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Un buen trabajo

La furgoneta aparco junto al tanatorio de la M-30, sabía que habían llamado a la oración de manera que tenía el tiempo justo pero aun así se quedó dentro de ella pensando, no pensaba echarse atrás eso lo tenía más que seguro pero quería recapacitar como hacer lo que iba a hacer. Al final abrió la guantera y saco la Jericó que le habían proporcionado, se aseguró de que estaba y le quito el seguro antes de guardársela en la parte de atrás del pantalón.

Cuando salió de la furgoneta se arregló la chilaba bien para que nadie notase el arma, después cogió el taqiyah y se lo coloco, fue hacia la parte trasera de la furgoneta de donde saco una Uzi y un par de cargadores que escondió al igual que la pistola bajo la chilaba, por ultimo cogió una bolsa de deporte y se la hecho a un hombro.

Ya listo pero sin prisa alguna fue avanzando hacia la mezquita, no levantaba sospecha alguna ya que eran varios los musulmanes que vivían en Madrid y que se acercaban a rezar a esa mezquita, nuestro hombre parecía otro más aunque no lo fuese.

Al llegar a su objetivo encontró la puerta ya cerrada; por lo que parecía ser la oración había empezado ya o estaba a punto de empezar, lo que si iba a empezar era la fiesta privada que él había organizado.

Mientras con una mano empujaba la puerta con la otra sujetaba la Uzi fuertemente al tiempo que con un dedo quitaba el seguro de esta; en la entrada principal no había nadie de manera que avanzo unos pasos mientras apoyaba el arma contra su hombro dispuesto a disparar. Al girar se encontró con un grupo de personas arrodilladas ante un hombre que recitaba canticos en árabe antiguo; nadie se percató de su presencia hasta que se escuchó la primera detonación a la cual precedieron varias otras y el ruido de las balas chocando contra los cuerpos de las personas que gritaban e intentaban huir al tiempo que se pisoteaban. Junto a ese caos se podía ver cachos de carne desprendidos de distintos cuerpos que eran arrancados por la gran cantidad de munición.

Un hombre intento detener a su agresor pero lo único que consiguió fue una muerte segura y un rostro desfigurado a causa de las balas.

El suelo y las paredes se tiñeron de rojo a causa de la sangre y el altar quedo hecho añicos; cuando ya había vaciado los dos cargadores de la Uzi se acercó al imam con paso calmado al tiempo que sacaba la pistola de su escondite.

_ ¿Creías que aquí nadie te encontraría?_ dijo mientras levantaba la mano con la que sujetaba la pistola_. Ni a ti, ni a tus fanáticos seguidores. Pues te equivocaste, nosotros tenemos ojos en casi todo el planeta.

Un susurro salió del imam que fue acallado por la detonación de la Jericó que resonó en toda la mezquita; después dejo la bolsa de deporte en el suelo y saco cuatro barras que parecían ser de plastilina, coloco una en cada en una de las bases principales del edificio y presiono una especie de interruptor que están tenían activando así un control remoto.

Con paso firme se fue alejando de la sala de oración volviendo sobre sus pasos hacia la calle; una vez allí se quitó la taqiyah y la tiro a una papelera, también tiro de la barba que tenía hasta que al final se desprendió de su cara; al llegar a la furgoneta rasgo la chilaba y la dejo tirada en el suelo, cogió una chaqueta de cuero negro y unas gafas de sol que había en un bolsillo de esta y tras ponerse todo dejo las demás cosas donde las había cogido entrando definitivamente en la furgoneta y arrancando.

En el momento que arranco se escuchó una explosión que derribo la mezquita provocando algún otro destrozo a causa de la onda expansiva de esta.

El conductor cogió rumbo hacia la autopista en dirección al aeropuerto de Barajas.

_ Capitán, misión cumplida_ dijo a un hombre con el que inicio una corta conversación con el mismo teléfono que uso para provocar la explosión.

_ De acuerdo, deshágase del teléfono y cuando llegue a Tel-Aviv venga directo a la central. El MOSSAD está muy agradecido por su trabajo soldado.

Miguel Ángel Sánchez González

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