando despertó… Escóndanse muy bien
escondidos, proxenetas, explotadores, tunantes, mangantes, ladrones de guante blanco, que si
maese Macu llega a ponerles la mano encima… Sí, la mano, el nieto de Ulpiano no sólo predicó,
también aplicó y no le tembló la susodicha cuando de dar sopapos se trató, en la mezquita o en
el tablado, en hora mala o en hora buena, en fiesta pagana o en fiesta de guardar, hasta conseguir
lo impensable en estas tierras, la redención de los oprimidos, el tatequieto a la explotación del
hombre por el hombre.

Dicen sus seguidores, los de Twitter y los de a pie, que al cabo de la revolución, en ese
pueblo empinado, en fiesta de San Juan, bailando el merengue y el chucu-chucu maese Macu
conoció a aquella deidad tan flaca y tan Titicaca que le quitó el resuello para siempre. La tal era
una chica nacida para no molestar a nadie. Por ella y para ella el negro azul e hijo del miedo de
la noche se dejó de monsergas y de graznidos. Por ella y para ella dibujó de sol a sol las Líneas
de Nazca.

Dicen los chismosos que vienen diciendo desde atrás, que Macunaíma las trazó
inspirándose en cada pliegue secreto del hueco de su culo, del suyo no sino del culo de la deidad
Titicaca nacida para no molestar a nadie, moreno, untuoso y apetitoso, libre de magulladuras
de meteoritos, estalactitas y estalagmitas. Y lo mejor, libre de empréstitos usureros y matuteros
avalados por el Fondo Monetario Internacional.

Digo porque me consta que, por mor del amor, maese Macu agachó el moño, entregó
espada y armadura y abandonó para siempre el campo de batalla. Pero eso sí, para no dejar su
trabajo a medias, me legó la tarea de predicar y armar el guirigay en la aldea selvática donde él
nació.

Hacia allá me dirigí, a lomo de una mula, hija de Zenaida por más señas, y un día
domingo, en fiesta de San Juan, a orillas del río Uraricoera, fiel a la consigna de mi mentor,
disparé a la concurrencia y a quemarropa una perorata solicitando la repatriación a Sudamérica
de todas las riquezas atesoradas por El Vaticano. Pero, diantres, mi moción no tuvo eco. El
abuelo Ulpiano, católico de hueso colorado, en lugar de apoyarme me encerró en un socavón
nauseabundo donde tuve a mal trabar relación forzosa con un pastor luterano que, a pesar de
mis reticencias, quiere dibujar su versión de las Líneas de Nazca inspirándose en… Ya se
imaginarán ustedes el modelo.

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