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Un trabajo muy sucio (El Ángel de la Muerte II)

          Esta vez me han encargado un trabajo doble, el primero es en los bajos fondos de la cuidad de manera que dejare aparcado el BMW y cogeré una furgoneta, al igual que también he de cambiar el traje de Armani por un mono de obrero.

          Cuando llegue al barrio circule lentamente por la zona observando a la gente hasta que di con mi hombre. Este se encuentra apoyado contra la puerta metálica de lo que parece ser un almacén abandonado fumando un cigarro de liar de esos que se han vuelto a poner de moda después de muchos años o lo que es más seguro un porro.

          A este no le enseñaron que no se debe colocar con la mercancía que vende por lo visto, aunque el hombre que me ha contratado me dijo que su hijo murió de sobredosis de LSD o algo parecido, todos los que buscan venganza llaman a Abadon.

          Al salir de la furgoneta cojo un arma paralizante que escondo cuidadosamente en la manga del mono. Me acerco a mi victima sin hacerme notar al tiempo que saco un cigarro que me introduzco en la boca al tiempo que le pido fuego. Me lo da aunque por su cara se le nota que no lo hace de buena gana, si no más bien para que desaparezca de su vista.

          Lo que no sabe es que su simple existencia a mí no es que me incomode, si no que me repugna.

En esas décimas de segundo que el prende mi cigarro yo aprovecho para disparar mi arma paralizante en su ingle y remató la faena con un golpe en el pecho que le corta la respiración y le deja inconsciente.

          Rápidamente le cojo antes de que caiga al suelo y le meto dentro de la furgoneta donde le pongo una cinta adhesiva en la boca para que no pueda gritar  tras atarle de pies y manos para dejarle inmovilizado.

          Conduje tranquilamente y con precaución hasta un garaje propio que tengo cerca del rio y que insonorice para cuando me mandan trabajos como este. Una vez que llegue a mi destino aparco y saco a mi víctima de la furgoneta.

          El individuo ya había vuelto en sí de manera que le encañone con mi arma mientras le sacaba para que no opusiese resistencia; de la furgoneta le llevo a una silla de despacho que hay junto a una mesa donde le volví a atar de pies y manos y le quito la cinta adhesiva para ponerle a cambio una mordaza para que no pueda gritar. No es que tenga miedo a que le oigan, más bien soy yo el que no le quiero oír gritar y sé que lo va a hacer. Va a gritar, llorar e intentar suplicar clemencia, pero no le servirá de nada.

          Con unas tijeras le corto la camisa que lleva de los Rolling Stones para dejar su pecho al descubierto y facilitarme el trabajo. La mesa la tengo repleta de distintas herramientas que usare poco a poco pero para empezar cojo un mazo y le golpeo varias veces en las rodillas hasta que oigo el crujir de los huesos al romperse. Mi victima muerde la mordaza fuertemente al no poder gritar y esto solo es el principio.

          Me tomo mi tiempo para ponerle unas bridas en los dedos de las manos asegurándome que están bien apretadas, no quiero que se me desangre a la primera de cambio, sería una chapuza y yo odio las chapuzas. Al individuo parece que se le van a salir los ojos al ver lo que estoy haciendo, desde luego se figura que eso no va a terminar nada bien para él. Preparo un inyectable casero por si se desmaya para que vuelva en si rápidamente y lo dejo a mano por si las moscas.

          Observo lo que tengo en la mesa y al final cojo unas tijeras de podar con pico de cuervo y poco a poco le voy cortando los dedos de las manos, las bridas hacen su trabajo y evitan que sangre al perder los dedos; de todas maneras me aseguro un poco más y le quemo las falanges restantes con un soplete de cocina, así se cauterizara la herida y tendré un 100% de seguridad de que no sangrara, por ahora.

          Veo que mi víctima se está mareando y parece que se va a desmayar, de manera que le inyecto el contenido de la jeringuilla en el cuello para que no se desmaye. Es la primera vez que utilizo este producto y no sé cómo reaccionara, supuestamente tendría que habérselo dado por vía oral pero me fue más fácil fabricarlo en plan líquido e inyectárselo.

          Veo que se revuelve por el dolor todo lo que le es posible y eso que la situación no le deja moverse mucho. Yo sigo rebuscando en la mesa para elegir por donde seguir y me decido por unos alicates con los cuales le corto los pezones, esta vez le dejo que sangre y grita todo lo que la mordaza le permite, sus ojos se salen de las orbitas como esos muñecos de goma en forma de animales a los que presionas y se le salen los ojos de las cuencas.

          Seguro que se pregunta a que se debe todo esto pero yo no se lo pienso decir, un camello de mierda como este no se merece explicación alguna.

          Vuelvo a coger la maza y esta vez le golpeo en los hombros hasta rompérselos, no sé si verdaderamente le ha dolido de lo machacado que esta, pero aún me quedan dos cosas por hacerle con las cuales sufrirá de lo lindo, de esto seguro que se enterara.

          Primero le corto los pantalones a la altura del fémur para dejar ambas piernas al descubierto las cuales corto con un bisturí, sé que eso le ha dolido pero es light en comparación con lo que le queda. En la mesa tengo un par de fórceps cervicales, le introduzco uno en una de las heridas provocadas por el bisturí y lo voy cerrando poco a poco de manera que dilate la herida y la vaya agrandando cada vez más. Me veo obligado a quitarle la mordaza para que pueda gritar y vomite antes de que se ahogue y se me muera antes de terminar. El grito es horrible, casi me salta el tímpano el muy hijo de puta.

          Empieza a suplicar clemencia cuando se recupera del grito cosa que no estoy dispuesto a escuchar de manera que le vuelvo a poner la mordaza y le ato la cabeza al sillón para que no se mueva. Cuando me ve venir con una taladradora y ponerla delante de su cara hace el amago de cerrar los ojos pero involuntariamente los abre más aun lo que me facilita a la hora de taladrárselos, no mucho eso si ya que no quiero que la broca alcance el cerebro.

          La sangre brota masivamente por su cara y sinceramente creo que ya está bien, este cabron ha pagado con creces su error de manera que vuelvo a coger el bisturí y me pongo detrás suyo para rajarle la garganta de tal manera que puedo introducir la mano por la incisión y sacarle la lengua por el corte, así creerán que es cosa de la mafia colombiana.

          Desato el cadáver y tras dejar que pierda toda la sangre le vuelvo a meter en la furgoneta y me dirijo al barrio donde cogí a este desgraciado. Una vez allí dejo el cadáver justo donde lo encontré para que le vean y me marcho de allí tras hacerle una foto con una Polaroid para enseñársela a mi cliente cuando cobre.

          Ahora solo me queda deshacerme de las pruebas lo cual no costara mucho, será más tiempo que dinero. En un descampado me aprovecho para limpiar bien la furgoneta por dentro para evitar que queden huellas o resto de sangre de lo que quedo  de mi víctima,  la limpieza es exhaustiva pero deja un pestazo dentro de la furgoneta a lejía y amoniaco, casi no se puede ni respirar. En el exterior la había puesto unos adhesivos simulando propaganda de un servicio de fontanería de 24 horas que quito nada más llegar al garaje.

          El mono sin embargo me es más fácil deshacerme de él, solo necesito un poco de gasolina y le prendo fuego, de todas maneras si vuelvo a necesitar otro es fácil de encontrar y a un coste barato.

          Las herramientas que he usado para torturar a ese desgraciado también necesitan un apaño así que saco un bote de Bacterisan, un producto que compre on line para limpieza se superficies y material quirúrgico. Para limpiar todo lo que utilice para torturar tardo un par de horas pero lo dejo todo perfecto.

          Ya que me he puesto aprovecho para limpiar también el Remington, no tardare mucho en utilizarlo.

 

MIGUEL  ANGEL  SÁNCHEZ

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