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Unos versos de odio

Un mundo sin alma,
un alma sin vida,
una vida deseando el
umbral de la muerte
y un descanso entre
las cenizas de la pira.

Cuántas lágrimas derramadas,
cuántas plegarias malgastadas,
que, llegadas a oídos de un sordo
Dios, sólo consiguen sonar distorsionadas.

Oscuridad, frío, aspereza;
unos gritos de tristeza
entre otros de soledad
los cuales mi futuro epitafio ya reza.

¿Por qué existir bajo un cielo despejado,
bajo un mar de flores de un bello prado,
pudiendo dormir en un oscuro páramo
donde sólo haya granos de arena congelados?

¿Por qué brillan rayos tan hostiles?
¿por qué esos golpes de granizo tan febriles?
Cuando el Sol se esconda poco a poco
no tardaré en averiguar mis pensamientos, tan viles, tan viles.

No sabría pedir un soplo de esperanza,
ya que adivino que llegaría con severa tardanza.
Más bien un deseo de inexistencia
me haría soportar el peso de esta andanza.

Dolor, rechazo y desesperación,
todas llegan unidas para llevarme a la condenación.
¿Por qué resistirse?, ¿para qué redimirse?
Ese mundo de placer y amor es sólo pura ilusión.

Es el peso de una mirada tan vacía,
de una forma de pensar tan fría,
de esa incapacidad para encontrar un alma amiga,
lo que me hace anhelar mi querido reino de agonía.

Aunque, no así, constantemente espero esa cálida atención,
venida de alguien que parece estar sólo en mi imaginación.
¿Cómo creer en esa tan discutida sensación de cariño
si únicamente escucho llantos de miseria que interrumpen la salvación?

Es una espina en mi pensamiento.
Una hoja que corta mi sentimiento
y que despedaza mi ya dañado corazón.
Es una falsa sensación de libertad,
más que nada es eso esta obvia necedad
que más de una vez confunde a mi razón.

Sólo destruye, engaña,
y me muestra el sinsentido de esta patraña
que en otro tiempo consideraba una misión.
La misión de sentir, querer, escuchar
y saborear con mi paladar ese gusto especial
que tenía esa enfermedad que procedía del corazón
y a la que se le concedió la definición de "amar".

Entonces, ¿será tarde para escapar?
¿Habré perdido la oportunidad de regresar?
Me cuesta creer que, de alguna manera u otra,
mi ya tenue y borrosa alma se pueda llegar a salvar.

Y aunque en estos versos
de odio, maldición y rencores tan tersos
invoque, más bien provoque, la avenida de la Muerte,
desearía, por una vez, una palabra de cariño,
un gesto de felicidad, una lágrima derramada por amor
y no expresada desde el dolor,
un atisbo de inocencia que pudiera sentir como un niño,
y sensaciones que aguardaría, aunque sólo por dicha de la suerte.
Pero, en esta vana existencia, parece que estoy destinado a palpar el reverso
frío, escabroso y tenebroso, del lado más negro de este Universo.

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