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Una chica llamada Ángel

(RELATO CORTO)
Temker Nark

UNA CHICA LLAMADA ÁNGEL


Está no es una historia de amor.

Ángel es una chica que ha alcanzado la madurez cómo mujer. Tiene un cuerpo de bandera.

Imaginen por un momento a la chica de sus sueños, !!si a todos ustedes, sin excepción alguna!!

Piensen en ese chica que os gusta, sexi, bonita, simpática, agradable, misteriosa e inteligente y muchas otras cosas hermosas.

Ahora introduzcamos esa mujer de vuestros sueños en una máquina capaz de recrear la mujer perfecta para cada uno de ustedes. Ángel es así.

No le gusta vestir con ropas holgadas, más bien ajustadas. La prenda de arriba, ya sea un suéter o camiseta no le importa si le queda algo suelta. Por lo demás pantalones, faldas, etcétera, le gusta que sean estrechas. No por presumir, sino mas bien porque sé siente libre.

Tiene veinticuatro años, dentro de un día cumplirá los veinticinco.

En estos momentos camina de casa al trabajo, son las ocho menos veinte de la mañana.

Ángel tiene coche, apenas lo coge y menos para ir al trabajo. Le encanta caminar, a estas horas de la mañana. Siempre alegre pues sé va encontrando con gente que también va al trabajo o bien regresan y con una sonrisa mañanera les da los buenos días.

No tiene novio, pero pretendientes un montón, a todos les da de lado.

Su padre a falta de madre, se preocupa por ella y le extraña que no tenga novio aun.

No es porque no encuentre uno que le atraiga, simplemente no quiere estar atada a nadie. Por alguna razón inexplicable, Ángel reserva su amor, para un privilegiado.

El camino al trabajo, lo anda en un cuarto de hora, le gusta llegar al trabajo unos minutos antes para preparar la tienda y dejarla lista para comenzar a vender.

A las ocho de la mañana suele venir mucha gente a desayunar, pues en la tienda vende pan y hace ricos bollos, cuenta con algunas mesas.

Y cómo siempre suele hacer mientras camina, es cruzar por un pequeño parque que le llevara a una plaza llamada costa del sol en Córdoba. Es invierno y por eso abre a las ocho. Ya suele haber gente esperando a esos bollos que se convertirán en bocadillos.

Hoy las cosas no serán como de costumbre. Mientras da ese paseo matutino de cada mañana, en el parque ocurre lo siguiente.

Mientras camina pensativa y después de algunos saludos a gente que conoce, sé adentra en el parque para acortar camino.

Entonces ángel escucha unas palabras.

—por favor puede ayudarme.

Ángel la ha escuchado bien, pero el caso es que esas palabras le han dado miedo. Así que así caso omiso y continua caminando unos pasos. La voz que es de un hombre suena de nuevo.

—Ángel ayúdeme.

Eso no sé lo esperaba, la voz no la reconoce, pero ese alguien a ella si.

Sé detiene y gira sobre sus talones para ver quien la necesita.

Le ve, es un hombre que debe tener  setenta o setenta y cinco años.

Camina hacia el hombre que se encuentra tumbado y al parecer con grandes dolores ya que sé mueve mientras se queja.

—perdón señor ¿Cómo sabe mí nombre?

—eso no importa ahora, llame a una ambulancia sé lo ruego.

Ángel le mira intentando recordar quién es. Nunca le vio hasta ahora.

—¿no sé encuentra bien señor?

—no. Creo que me estoy muriendo, sea amable y llame a una ambulancia.

Media hora después.

—estaba tirado en el suelo Marta —Marta es la dueña de la tienda. Suele llegar un cuarto de hora antes que Ángel.

—qué raro y dices que sabia tu nombre.

—fue lo que me sorprendió, nunca le vi. Pero el si me conocía.

—es muy raro —responde Marta.

—de todos modos ya está en el hospital.

—deberías ir a verle —le dice Marta.

—¿tú crees?.

—puede que te diga de que te conoce.

Ángel sé lo queda pensando. La verdad es que su jefa tiene razón. Así pues ira cuando termine la jornada de la mañana, en horas de comida. A las dos de la tarde la tienda cierra y no sé abre hasta las cinco.

Durante el resto de la mañana, ángel no hace sino pensar en ese hombre anciano. Su cabeza piensa y piensa, cómo es posible que le conociera. Ella no recuerda conocerle de nada.

Puede que después de todo solo sea pura casualidad, pero esa casualidad es imposible teniendo en cuenta que su nombre es masculino. Sus padres tienen la culpa. El día que ella nació era tan linda que los dos al unisonó sé les escapo la expresión de""es cómo un ángel""

De ahí le viene el nombre. Ángel Ramírez Hernández.

Cuando ángel tubo la edad para razonar, su nombre no le gustaba, pues era la comidilla del colegio y del barrio. Llegaba a casa muy enfadada incluso pedio a sus padres que le cambiaran el nombre. No ocurrió y da gracias por eso.

El reloj marca las dos menos diez, en breve saldrá del trabajo. Su jefa Marta la llevara al hospital. Después sé las apañara para volver al trabajo.

Las dos y media de la tarde.

Ángel entra en el hospital, todo el personal sanitario la conoce, hace dos años ingreso su padre que sufrió un grave accidente de coche., estuvo por un periodo de seis meses, su padre entro en coma por cuatro meses y medio el resto sé lo paso recuperándose de las graves heridas.

Durante ese periodo ángel fue ganando la amistad de todos. Decir tiene que su fama se extiende a toda Córdoba. Fama por ser la chica más bella de Andalucía.

—¿cómo tu por aquí querida? —pregunta la recepcionista de atención al cliente.

—soy quien llamo a la ambulancia está mañana. Un señor sé encontraba muy mal en el parque.

—ah vaya. Si ese señor sé encuentra en la habitación 412.

—¿me dejas ir a verle?.

—claro Ángel, ya sabes aquí eres siempre bienvenida. ¿Cómo está tu padre?.

—mejor que nunca Laura.

—ten este pase, puedes ir cuando quieras.

—gracias. Voy en seguida tengo que comer algo y volver al trabajo.

—sabes que… hare que te lleven la comida, veo que no traes nada.

—eres muy amable Laura, pero la comida de los hospitales no me apetece, comprare algo antes de marchar.

—cómo quieras Ángel. Me alegro de verte y dale recuerdos a tu padre.

—así lo hare —dice mientras se coloca la tarjeta de visita en su cuello, está cuelga de una cinta azul.

Cinco minutos después.

Ángel entra en la habitación. En la cama un señor de setenta años o más parece estar durmiendo. Una bandeja con comida reposa en la mesa que tienen todas las camillas, está puede moverse de derecha a izquierda y viceversa.

Ángel sé le queda mirando. Ese hombre no lo conoce de nada. Pero sin duda dijo su nombre eso la tiene intrigada.

Sé sienta en la silla cercana a la camilla y espera a que despierte el hombre extraño.

Sin pensarlo coge un zumo de la bandeja y inserta la pajita en el embase un zumo de manzana.

Sé queda mirando al enfermo.

—usted no lo va a beber —piensa ángel.

Ahora que sé fija bien en el hombre, los años que tiene le favorecen, es decir no sé le ve muy gastado, su piel no está muy curtida, apenas tiene arrugas propias de la edad y las manchas que suelen salir o no tiene o bien han salido por otras parte del cuerpo que no son visibles.

Diez minutos de estar esperando entra una enfermera. Al ver a Ángel la saluda:

—Hey ángel cómo tu por aquí, es pariente tuyo —va diciendo mientras prepara los utensilios para tomar el pulso del señor.

—que tal María —responde ángel al saludo.

—ya ves cómo siempre. Haciendo la misma rutina. ¿y tu preciosa?

—soy quien llamo por ese hombre, el me lo pidió.

—oh es una pena y una suerte que le vieras.

—¿Por qué?

—ingreso en muy mal estado. Nadie sé explica cómo ha sobrevivido tanto tiempo.

—¿me dirás que es?.

—claro eres casi de la familia. Llamaste, y todos te conocemos. Aparte de eso nadie se ha presentado para ver al paciente. Por lo visto no tiene a nadie.

—¿Qué tiene María? —pregunta Ángel, antes que sé cambie de tema.

—en estos momentos está muy sedado, sus órganos internos están tan deteriorados que es probable que no viva más de dos días. Le hemos suministrado unos calmantes muy fuertes, el dolor que soportaba era tremendo.

—no entiendo nada.

—tu amigo está más muerto que vivo Ángel. Quizás no sobrevivía a mañana o mientras duerme puede fallecer.

—lo que no entiendo es que hacía en el parque, no es un vagabundo. Sus ropas son caras o eso creo.

—crees bien ángel son de Giorgio Armani —responde María.

—¿Qué hacía en el parque?... —sé pregunta en voz alta.

—esperarte a ti —responde María con una sonrisa.

Ángel la mira. ""A decir verdad es normal pensar en eso. Sabia mí nombre"" —piensa pero no lo dice. Ángel es algo reservada.

—esto está terminado querida. El pulso lo tiene muy bien, no hay de qué preocuparse. Te dejo. Dale recuerdos a tu padre.

—gracias María —Ángel sé queda sola.

—¿Quién eres señor? —pregunta aun a sabiendas que no responderá.

Mira la hora. Le quedan casi dos horas y media. Sé levanta de la silla y sé acerca a la cama. El señor duerme plácidamente.

—no voy a estar aquí toda la tarde. Tampoco deseo verte morir. Seas quien seas, me alegro de haber llamado la ambulancia. Te cuidaran bien señor. Entonces ve que la mano del hombre sé mueve un poco. Después los dedos de esa mano también sé han movido. Ángel espera una reacción del hombre, puede que este apunto de despertar.

Pero no ocurre nada, el anciano sigue dormido.

En la bandeja hay un par de melocotones pequeños, tienen muy buena pinta y Ángel hambre.

Los coge y vuelve a sentarse.

—hola Ángel.

Ángel casi sé le caen los melocotones, sé ha llevado un buen susto, teniendo en cuenta que el señor estaba durmiendo.

—hola —responde ella algo asustada.

—supongo que tienes preguntas por hacer —dice el enfermo.

—sabes mí nombre, jamás te vi. ¿Me conoces?.

El anciano mira a la joven. Tiene que saber la verdad, su tiempo termina.

—te sonara a locura, no importa si lo parece. Es verdad y debes de escucharme. Ojala te lo hubiera dicho antes. No pude.

—adelante soy toda oídos.

—no me interrumpas, has de oírlo todo, pues no me queda tiempo, me muero lo sé.

—no lo hare.

—bien. Todo empezó en el año 1.466 por entonces yo tenía veinticinco años —al oír esto Ángel abre los ojos de par en par. La sorpresa es mayúscula. Sin duda el señor debe de estar delirando. Dejara que termine y sé promete no reírse —ahí empezó todo. Provengo de una familia adinerada entonces. Propietarios de grandes terrenos y algunas fincas que otras. Cómo tenía por costumbre salía después de comer para estirar las piernas. Siempre con mí fiel amigo sultán, un perro de caza. El día era soleado, días atrás había llovido mucho, el terreno sé estaba secando pero tenía que tener cuidado de no caerme, pues algunos tramos eran de sumo cuidado, muy resbaladizos. No existían carreteras cómo ahora bien asfaltadas. Mi nombre es Sebastián de la Torre Iglesias. Memorízalo. Acércame la botella de agua, tengo la boca seca —ángel coge la botella que está en la mesita, cerca de la cama en el otro lado.

—tenga.

—gracias —bebe un poco y después continua su relato —mí perro sultán corría de un lado para otro, debes en cuando le lanzaba un palo que el perro recogía una y otra vez. En unas de esas veces que lance el palo, cayó cerca de unos matorrales. Sultán en su intento de ir a por él, sé detuvo y comenzó a ladrar, eso llamo mí atención y camine hacia sultán. Para mí asombro una mujer anciana estaba tumbada en el suelo. Sé quejaba de grandes dolores. Entonces me vio y dijo estas palabras:

—Sebastián. Acércate —¿Cómo podía saber mí nombre?. Nunca nos vimos. Eso lo pensé después, primero tenía que ayudarla. El médico vivía muy lejos de nuestra casa. Pero ella me dijo que no tenía tiempo, que debía de decirme algo muy importante. Lo dijo y me quede de piedra. Me conto que tenía más de quinientos años y que yo era su salvación para que pudiera seguir viviendo. Creo que estaba demente —el señor sé detiene. Ángel empieza a entender a dónde quiere llegar. Le está contando una historia idéntica igual a la que ella está viviendo ahora. Bebe otro sorbo y continua —intente levantarla para llevarla a casa, no podía permitir que muriera en el suelo húmedo. Ella negó mí ayuda —no tengo tiempo. Escucha estas palabras —ella me las dijo y en ese preciso momento mí vida cambio por completo. Ángel ese fue el comienzo. De alguna forma sus palabras me hechizaron y quede preso del tiempo, no corría con normalidad. Vi morir a todos mis seres queridos. Supe que cada cien años yo cumplía diez. Esa mujer me regalo una vida longeva, llena de oportunidades. Nada podía cambiar eso. Intente suicidarme cuando pasaron dos cientos años. Tenía entonces cuarenta y cinco años. Lo intente con todo, todo intento era inútil. Entonces porque malgastar el tiempo. Has de saber que desde ese día que ella me hechizo algo extraño me sucedió veía un futuro, en ese futuro es tu época. Por eso te conozco, siempre he estado cerca de ti. Sin dejarme ver, cuidando que nada te suceda. En el bolsillo de mí pantalón, están las llaves de mí casa. Ve y veras que cuanto te digo es cierto, en el llavero está la dirección.

Ángel no tiene palabras. Sé ha quedado sorprendida pero reacciona rápido.

—¿cuáles fueron sus palabras?.

—no querrás oírlas —dice el anciano llamado Sebastián.

—si quiero, dímelas —Ángel quiere oírlas para quedarse tranquila, pues sabe que la razón es esa, el quiere decirlas y no tiene miedo a oírlas. Pues es un disparate, un cuento para niños.

—Una vez que las diga quedaras presa del hechizo. ¿Es eso lo que quieres?.

—soy tu relevo no… si logro que vivas y si eso te complace. Estoy preparada.

—no te veo muy segura, es normal. Debes de tomarme por un loco. Yo pensé igual de ella.

—Sebastián anda dilas. Te escucho —Ángel quiere reírse pero sé contiene. La verdad es que está historia le hace gracia. En los tiempos que corren, la vida es una porquería, llena de locos y gente deseosa de contar mentiras cómo está.

—está bien. Escucha: tiempo que transcurre, tiempo que se detiene, años, meses, semas y días, así cómo horas minutos y segundos deteneros y avanzar despacio —Sebastián sé detiene y mira a Ángel. Para decir eso —!!es todo!!.

—bien. Amigo Sebastián ahora descansa. Ojala te recuperes. Yo he de irme. El trabajo me espera.

—no te olvides de las llaves y ve tranquila. Me has salvado la vida. Márchate, nunca me volverás a ver —palabras secas de un hombre moribundo. Pero la cosa no es tan simple, no desde ahora. Ángel que no sé ha creído una sola palabra, coge las llaves y sale de la habitación. No sin antes despedirse.

—fue un placer Sebastián.

—lo mismo digo, ahora vete. No olvides que en mí casa encontraras todas las respuestas a tus preguntas.

—está bien. ¿Y que debo de hacer con tu casa?.

—es tuya, te la regalo, todo lo mío desde hoy es tuyo. Toda la documentación está a tu nombre.

Ángel sé detiene en la entrada. Sé gira, desea ¿preguntar porque ella?. Pero lo piensa y sale de la habitación de forma rápida. Dejando a Sebastián cómo ella misma. Intrigado.

Por el corredor, piensa en toda la historia que le ha contado y ahora en soledad sé dice:

—!!pobre hombre!!.

Sé despide de todos sus amigos que va encontrando en el hospital. Llega hasta Laura.

—¿Cómo te fue? —pregunta Laura.

—creo que desvaría —le dice en voz baja.

—pobre anciano. Pude hablar con él un segundo, le pregunte cómo se encontraba, antes de ser llevado a su habitación. Me respondió que bien dentro de lo que cabe.

—me ha contado un bonita historia. El pobre sé cree que tiene quinientos años.

—oh vaya eso sí que es una locura.

—bueno Laura e de irme. Nos vemos.

—ven a verme de vez en cuando, ya sabes dónde vivo —le dice Laura.

—lo prometo. Adiós amiga.

—chao Ángel. Cuídate.

Ángel abandona el hospital. Antes de ir al trabajo comerá algo ligero. Hoy ha sido un día de esos que suele llamar raros.

Entra en un bar que suele frecuentar poco. Pide un refresco y una ensalada, no tiene mucha hambre, hará tiempo antes de entrar a trabajar. Hoy no irá a casa hasta que no termine la jornada de tarde.

Sé come la ensalada y mete mano en su bolso, es cuando toca las llaves. El recuerdo le vuelve a la mente. Tiempo que trascurre, tiempo que se detiene, años, meses, semanas y días, así cómo horas, minutos y segundos deteneros y avanzar despacio —!!que tonterías!!, en fin —Ángel saca las llaves y mira la dirección. En este preciso momento su mente sé nubla, pierde el control de sí misma, por suerte está sentada. Unas imágenes del futuro aparece.

Enormes rascacielos, naves de dos, tres, cuatro o seis pasajeros vuelan por todas partes. Su mente recorre ese futuro a gran velocidad. De pronto la imagen cobra una velocidad normal.

Un joven no más de veinte cinco años aparece. Ángel cree reconocerle, pero no está segura.

Lo que aparece en su mente, desaparece cómo vino.

—Dios mío, ¿Qué fue eso? —mira las llaves y sin pensarlo un segundo. Deja un billete de diez euros en la mesa y sale corriendo. Va a la casa del anciano.

Introduce la llave, la gira. En ese momento en el hospital el anciano desaparece.

Ángel abre la puerta, entra en la vivienda, enciende las luces y sé queda asombrada.

Todo cuanto ve, es antiguo, muy antiguo sobre todo una foto de un oleo. Es la imagen de un joven, la misma imagen que vio en ese futuro.

Repasa con la mirada, todo cuanto ve. Muchas de las cosas, están catalogadas, por años. Ángel no deja de asombrarse. En una mesita cerca de un sofá, hay un libro y las escrituras de la casa.

Ella asombrada ahora es consciente de la realidad, el anciano tenía razón.

El libro es un diario. Diaria de Ángel. La joven lee las primeras páginas.

Por fin he dado con ella después de casi quinientos años, la he encontrado, es ella la mujer que me hechizo. Su nombre es Ángel. Hoy ha nacido y estaré cerca de ella sin ser visto, la cuidare cuanto pueda. Cuando le quede un día para los veinticinco la contactare. Todo cuanto tengo sé lo cederé para que su vida desde que cumpla los veinticinco, sea un secreto. En mí hogar estará a salvo. Dispondrá de toda mí fortuna que son no es poca. Yo sé que desapareceré y volveré a la vida. He estudiado mucho my caso y sé que el futuro que vi es el presente. Por alguna razón Ángel me dará la continuidad en su futuro.

Ángel ahora me dirijo a ti:

Ten cuidado pues desde ahora en adelante, la vida tal cómo la conoces ha cambiado para ti. No envejecerás con normalidad. Cada cien años serán cómo diez. Sé que es duro pero tú eras la elegida, tú me elegiste hace quinientos años más o menos. No es una locura, es la realidad.

Aprende a vivir con ello, a mí me costó hacerlo, eran otros tiempos. Cuídate y no dejes de buscarme en ese futuro, solo yo puedo ayudarte.

Ángel tiene lagrimas en los ojos y dice.

—el loco tenia razón.

Fin

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