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Tiempo

Entre en el pub donde había quedado con mis amigos, había salido pronto de casa ya que estaba aburrido y llegue aproximadamente una hora antes pero igualmente me dirigí a la barra donde me pedí una cerveza bien fría de manera que el camarero saco una copa del frigorífico y me sirvió. Saboree la cerveza, era la mejor cerveza que me había tomado en mi vida.

Como no había aun ningún cliente en el pub el camarero y yo estuvimos hablando de cómo nos había ido la semana, el trabajando en el pub y yo con mis idas y venidas en el trabajo que tras un puente no había sido muy larga como esperaba que fuese el Lunes.

Al terminarme la cerveza salí a fumarme un cigarro, en el rato que me había tomado la cerveza ya había anochecido. Al poco tiempo me encontré con otros clientes del local a los que salude, el hambre estaba empezando a hacer mella en mi de manera que me recomendaron una hamburguesería que había una calle más arriba así que me despedí de ellos temporalmente y me dirigí hacia donde me habían indicado.

No encontraba la hamburguesería por ningún lado cosa que me extraño ya que no era la primera vez que me hablaban de ella o que había oído hablar de ella a los demás, de repente vi unas luces de neón rojas que parpadeaban con poca intensidad como si se fuesen a fundir las bombillas, una puerta metálica como la de una salida de urgencias y unas persianas plastificadas bajadas al máximo. Me quede un rato mirando y buscando la entrada que parecía no existir, lo de un rato es por decir algo ya que cuando deje de fijar la vista en el local ya había amanecido.

No podía haber pasado, acababa de llegar y acababa de anochecer, no podía ser ya de día. Mire mi reloj y marcaba las 8:00, habían pasado aproximadamente diez horas desde que había llegado al pub. Mi respiración empezó a acelerarse y no podía casi ni respirar, mi reloj estaría mal, sería un eclipse lunar, no sabía cómo explicarlo pero esto no podía haber sucedido después de tantos años y que nadie se hubiese percatado de nada.

Hacia 20 años que esto no pasaba y siempre había sido cuestión de minutos o segundos, nunca horas. No me podía haber dado una crisis y que hubiese pasado inadvertido durante tanto tiempo, no podía ser, era imposible.

Cogí mi teléfono y llame a mi madre la cual no me entendía, note las lágrimas saladas recorrer mi cara y escuche mi llanto aterrado por lo ocurrido. Mi madre quería saber dónde estaba pero era incapaz de explicar lo ocurrido, mi mente me repetía que no podía ser, que no podía haber ocurrido. Solté el teléfono el cual cayó al suelo haciéndose añicos cortando así la comunicación telefónica con mi madre y caí de rodillas al tiempo que lanzaba un grito aterrador y desesperante al cielo, un grito que nadie escucho.

De repente estaba todo a oscuras de nuevo, mis pulsaciones estaban aceleradas y seguía notando el sudor por el cuello. Alargue la mano palpando el entorno hasta oír un “click” y encenderse la lámpara de la mesilla, todo había sido una pesadilla, pero creo que mi peor pesadilla.


Miguel Ángel Sánchez González

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