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Tumbadito

La historia que a continuación relato comienza con un niño de seis años.
En cualquier parte de África.
¿Creen haberlo visto todo, oído todo?. No lo creo, lean está historia y sabrán algo que nunca pesaron que pudiera pasar.

Estamos en Angola.
Ah medio kilometro des distancia de un campamento de una ONG.
Una madre y su hijo intentan llegar.
Necesitan comida y ahí sé la darán. No es la primera vez que hace este largo recorrido.
Desde su poblado hasta el campamento.
No solo por comida sino también porque el hijo no sé encuentra bien.
El camino largo y angosto tiene a la madre fatigada, sin fuerzas para seguir caminando, llegan a un árbol.
El árbol está podrido, por alguna razón el árbol sigue en pie.
Suficiente para dar un poco de sombra.
No puede dar un paso. Sé tumba y su hijo al lado.
Un niño de apenas seis años, escuálido y falto de vitaminas, cómo la propia madre.
La leve sombra les cubijara del enorme sol abrazador.
En los alrededores, tierra seca que se extiende por todo el territorio.
A quinientos metros está la esperanza de vida, esperanza por seguir con vida una temporada.
Solo que no va hacer así.
Apoyados en el árbol casi fosilizado, la madre intenta espantar a las moscas que rodean a su hijo y a ella misma.
Su mano escuálida lo intenta, apenas puede levantar su brazo, no quiere permitir que las moscas le laman. Traen miles de enfermedades y sobre todo estas, son enormes.
Los ojos de Dios nunca han mirado a este lado del mundo. Una tierra árida y seca.
No corre no una briza de aire fresco. Todo lo contrario. El calor abrazador va a dar muerte a una madre que ha gastado todas sus energías, intentando espantar a las moscas.
Su brazo cae para siempre en su costado derecho.
El niño que duerme, apoyando su cabecita sobre las piernas de su madre muerta.
Las moscas enseguida aterrizan en el rostro de la mujer, ciento de ellas esperan su turno, volando sobre su cabeza.
El niño despierta. Mira a su madre, cubierta por las moscas. Aterrado sé aleja cuanto puede.
Lo ha visto muchas veces a lo largo de su corta y miserable vida. En este lugar alejado de la mano de Dios.
Ya no tiene madre lo sabe. Ha muerto y nunca volverá a ese árbol.
Con la muerte pisándole los talones, el niño camina hacia el campamento.
No tiene otra cosa en la vida, ni en la mente que llegar a ese lugar.
Pedir algo de comida y volver a su aldea, dando un rodeo para no pasar cerca dónde su madre yace muerta.
El sol es terrible quema su cabecita, camina dando tumbos, en algunos tramos pierde el equilibrio y cae al suelo.
Sé levanta una y otra vez, su salvación está cerca, apenas trescientos metros.
Entonces en medio de una zanja natural, el niño cae, para no volver a levantarse por su propio pie.
El sol quema su espaldas, piernas y brazos. Sin duda el pobre niño, sé entrega a su cruel destino.
Ha nacido para morir tan joven. Pobre angelito.
en la zanja el niño ha perdido toda esperanza.
El cansancio, hambre, sed y ahora la pérdida de su madre, el niño de color que ha caído dentro de la zanja, no desea continuar, su marcha, le queda poco para llegar al campamento. Carece de ese empuje que le lleve en volandas hasta la salvación.
Apenas logra respirar.
Sé levanta un poco de polvo a su alrededor. Es aire caliente que va a ocultar al niño de las moscas y de alguien que pueda pasar cerca.
El pequeño ha caído de cara en la zanja. Posiblemente será su tumba.
Pero algo ocurre.
Del cielo baja dos destellos de luz apenas visibles por el ojo humano. Las luces sé caen en las piernas del niño.
Segundos después, el pequeño sé mueve. A gatas sale del hoyo, fuera sé endereza. Mira hacia el campamento y camina.
Verlo puede parecer que está dormido mientras pisa el terreno árido o ver a un sonámbulo.
El niño con los ojos cerrados, las piernas le llevan hacia la salvación.
Desde el campamento el niño es visto por una pareja. Personal de la ONG.
   —mira eso Evan Mcgregor —dice una joven de treinta años aproximadamente.
   —que he de mirar Victoria —pregunta Evan. Un señor de sesenta o sesenta y cinco años.
   —haya —señala.
   –lo veo es un niño.
   —ve a por él… que esperas.
   —voy —Evan es Norte Americano, al igual que Victoria. Cuando era joven fue un gran atleta corría maratones en todo el mundo. Logrando algunas victorias. Hoy retirado de las competiciones trabaja para el grupo de ayuda a Angola.
Coge un yip y va a recoger al niño.
El yip se detiene a escasos metros del niño.
Evan desciende del auto y sé queda mirando al niño.
Este con los ojos cerrados sigue su caminar, sin darse cuenta que le están viendo, sin haber oído el auto llegar y detenerse.
Una sensación de lastima invade a Evan que continua mirando al chiquillo, ausente de todo cuanto ocurre.
Es un cadáver andante pero con una fuerza de voluntad increíble eso es lo que piensa Evan.
En realidad el joven está inconsciente, sus piernas son las únicas que le llevan hasta el campamento, hacia un lugar seguro, hacia dónde podrá comer y descansar.
   —detente pequeño.
Pero no. El niño sigue su marcha.
   —para, no sigas caminando.
Quedan casi ciento cincuenta metros para llegar al campamento.
Victoria sé pregunta por qué Evan no lo coge y lo mete en el yip.
Entonces Evan actúa y toma al niño en su brazos.
Un día después.
   —aquí no puede quedarse, tiene que tener unos padres —comenta Angelina la encargada del grupo de ayuda.
Los tres, Evan, Victoria y Angelina, miran al niño dormido.
   —estaba solo cuando le encontré.
   —lo sé. Haremos una cosa, permanecerá en el campamento hasta que vengan a por él. El pobre ha sufrido una gran insolación. Aparte de la desnutrición.
Pasa un mes y nadie ha preguntado por el niño. Recuperado y bien alimentado, siempre va junto a Evan. Este le enseña su lenguaje., el niño aprende rápido, es muy educado y siempre está sonriendo.
Le pusieron un nombre, pues paso mucho tiempo en cama, un nombre simpático Tumbadito.
   —Tumbadito, nunca me has hablado de tus padres.
   —padre murió, madre murió haya —señala Tumbadito hacia un árbol.
El árbol ,sé puede ver desde el campamento.
   —¿haya, en ese árbol?.
   —sí.
Evan. Después de comer. Sé monta en el yip y va hacia el árbol.
Un cadáver pulido y blanco yace bajo la sombra.
   —por Dios es verdad.
Minutos después ha cavado una tumba y enterrado los huesos. Sin cruz ni nada. Solo unas piedras alrededor. Para marcar la tumba.
Un buen día y cumpliendo siete años Tumbadito.
Sé le hace una pequeña fiesta por su día, un pastelito y una coca cola. Nunca antes la había bebido.
La sensación al tomarla es tan agradable que Tumbadito ríe cómo nunca.
Evan admira al pequeño. Sobre todo porque posee una enfermedad extraña que le lleva a perder el conocimiento en un leve instante, tres segundos es el máximo que ha estado sin dominar su cuerpo, después lo recobra cómo si nada. Sé le hicieron algunas pruebas medicas, los resultados fueron negativos, por lo visto el niño tiene una buena salud, manchada por eso que nadie se explica cómo viene y sé va.
Tendrían que llevarlo fuera del campamento a una ciudad e ingresarlo en un hospital, en el campamento carecen de aparatos cómo el Tac un escáner.
En este mismo día de su cumpleaños, Tumbadito que es la alegría de los trabajadores de la ONG. Ve fotos de Evan cuando corría.
   —¿eres tú?.
   —si pequeño.
Tumbadito mira las fotos con suma atención. La llegada a la meta de Evan sé puede ver en algunas de ellas. En otras corriendo solo con mucha gente a su alrededor.
   —¿qué hacías?. Pregunta Tumbadito.
   —corría en competiciones deportivas.
   —ah.
   —!!!quiero correr, quiero competir!!! —exclama Tumbadito.
   —eres muy pequeño para eso, cuando crezcas te llevare a ver competir.
   —enséñame a correr Evan —le pide Tumbadito.
Está bien. Hoy disfruta de tu cumpleaños mañana te enseñare cómo debes correr en competiciones.
   —gracias Evan.
Decir tiene que el niño, es querido por todos. Todo lo que hace desde que permanece en el campamento es ayudar a los mayores a traer vendas, agua, medicina. Es muy cumplidor y atento a todo.
   —¿en que prueba te gustaría participar? —le pregunta Evan, le explico todas las disciplinas deportivas.
   —¿cuál es la más importante?
   —todas son muy buenas, pero la mejor es la de velocidad los 100 metros lisos, seguido por la de 200 metros, 400, 800 y 1500. Luego ya sé entra en maratones.
   —enséñame esas cinco, quiero correrlas.
    —Tumbadito pides mucho. Son pruebas muy rápidas.
   —soy muy rápido —responde el niño.
   —eso no lo discuto, sobre todo si aun no te visto correr.
   —venga, venga estoy dispuesto a correr —dice Tumbadito sonriendo.
   —está bien. Veamos, no te muevas de aquí —Evan camina una distancia más o menos de cien metros.
   —cuando te diga vienes hasta dónde estoy yo.
   —!!si… si. Estoy listo!! —grita el niño.
Para Evan esto le divierte mucho. Recuerda su niñez y cuanto le apasionaba correr. Vivía a cinco kilómetros de la escuela, sus padres no tenían coche para llevarle a la escuela. Evan corría cada mañana para ir y volvía corriendo.
   —voy a cronometrarte desde ahora. Dame unos segundos.
Evan saca un cronometro.
   —!!estas listo!!.
   —sí, sí, sí —Tumbadito parece muy feliz de poder ser cronometrado cómo los auténticos deportistas.
   —prepárate.
Tumbadito sé prepara.
   —!!!ya!!!. !!Corre pequeño corre!!.
Tumbadito pone todas sus fuerzas en su primera carrera.
Momento que sobre pasa a Evan, este detiene el crono.
Tumbadito sufre su desmayo, por poco cae al suelo. Sus piernas le mantienen en pie.
Evan que lo ha visto ni sé ha fijado en el crono, corre a ayudar al niño.
   —ya está pequeño, ya paso —le dice teniéndole abrazado.
   —lo siento Evan.
   —no te preocupes. Pronto sabremos que te sucede.
   —¿cómo fue, la carrera? —pregunta el niño.
   —te lo digo en seguida —mira el crono y sé queda sorprendido —""esto no puede ser"" piensa Evan que no da crédito a lo que marca el crono.
10,20".
""Tiene siete años. Esto no puede ser real"" Evan no sé lo puede creer.
   —cómo te encuentras Tumbadito.
   —muy bien —responde.
   —quieres repetirlo.
   —claro. ¿Pero dime cómo lo he hecho?.
   —después te lo digo, tienes que intentarlo de nuevo. Necesito asegurarme que el crono funciona bien. Ve al punto dónde partiste la primera vez.
Tumbadito va contento y sé pone en posición.
Evan levanta su mano derecha y la deja caer al tiempo dice:
   —!!!ya!!!.
El pequeño de siete años, vuela sobre la pista preparada, va descalzo y con enormes ganas de correr. A cada zancada el volvo sé levanta y antes de desaparecer Tumbadito ya está en la meta.
Evan detiene el crono, momento que el niño sega a su altura.
10,18".
   —!!cómo es posible!! —exclama Evan. Ha pulverizado todos los records infantiles y juveniles —""solo tiene siete años"" Evan no entiende nada, el niño es un corredor en potencia.
   —hijo has nacido para correr. Tu record es de 10,18" una marca mundial infantil.
   —!!soy el mejor verdad!!.
   —no solo eso pequeño. Vamos a descansar, mañana continuaremos.
Coge al pequeño de la mano y van hacia la tienda. El sol calienta con fuerza, muy lejos, sé escucha un trueno. Quizás llueva pronto.
Por la noche.
Los tres cenan y Evan comenta lo sucedido.
   —Tumbadito tiene un potencial increíble.
   —solo con siete años —dice Angelina.
   —a eso me refiero. No quiero ni pensar que pasara cuando alcance la mayoría de edad.
   —¿qué podemos hacer nosotros? —quiere saber Victoria.
   —escuchen esto. Somos quienes somos, creemos en Dios, el nos guía y nos enseña a diario cómo debemos comportarnos. Yo creo que Dios nos lo ha puesto en nuestro camino. Yo lo creo —dice muy convencido Evan.
   —¿qué propones? —quiere saber Angelina.
   —que me permitáis dedicarme por completo a su cuidado y lo prepare para ese futuro que los tres estamos pensando.
Angelina sé lo piensa y acepta.
   —es una locura, pero adelante. Tiene mi permiso.
Desde este momento la vida de Tumbadito cambiara para siempre.
Evan y Victoria llevan a Tumbadito a la capital de Angola, Luanda.
En el consulado Norte Americano, la pareja sé casa. Es un simple trato entre los dos para poder adoptar al niño y darle la nacionalidad.
Aunque en realidad y sin que lo sepa Evan, Victoria está enamorada.
Pronto este trato sé convertirá en una realidad a pesar de la diferencia edad entre ellos.
Tumbadito, adoptado y con la nacionalidad Americana es un niño inmensamente feliz, con unos nuevos padres que le aman.
Tumbadito sé quedo con este nombre para siempre.
Mucho tiempo pasara Evan con Tumbadito, le enseñara todo cuanto debe de saber un corredor de atletismo.
En cuanto a materias escolares, por ahora ira a la escuela del campamento, mas adelante a una de la ciudad.
Los años caen lentos para el matrimonio y rápidos para Tumbadito.
Siempre que era posible Evan lo adiestraba para correr.
Al comienzo de correr, su padre le daba los resultados. Ahora prefiere quedárselos y no comentarlo. Pues es una locura lo que Tumbadito llega hacer.
Respeto a su enfermedad, los ataques no han cesado y de muy tarde en tarde se manifiesta.
Evan sufre mucho al verlo en ese estado y maldice a la divina providencia por dotarle con ese mal.
Así pues Tumbadito, estudia y corre en cinco de las pruebas que le encantan.
En secreto Evan sabe que el potencial del joven sé tiene que deber a un milagro de Dios.
   —Dios lo ha puesto en nuestro camino —comenta siempre victoria o Evan.

Cinco años después.
En la ciudad de los Ángeles California.
Al niño se le exploro el celebro en el mejor hospital.
   —¿qué le ocurre doctor?.
   —todo parece estar bien. No hemos encontrado ninguna anomalía cerebral. El niño en teoría goza de una salud de hierro.
   —¿entonces esos desmayos? —pregunta Victoria.
   —cómo ya he dicho. No sé entiende que los pueda tener. Es algo inexplicable. Tendrá que vivir con ello toda su vida. Puede ser algo natural, el cuerpo humano es una maquina imperfecta, en el caso del vuestro hijo así se manifiesta. Pero no es grave. Ya que parece no sufrir ningún efecto secundario. Todo lo contrario es un joven muy fuerte.
La pareja desde hace un par de meses volvieron a los Estados Unidos de Norteamérica. Viven en los Ángeles.
Tumbadito estudia en un instituto y sus notas son estupendas. Por orden de sus padres, Tumbadito no participa en ninguna competición del estado.
   —padre quiero correr.
   —lo sé hijo, no te preocupes te seguiré entrenando. Correrás en los próximos juegos olímpicos.
Por televisión el joven junto a sus padres miran las carreras de las últimas olimpiadas en ella se ve a un jamaicano Usain Bolt el más rápido hasta la fecha. Con diferentes records mundiales.
   —¿qué te parece ese joven… Tumbadito?.
   —es muy rápido —dice el joven admirando la forma de correr del Jamaicano.
   —es el campeón de mundo en la actualidad.
   —creo que le puedo ganar., soy más rápido —Evan mira a su esposa y ambos sonríen.
Sus padres apuntan a Tumbadito para las próximas preparatorias y poder ser escogido para representar a los Estados Unidos.
   —hijo. Presta atención. El mundo no debe de saber quién eres. Corre pero no llegues el primero en ninguna prueba solo el segundo o el tercero dependiendo el interés de la carreara. Si por casualidad son los dos primeros llega el segundo y si son los tres primeros, queda entre los tres, pero nunca el primero.
   —porque padre.
   —la sorpresa hijo. Dale al mundo lo que pide, pero a su momento. No te ganes enemigos.
   —entiendo.

Seis años después.
   —Nos encontramos en la sede olímpica de Tokio. Dónde dará comienzo los juegos olímpicos del 2020 —va diciendo un comentarista Americano.
Tumbadito con dieciocho años está apuntado en cinco pruebas de atletismo.
Para llegar a este momento paso todas las eliminatorias quedando siempre entre los tres primeros.
   —por primera vez en la historia de unas olimpiadas hay un corredor que participara en cinco pruebas de máxima velocidad. Una locura que nadie ha logrado jamás hacer y menos cumplir. Su nombre es Tumbadito. Un chico de color nacido en Angola y adoptado por sus nuevos padres, su padre que algunos recordaran sé llama Evan Mcgregor, un corredor de maratón que ha entrenado a su propio hijo. Las expectativas son muy bajas. ¿es una locura?, pronto lo sabremos. Tumbadito correrá en los 100 metros lisos, 200, 400, 800 y 1500.
Millones de Norteamericanos escuchan las palabras del comentarista.
   —señores en estos momentos va a dar comienzo la primera prueba que participara nuestro joven desconocido Tumbadito. Tengo el corazón a mil por mil por ver que nos puede dar el joven.
Evan, victoria y Angelina están sentados con los prismáticos listos para no perderse la carrera.
Tumbadito correrá al lado del gran corredor Usan Balt, este le saca una cabeza de altura.
El joven mira la meta. En su mente, el recuerdo de su madre y dice en voz baja.
   —madre está carrera va por ti. Estés donde estés espero que me veas.
   —te vera, tu lo sabrás—le dice Usan Balt que le ha oído.
   —gracias. Soy Tumbadito —el joven le da la mano. Usan la estrecha con la suya.
   —corre cuanto puedas pequeño el mundo te está viendo y espera todo de ti —le termina por decir.
Para Tumbadito ha llegado el momento.

   —!!a sus puestos!!…
Los corredores sé preparan.
   —!!listos!!…
Todos los corredores sé tensa, esperan el disparo que sonara de un momento a otro.
El disparo suena.
Momento en que a Tumbadito le entra el ataque.
Cómo balas de un revolver los corredores corren sin mirar atrás, sin ver cómo Tumbadito sé ha quedado quieto.
Congelemos este momento y estemos pendientes solo de Tumbadito.
El crono sigue corriendo, despacio muy despacio.
Usan Balt va en cabeza.
Tumbadito reacciona, el mundo entero lo está viendo.
Las cámaras enfocan al joven, pues todo el mundo sabe que Usan Balt ganara la carrera.
El muchacho que sé ha quedado en la posición de saltar para comenzar su carrera.
Se lanza, va con un segundo y medio de desventaja mucho para una competición tan explosiva en la que nadie regala nada.
Evan con el semblante sonriente no sé pierde detalle.
Ponemos la cámara al tiempo normal y veamos a Tumbadito.
Tumbadito sé lanza cómo un huracán.
Usan le queda dos segundos para alcanzar la meta.
Cuando de pronto una bala le pasa de largo alcanzando la meta, entrando primero.
El mundo entero enmudece, lo visto es imposible en un ser humano.
El record es estratosférico.
Usan Balt, le felicita.
   —no sé cómo lo has hecho. Pero me alegro que me ganaras.
   —muchas gracias. En pantalla sé ven los dos uniendo las manos.
Un recuerdo para la posteridad.
Tumbadito es feliz, muy feliz y espera que su madre desde el cielo le haya podido ver.
Hace su vuelta de honor.
   —!!!Dios mío!!!. Vieron eso, creo que no lo vieron bien, ni yo tampoco lo puedo creer. 6,30". !!!En los 100 metros lisos!!!. Ese joven no solo ha batido el record mundial si no el de todos los tiempos, pasados y futuros. Nadie puede correr tan rápido —el comentarista grita, alterado por lo que acaba de ver.
   —A tener en cuenta el segundo y medio que ha perdido. Ese chico es una bala, sus piernas son el arma. Es un milagro una odisea, lo que el joven Tumbadito ha logrado hoy —comenta otro comentarista de radio.

El mundo entero por primera vez pone atención a este joven, que recorre las calles del estadio para darse a conocer, para que todos conozcan al hombre milagro.
La primera medalla olímpica para los Estados Unidos, la primera de Tumbadito.

   —señores la prueba que ahora viene son los 200 metros lisos. ¿podrá Tumbadito vender en la prueba?. Pronto lo sabremos. Estén atentos a este joven que nos ha sorprendido a todos con ese record en los 100 metros.
Todos los comentaristas del mundo presentes. Comentan la hazaña del joven.
En boca de todos sé escucha el milagro de Tumbadito.

   —!!!preparados!!!.
Tumbadito corre por la calle numero 5.
Usain Bolt por la tercera.
   —!!!listos!!!.
El disparo suena.
Los corredores comienzan su avance rápido muy rápido, en está ocasión Tumbadito no tiene ataque alguno. Antes de coger la curva ya está en cabeza. Corre tanto que los demás participantes lo pueden ver de lejos.
Tumbadito entra en la meta.
El estadio ha enmudecido desde hace segundos. Pues el cronometro sé ha detenido en 16,5".
El estadio entero sé pone en pie. Aplaudiendo con énfasis al joven a su resultado.
Segunda medalla de oro para su país.
Centenares de fotógrafos salen en persecución del joven héroe que mas que correr vuela, quieren inmortalizar este momento.
Tumbadito se detiene delante de su gente, sus mejores amigos y padres.
Sin que nadie sé lo espere. Tumbadito se mete en las gradas. Llega hasta sus amigos.
Con los brazos abiertos sé entrega a sus amigos.
Evan con lagrimas en los ojos recibe el abrazo. Sé les une Victoria y Angelina.
   —gana por ti Tumbadito, gana por ti —le dice Evan.
Durante segundos está imagen recorre el mundo entero.
Una bandera de los Estados Unidos, les cubre a los cuatro.
Tumbadito se aleja con la bandera en su espaldas, recorre de nuevo las calles con una nueva victoria.
   —creo que en estos juegos de Tokio sé está viviendo un milagro, ese milagro señores y señoras es Tumbadito. Nadie jamás ha logrado algo semejante en unos juegos de atletismo. La velocidad que impone sus piernas es estratosférica. Señores y señores, me inclino ante ese joven por su potencial. Le quedan tres pruebas para lograr un hito en la historia, viendo lo que he visto yo ahora le creo muy capaz de lograrlo.

En cada hogar la noticia de que un Norteamericano haya ganado dos pruebas de velocidad cómo las de 100 y 200 es algo que no ocurrió desde hace muchos años. Época de Carl Lewis en el 1991 también en Tokio.
Usain Bolt, muy sorprendido no entiende nada, ha sido el segundo en las dos pruebas. Su hegemonía. Ha terminad.
   —¿de dónde viene?, ¿Quién es?, ¿Cómo es posible?, ¿podrá conseguirlo? —estas preguntas y otras sé hace el mundo entero.
En Angola también causa admiración a pesar de no correr por su país. Pero el hecho de haber nacido es un orgullo para todo angoleño.
Por ahora Tumbadito descansara unas hora antes de dar comienzo su tercera prueba la de 400 metros.

Junto a sus padres y Angelina. Sé le ha preparado una pequeña rueda de prensa. Ningún periodista sé quiere perder las palabras del joven.
   —Tumbadito, díganos ¿cómo es posible? —pregunta un periodista.
   —sé lo debo a Evan, vio algo en mí que me ha traído hasta aquí.
   —y díganos ¿Cómo se siente después de estos dos records?.
   —satisfacción, por haberlo y feliz porque mi madre me ha visto. Estoy seguro.
   —¿se refiere a su otra madre verdad?.
   —!!sí!!. Me trajo al mundo y el mundo me conoce. La vi muerta bajo un árbol, en mitad de la nada. Su valor, su afán por mantenerme con vida que sé olvido de la suya. Nunca la olvidare.
El mundo en estos momentos siente una pena inmensa por Tumbadito.
   —¿será capaz de ganar las próximas pruebas que le falta? —pregunta otro.
   —eso espero, por eso estoy aquí. Me quedan tres, estas tres sé las dedico a mis padres y amiga Angelina.
   —ya lo ven señores, un joven que ha sufrido mucho y que ahora tiene el honor de ser el hombre más rápido sobre la faz de la tierra.

Las siguientes pruebas Tumbadito las gano con nuevos records mundiales.
El listón de marcas es tan alto que no abra ser humano capaz de superar las marcas que Tumbadito ha logrado.
Tumbadito es por ahora el hombre del año.
Todos las cadenas de televisión luchan por tenerlo.
Durante diez años Tumbadito ha amasado una gran fortuna.
Casado y con dos hijos vuelve después de muchos años a Angola, le acompaña toda su familia.
Evan murió hace dos años.
Su madre adoptiva Victoria le acompaña en este viaje.

Solo ante la tumba de su madre que Evan enterró.
   —madre. Lamento que no estés aquí, tu hijo lo ha conseguido gracias por traerme al mundo —con lagrimas en los ojos, coloca un ramo de flores en la tumba y sé aleja con su familia.
La tierra árida y seca de Angola nunca volverá a verla.
El país que le vio nacer quedara en el recuerdo cómo el de su madre que intento traerle al campamento que aun sigue en pie.
Esperando quizás a un nuevo Tumbadito.



FIN

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