Anatomía del Miedo

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Anatomía del Miedo

Por: Helena Ugarte

Gala siempre se había preguntado si acaso también el miedo podía asumir una corporeidad, porque cada vez más intuía su presencia como una otredad. Un alguien distinto que , sin embargo, buscaba fundirse con su propio yo.

Su acechanza dibujaba en la mente todo tipo de escenarios, cuya lógica anticipatoria se replicaba cientos de veces.

Convivir con el miedo implicaba mimetizarse con su experiencia multidimensional. Abrirse a la experimentación en diferentes planos de su omnipresencia.

Lo efímero , lo cotidiano, explotaban en sensaciones de inquietud por los pasos que aún no se daban y habilitaban los espacios de la conjetura, esa odisea de la mente y sus productos espirituales , por el devenir incierto de la existencia.

Y Gala no podía remediar ninguno de estos efectos.

Vigilante del transcurrir del tiempo , con independencia de las señales que éste imprimiese en la trama del destino o de la azarosa casualidad, sentía que se asfixiaba de tensiones hasta deducir cuál habría ser el impacto del minuto después .

Estaba ahogándose en el ahora y aún le preocupaba con frenesí si el mañana fuera a acontecer.

Mientras, consumía el oxigeno de los días prestados. De los días que se escribían y borraban en la memoria por designio de fuerzas ignotas que cabían en la conciencia de los mortales , acomodándose con distinto impulso.

Antes del descanso nocturno Gala se despedía de esos días con infinita tristeza.

Una desazón profunda invadía por completo su ser. Quería vivir , temía no hacerlo. En apenas unos instantes sucedía un intenso ajetreo mental. Y si tal vez la aurora nueva fuera a borrar por completo su historial , y si simplemente dejara de ser …

Gala sabía que su ansiedad anticipatoria no podía endilgársela al padecimiento de algún mal que fuera posible catalogar desde la nomenclatura de patologías asociadas a la enfermedad mental. ¿Estaba lidiando con una somnifobia? ¿El miedo a dormir podía englobar a todos los miedos para intentar racionalizar de algún modo lo que le estaba ocurriendo?

El asunto era más profundo. Descifrar las señales de la superficie obturaba la visión de realidades más recónditas .

Cada pensamiento, cada palabra o acción cotidiana que Gala generaba parecía no poder ya resistir los azotes del miedo. Como si su corporeidad fuera un gigante que seguía creciendo paralizando el ingenio de David frente a la fuerza descomunal de Goliat.

Las asimetrías entre Gala y el miedo escondían una verdad inquietante.

La propia Gala alimentaba a sus criaturas deformes. Era ella quien le seguía confiriendo una entidad omnipotente.

Y el otro aprovechaba para continuar expoliando esa vulnerabilidad.

Habría que bucear en la profundidad del cansancio , la soledad y el desencanto , los misterios que consumen el fuego…

Un día despertamos y el impulso vital que nos lleva a creer en todas las cosas y a caminar conforme a esta inspiración, desaparece. En su lugar, un cuerpo doblegado por la insatisfacción y la desesperanza se abandona al influjo de una corporeidad extraña que empieza a luchar por doblegarnos.

Gala ha visto la impudicia con que el miedo pasea su anatomía por las habitaciones solitarias en las que ella oculta su tormento. Comienza a aprender de los vicios de su acechanza, y quizás cuando en su mente las memorias por fin se reencuentren con los recuerdos que solían esperanzarla , lo saque definitivamente a empellones , decretándole una muerte cualquiera.

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