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Sorpresa

¿Conocen el miedo?, ¿han sentido angustia fría o sofocante?.

Si es valiente continua leyendo, pero hazlo con la luz de una vela.

Son las cinco de la madrugada. Dentro de dos horas y media amanecerá y con ello, el movimiento y sonido del mundo al moverse por la ciudad.

Solo que yo no podre salir. Estoy enterrado vivo. ¿Por qué sé la hora?:

Mi reloj es digital y sé puede iluminar la esfera.

No sé qué hago aquí dentro o cómo he llegado a encontrarme así.

No log ro recordar nada de nada.

He despertado hace solo media hora y ha sido el peor despertar de mi vida.

En esta media hora he destrozado mis uñas intentando abrir el ataúd.

No he podido.

De haber hecho quizás hubiera sido mucho peor., hubiera entrado la tierra que cubre mi ataúd.

Debo de estar enterrado a dos metros de profundidad.

En esta media hora que llevo despierto me he ido acostumbrando a la muerte que me llegara de forma segura.

Empiezo a notar que me falta el aire. Tengo que respirar despacio para no gastar más rápido el oxigeno que queda.

No oigo nada a mí al redor, normal en estos casos. ¿acaso es normal mi estado?, ¿estoy muerto?.

—!!!por Dios estoy vivo!!!. ¿hay alguien?. !!!holaaaaaaaa!!.

Pierdo el control por unos segundos en los cuales golpeo con fuerza la madera del ataúd.

Estoy gastando el oxigeno.

No, no lo estoy gastando, ya no queda.

Me cuesta respirar, me noto empapado por mi propio sudor.

—!!esperen!!. Oigo algo… Es cómo un siseo continuo. ¿Qué debe de ser?.

—!!!holaaaaaaaa. Estoy aquiii!!!.

La respiración, he de respirar cómo sea, necesito mas aire y ese ruido estúpido me está martirizando.

¿Por qué Dios mío?.

Si pudiera recordar, podría morir con dignidad. No sé porque estoy aquí.

El aire, necesito aire.

No puedo soportarlo, tengo que salir cómo sea.

De nuevo pierdo el control.

Golpeo con todo lo que tengo, mi cabeza, manos y pies.

Acaso es de acero este maldito ataúd.

De nuevo el sonido, ese siseo constante.

—cariño, despierta Carlos.

Casi daño a mi esposa al despertar, pues me he incorporado muy rápido, rosando levemente su mejilla.

—he tenido una pesadilla terrible —le digo muy alterado.

—Me tenias un buen rato siseando para que te calmaras.

—¿Qué hora es? —le pregunto.

—las cinco y media de la mañana.

—parecía tan real.

  —ya lo creo. Me has despertado con tus movimientos espantosos —me cuenta Cristina —!Anda intentemos dormir de nuevo!.

—si será lo mejor.

Apaga la luz. No logro pegar ojo. Estoy aterrado por la pesadilla.

Después de un cuarto de hora, sigo sin dormir.

El silencio es roto por mi respiración.

Cristina tiene suerte, ya debe de estar dormida, mientras yo, lo intento y no hay manera.

Conozco muy bien nuestra casa, mi mente la recorre.

Miro la puerta de nuestro dormitorio, se me ocurrió cambiar las puertas por unas que… mitad hacia arriba son de cristal muy resistente, con líneas verticales onduladas, le dan a la casa un aire moderno.

Nuestro cuarto está en la segunda planta, da a un pasillo, ala izquierda del pasillo, las escaleras, frente a nuestra puerta, otra habitación sin ocupar, y al fondo a la derecha otra también libre.

En la planta baja conforme sé baja las escaleras el salón y a la derecha la cocina.

Es una linda casa que compre.

Cristina no trabaja, cuando suelo llegar a casa en algunas ocasiones no la encuentro, pues suele salir a correr.

Algunas noches suele llegar tarde, estaba con sus amigas.

Ella mi esposa tiene veintiséis años y yo treinta y dos. Somos felices e intentamos que se quede en estado.

Miro la hora. Seis de la mañana.

Quiero dormir, si no lo hago, en el trabajo estaré hecho polvo.

Por la ventana amplia del dormitorio, entra algo de luz suave y tenue, es por la farola de la calle. Tenemos un precioso jardín, con un caminito empedrado y a quince metros la calle.

Hace un buen rato no ha pasado un solo vehículo.

Me siento muy espabilado así no hay forma de dormir.

Sigo mirando la ventana cuando de pronto:

Por el rabillo del ojo izquierdo me llega una claridad.

Miro rápidamente la puerta.

—debe de ser mi imaginación. No puede haber nadie dentro de la casa —me oigo decir en voz baja.

No quito ojo a la puerta y de pronto de nuevo el reflejo de una luz en la cristalera que desaparece tan rápido cómo apareció.

Hay alguien en casa. Estoy seguro.

—cristina, despierta cariño hay un intruso en la casa.

—duerme amor —me dice medio adormilada.

—no hables alto, tenemos alguien en casa.

—¿qué dices de un intruso? —responde ella algo mas espabilada.

—mira la puerta de la habitación, presta atención.

Los dos nos quedamos mirando por unos largos segundos.

Ella al ver que no ocurre nada dice con un susurro.

—sigues asustado por tu pesadilla, no hay nadie en casa.

Yo la miro, quizás tenga razón. Entonces ella ve el reflejo de la luz, posiblemente de una linterna. Sé ha asustado.

—!!oh Dios es verdad, sé ha iluminado el cristal!! —comenta en voz muy baja.

—hay alguien abajo. Debe de ser un ladrón —los dos charlamos casi susurrando.

—¿qué hacemos? —pregunta.

—los móviles los tenemos en el recibidor y el teléfono en el salón. Esto es patético de un momento a otro ese ladrón va a entrar en la habitación y no podemos llamar a nadie.

La luz vuelve a aparecer y permanece un largo tiempo.

Quien sea, está subiendo las escaleras. Sus pasos a pesar de no querer hacer ruido sé pueden escuchar.

—!!está subiendo, has algo Carlos!!.

—estoy aterrado cómo tu.

—ya te lo dije que era mala idea. Teníamos que estar de viajando pero !!no!! te obsesionaste en el último momento, dejarlo para hoy —me dice asustada.

—ese alguien cree que no estamos en casa —susurro.

Una silueta de un hombre aparece ante la vidriera de la puerta.

Mi esposa y yo nos abrazamos. Vemos perfectamente el reflejo del hombre.

El pestillo de la puerta comienza a girar.

De pronto se detiene.

Abrazos los dos.

Siento el palpitar del corazón de Cristina que bombea con fuerza a de estar muy asustada, no lo estoy menos.

—va a entrar oh Dios —dice con palabras apenas audibles.

El reflejo del hombre cambia de posición nos da la espaldas. Da un par de pasos y abre la puerta de enfrente.

Ambos respiramos aliviados por ahora.

Pero sabemos que es pasajero que dentro de pocos segundos lo volverá a intentar.

Entonces lo pienso bien. En nuestra habitación está la caja fuerte tras un cuadro de los dos.

Despacio salgo de la cama.

—a dónde vas cariño —oigo decir a cristina.

Tengo la intención de asegurar la puerta, el pestillo tiene un cierre de seguridad.

Cuando lo logro.

Para sorpresa mía, la luz aparece, ahora ya no me queda otra que gritar. El individuo sin duda ha visto mi silueta.

—!!!quien anda ahí salga de mi casa!!! —grito con todas mis ganas.

La luz sé aleja. Oigo las pisadas que bajan las escaleras a todo correr.

Una silla sé ha caído en el salón, después el sonido de la puerta al abrirse y su posterior sonido al cerrarse.

—ya está cariño. Sé ha ido —digo en voz normal.

—comprueba que sea así Carlos. No me fio.

Después de unos largos minutos, de revisar la vivienda, en casa no hay nadie, solo cristina y yo.

Seis y media de la mañana. Para los dos, sé ha terminado intentar dormir.

Todas las luces que prendí, las volví a apagar.

En el dormitorio.

Ella en la cama y yo dando la espaldas a la puerta abierta de par en par.

—ven aquí héroe mío. Hagámoslo. Está situación me ha excitado.

!!Haya que voy!!. Entonces veo que mi mujer abre los ojos como platos.

Me giro lentamente, una silueta de un hombre logro ver antes de perder el conocimiento, al recibir un duro golpe.

—pensé que te habías acobardado.

—me lleve una sorpresa al escuchar su grito.

—cojamos el dinero y salgamos de aquí.

—no sé cómo has aguantado tanto tiempo con este payaso.


Fin

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