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Todo empezó aquí

Todo empezó aquí.

Sí, aquí. Donde mis sueños se fueron desmoronando y cayendo como polvo de estrellas en el mundo infernal.

No era un día normal.

Me levanté raramente, con un mar de pensamientos que invadían mi cabeza y con el sentimiento sin ganas de vivir.

Mis huesos frágiles tuvieron una lucha constante con el aire tan profundo que invadían mi corazón, tirando todo al borde, sin compasión.

Mis manos estaban frías, heladas. Con esa sensación que les hacía falta algo a la distancia. Tan secas como las hojas que caen en un otoño.

Mi cuerpo dolía tanto, que no podía estar de pie. Preferí quedarme sentada en el borde de la cama.

Quería tomarme todas las pastillas que existieran, para quitar el dolor que llevaba encima.

Fui al cuarto de mamá, con la intención de preguntarle donde estaban los analgésicos, que no aguantaba el ardor que invadía mi cuerpo.

Mamá no estaba en su cama. Estaba en el piso. Muerta.

Con las pocas fuerzas que tenía, la agarre entre mis brazos. Estaba tan fría, que quemaba.

No llore, llorar es para débiles, pensé.

Mamá no quiere verme mal.

Mamá era una mujer fuerte, seré como ella.

La vestí, le puse sus zapatos y su prenda favorita.

Agarre las llaves de mi auto y lleve a mamá conmigo.

La acosté en la parte trasera, para que siguiera descansando.

¡Ay mamá, cuánta falta me harás!, dije.

Me subí, me puse el cinturón, encendí el auto y lo puse en marcha.

Solo maneje y deje que el viento me llevará con el, a un lugar desconocido, a un lugar donde podía olvidar.

El camino estaba gris, las nubes amenazaban con llover. Se me hizo extraño, era un Marzo y no llueve, siempre está soleado.

Dejé que esto no me afectará, pero aceleré más.

Mis ojos ardían, quería llorar. No puedo, me dije otra vez.

El viento me dijo que ya llegaríamos. Le dije que no se preocupara, que entre más tiempo con mamá, mejor.

Mi mente estaba en blanco, nada.

De pronto, vi como me adentraba en un camino lleno de flores amarillas.

Caían y veía como se desprendían de las ramas. Pensamientos inexplicables, recuerdos escondidos venían a mi memoria. No me dejé llevar por ellos.

Ya casi llegábamos, veía como la luz de las nubes grises resplandecía.

Ya llegaremos mamá sé que éstas muy cansada, le dije.

Estaba cerca, solo un minuto más.

Llegue. El lugar era tranquilo, respiraba paz.

Apague el auto, me quite el cinturón y abrí la puerta, para luego ir con mamá.

Abrí la puerta trasera, mamá estaba más delgada, notaba sus clavículas, en esa piel tan pálida.

Agarre a mamá con fuerza, en mis brazos.

Estaba menos pesada, muy liviana.

La inspeccioné, quería saber de que había muerto.

Lo descubrí.

Mamá murió ahogada, dejo de respirar.

Me recuerdo las veces que le costaba respirar, nunca lo tomé enserio, porque observaba que ella no le tomaba importancia.

Dio su último suspiro y no estuve con ella para ayudarla.

Caí con el pesor de mis rodillas.

Mamá, discúlpame, le susurré a su oído con la voz quebrantada.

No lloré.

Me quede viéndola unos instantes ,para luego ponerme de pie y proceder.

Llegué a la orilla del mar.

Me despedí de ella. Le di un beso en su frente, como lo solía hacer conmigo, alentándome que todo iba a estar bien.

Te amo mamá.

Puse a su cuerpo floté, vi como el mar se la llevaba.

Vi como se alejaba, estaba distante.

Descubrí lo que sentía mis manos, aquella mañana.

Todo estaba predestinado, me convencí.

Empezó a llover, fuerte, a cantaros.

El cielo esta triste, comprende lo que siento.

Naturaleza para comprenderme tan bien este sentimiento.

La vi por última vez.

Me di la vuelta y me encamine a mi auto.

Llegue, me senté y puse mi cabeza en el volante.

Tenía un nudo en mi garganta, mis ojos amenazaban con llorar.

Lloré.

Me maldije porque prometí ser fuerte y no pude.

Tal vez no quería llorar con mamá presente.

Vi el sillón trasero, no estaba.

Grité.

El universo no estaba conmigo, me quito todo. O eso es lo que yo sentía.

Me quede en silencio 10 minutos.

Más calmada, encendí el coche y lo puse a andar.

Agradecí al viento por llevarme al lugar más tranquilo, para que mamá se fuera en paz.

Sonreí.

Mamá, era una mujer de admirar.

Recuerdo su sonrisa tan con vida, con tanto amor. Esos ojos dulces mirándome, como si el cielo estuviera a mi favor.

Aquella tarde, entendí todo.

No estaba sola, mamá estaba conmigo.

Con el corazón en la mano, apague el coche.

Me senté en aquel lugar que me adentré cuando iba en camino al mar.

Suspiré.

Las flores amarillas, una por una caían sobre la palma de mi mano entreabierta.

Cerré con forma de puño mi mano y apreté con fuerza.

Lentamente, cerré mis ojos.

Respire, como si eso dependiera mi vida.

Sentí los segundos pasar en cámara lenta y mi corazón poco a poco se calmaba.

Abrí mis ojos pesados por tanto llorar.

Estaba en el cuarto de mamá.

Sentada en el lugar donde murió.

No me explicó como que llegue a ese lugar que recordaba con tanta melancolía.

Me paré y me acosté en su cama.

Olí la sabana con la que se cubría, tenía su aroma.

Tan dulce, como las flores en plena primavera.

Me levanté y me dirigí a mi habitación.

Me puse su vestido favorito.

Era rojo, ese rojo pasión que provoca huracanes y tormentas cuando lo ves.

Me vi al espejo,

Me parecía a mamá.

Sentí cada parte de mi cuerpo vibrar.

Corrí a su baño y agarré un frasco de pastillas.

Las destapé, las coloque en mi mano e iba tomando una por una.

Discúlpame mamá,  dije de nuevo.

Sentí como las pastillas ardían cada vez que las consumía.

Con pocas ganas, me levanté y me dirigí al lugar donde mamá murió.

Me acosté.

Esperaba que las pastilla hicieran su efecto.

Si mamá no está no vale la pena vivir, grité.

Me quede viendo al techo, viendo como daba vueltas y percibiendo como entraba la luz en una de sus grietas.

Te amo mamá, pronto estaré contigo, sonreí.

No recuerdo si viví o morí.

Sentí como la muerte llegaba y me daba su mano.

La vida me quería con ella, me jalaba con fuerza.

En ese momento, no sabía porque la muerte no había ganado.

Pero comprendí.

Mamá me salvó.

Mamá quería que quedará con vida.

Mamá quiere lo mejor para mí.

Entendí, que todo comenzó aquí.

Sentí como el viento me elevaba.

Le sonreí  a la vida y vi como el sol salía detrás de toda ésta melancolía.

Admire lo que observaba y reí.

Por primera vez, todo estaba bien.

Porque era aquí, donde aprendí a vivir.

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