Al Final Sola

Inicio / Dramáticos / Al Final Sola

Al Final Sola

Por: Edith Piñas Navarro

Adriana cuenta las monedas que tiene en el monedero para acabar el mes, menos mal que quedan pocos días para cobrar la pensión. Cada mes hace las cuentas y separa el dinero en pequeños sobres para pagar las facturas, es lo primero que hace, nunca ha dejado factura o pago atrasado y, lo que le queda lo guarda en otro sobre y lo pone en un cajón, debajo de la ropa de cama. Ella lo ha hecho siempre así.

Cada día sale a comprar aquello que necesita, de esta manera camina un poco y le da un poco el aire. En su edificio vive una familia de emigrantes muy amables, nada que ver con lo que dicen las personas del barrio. Amina es una joven simpática y muy correcta. Al principio no hablaba bien nuestra lengua, pero en poco tiempo lo aprendió y además muy bien. Las dos casas estaban juntas y compartían el patio. El edificio está muy viejo pero la señora Adriana y la familia de Amina no pueden pagar más dinero por el alquiler de un piso nuevo. Así que eran las dos únicas inquilinas de la finca.

La señora Adriana siempre fue una mujer muy activa, pero ya tiene ochenta años y le cuesta hacer algunas cosas, pero siempre tiene su casa impecable de limpia y ordenada. Ella es una mujer delgada y prácticamente toda su vida ha vestido de luto, solo una vez cambió el color y fue marrón. Antiguamente cuando fallecía un familiar era larga la temporada de luto y raro era que antes de acabarlo muriera otra persona, por lo cual enganchaba un luto con otro. Su cara era alargada con muchas arrugas; los ojos pequeños estaban cerca de la nariz fina y afilada; las manos las tenía muy secas de tanta ropa como había lavado. Incluso ahora lo seguía haciendo, no se fiaba de las lavadoras.

A menudo Amina pasaba por su casa con el pretexto de pedir alguna que le faltaba y le ayudaba. Hablaban un rato o tomaban una taza de té, así el día no parecía tan largo a la señora Adriana.

Un día estaba la señora sentada en el patio y escuchó al marido de la joven decir que no vendría a almorzar, entonces cuando él se marchó, pasó a visitarla y la invitó a comer. Este sería un buen momento para charlar tranquilamente, ya que la joven estaba siempre muy atareada. Mientras comían la señora le explicaba su vida.

-¿Sabes Amina? Yo tengo un hijo, pero vive fuera, vive muy lejos para poder venir a verme. Al principio me llamaba por teléfono casi todos los días y cuando era fin de semana hablábamos más tiempo. Me contaba qué hacía, cómo era la ciudad, que estaba muy contento, en fin cosas, yo me sentía feliz por él.-se levanta y le enseña unas fotos- Mira es él, aquí al acabar los estudios, esta de excursión, ésta de viaje a Alemania. Es un joven muy inteligente, ya lo decían sus maestros: “Señora el chico llegará lejos si sigue así.” Y yo me sentía orgullosa de ser una buena madre, ¿Sabes Amina? Después de acabar la carrera volvió a casa pero de un día para el otro le llamaron desde América. Ostras le dije, eso está muy lejos. Pero una oportunidad como aquella había que aprovecharla. Yo quería lo mejor para él, pero desde que murió mi marido hemos estado juntos. Él debía elegir su camino y ya ves con tanto trabajo se olvidó de mí.- cuando dijo estas palabras le cayeron unas pequeñas y silenciosas lágrimas por la cara.

-No se preocupe señora Adriana,- dijo la muchacha. Seguro que piensa en usted pero América está muy lejos y con las tormentas y huracanes que ha habido seguro que hay problemas en las líneas, ya verá como pronto tendrá una llamada suya.-le decía con una sonrisa para darle un poco de esperanza.

-Gracias cariño por animarme, pero eso no pasará. Tuve que darme de baja de la línea porque no podía pagar.-dijo triste. Antes mi hijo me enviaba una ayuda porque mi pensión es pequeña pero ahora…

En ese momento la hija de la joven se despertó, la cogió para darle el pecho, solo tenía tres meses.

-Bueno, ya es hora de marchar, muchas por su invitación. Adiós

-Gracias a ti por aceptarla, hasta mañana.

Otra vez sola. Coge las fotos para guardarlas pero, se queda mirando una. Esta se la lleva a los labios y le da besitos, era su pequeña. La niña no pudo superar la enfermedad y murió con cinco años, esta fue la última foto de ella junto a su padre.

Las horas habían pasado rápidas, estaba a punto de comenzar su novela. La escuchaba en la radio, se sentaba en el sillón y hacía ganchillo, ya llevaban años retransmitiéndola. Una vez que acababa se preparaba la cena, escuchaba las noticias y como siempre se quedaba dormida en su sillón, después se iba a la cama. La mañana siguiente se levantó de buen humor, se sentía feliz. Seguramente haber tenido compañía le había ido bien.- lo tendré que repetir – se dijo a ella misma. Estaba contenta de tener una vecina tan agradable y no tener que vivir sola en aquel edificio.

Se preparó para ir a misa de doce, era domingo, nuca faltaba a la cita con su virgen. Entró en la iglesia y encendió unas velas por sus seres queridos. ¡Qué diferente hubiera sido su vida si no se hubiera quedado viuda! Cuántas veces habían hablado ellos dos cuando fueran abuelos, pero no ha sido así. ¡Qué vida tan injusta! Después de misa se sentó a tomar el sol en un banco del parque.

Veía cómo los niños jugaban y recordaba cuando los suyos eran pequeños. Luego fue a comprar el pan y unas galletas. Caminaba encorvada y con un bastón.

Al lado del portal vio al marido da Amina y a otros hombres cargando lo poco que tenían en una furgoneta. El ayuntamiento les había concedido un piso social y tenían que mudarse el fin de semana. Adriana les felicitó y con tristeza se fue a su casa. La alegría se había esfumado muy rápido. Se alegraba por ellos, merecían una vivienda donde no hubiera humedad ni rajas en las paredes. Sé dejó caer en una silla y dijo en voz alta.

-¿Por qué no me llevas ya Dios?

Cuando la pareja lo tenía todo cargado, Amina llamó a la puerta para despedirse de la señora que tanto la había ayudado, pero no se oía nada. La volvió a llamar y no tuvo respuesta así que entró y la encontró sin vida. La joven la lloró como si fuera un miembro de su familia.

Sé quedó hasta que llegó la asistencia y ayudó en lo que pudo, después marchó a una nueva vida en compañía de su familia deseando que sus hijos nunca la dejen sola.

Dejar un comentario

Your email address will not be published.

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable El titular del sitio.
  • Finalidad Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Su consentimiento.
  • Destinatarios .
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies, puede ver aquí la Política de Cookies