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Secretos del Albaicín

La estatua de Isabel “La Católica” y Cristóbal Colon veían pasar a lo largo del día a miles de turistas en todas las direcciones pero uno de ellos andaba con paso tranquilo pero decidido disfrutando de la ciudad y observando sus callejuelas y edificios, este hombre llevaba una chupa de cuero, unos pantalones vaqueros desgastados y unas botas de motero.

Al llegar a la Pza. Nueva dudo si seguir todo recto o torcer a su derecha entrando así en el barrio del Realejo, tras pensárselo unos minutos entro en una tienda y se compró una lata de cerveza dejando que sus pasos le llevasen por cualquier camino el cual  siguió de frente hasta que llego a la Cuesta de Sta. Inés donde empezó a subir unas escalera pasando por el Palacio de los Olvidados museo sefardí donde también se exhibían piezas de tortura de la Inquisición tanto española como del resto de Europa, de repente se encontró en un laberinto de calles estrechas que le llevaron al Mirador de S. Nicolás el cual esta llego de gente, mayoritariamente visitantes y algún gitano bajado del Sacromonte tocando y cantando flamenco para quien quisiese verle y se dignase a dejar alguna moneda a cambio del espectáculo.

Callejea por zonas tan estrechas que apenas cabe una persona hasta llegar a una casa; es la casa que estaba buscando la calle y el número exacto de manera que llama a la puerta, la cual se abre un poco, lo justo para que pueda empujarla y adentrase en la casa sin llamar la atención.

Dentro hay una chica pelirroja con una bata de seda roja y unos zapatos de tacón.

_ Pasa y siéntate aquí, tengo el hornillo encendido _le invita la chica_. Me llamo Sarah.

_ Manuel, ¿qué tal?

_ Bien, no eres de aquí.

_ No, soy de Madrid.

­­_ ¿Te apetece tomar algo?

_ No, gracias venia tomándome una cerveza por el camino.

Manuel y Sarah se quedaron charlando un rato con el hornillo a sus pies que ayudaba a calentar más a Sarah que a Manuel ya que esta hacía poco que había salido de la ducha, la mirada de Manuel no deja de desviarse del escote de Sarah la cual tiene unos pechos grandes, aproximadamente una talla cien y la mano se va deslizando por el muslo exterior hacia el interior poco a poco al tiempo que notaba su miembro erecto.

_ Ven, sígueme_ dijo Sarah.

Sarah llevo a Manuel a una pequeña habitación con una cama y un espejo en forma de Sol dividido en dos partes con una ondulación de por medio. Sarah deja caer la bata al suelo dejando ver su cuerpo desnudo y esos pecho grandes con unos pezones ya erectos a causa de unos piercings. Tanto en los brazos como en el vientre Sarah tiene varios tatuajes con simbología árabe.

Manuel al ver ese cuerpo desnudo deja el suyo igual lo más rápido posible y se tumba en la cama relajándose con el abrazo que le da Sarah y el beso en los labios cálido; Manuel echa de menos esos besos, hace tiempo que no recibe un beso de ese tipo y los echa de menos.

Sarah se introduce el miembro erecto de Manuel en la boca con tranquilidad, no tiene prisas para saborearlo y quiere hacerlo bien y disfrutarlo. Al mismo tiempo la mano de Manuel se dirige hacia el s**o de Sarah donde nota varios piercings tanto en el clítoris como en los labios de la v****a, tiene todo su s**o llego de ellos y eso sorprende a Manuel el cual nunca se había encontrado con algo así en su vida.

_ ¿Te gusta?_ pregunta Sarah.

_ Desde luego, no pares.

La lengua de Sarah recorre todo el miembro desde los testículos hasta la punta del glande y se lo introduce en la boca lo máximo que puede al tiempo que las manos de Manuel recorren todo el cuerpo evitando tocar los piercings.

De repente Sarah se monta sobre él y empieza a moverse de forma circular, algo que excita mucho a Manuel el cual dirige sus manos hacia las nalgas de su amazona y toma el control de la situación p**********a sin parar rápidamente.

_ No pares, me encanta_ gime Sarah.

Esa frase excita más aun a Manuel el cual aumenta más aun el ritmo al tiempo que Sarah aumenta sus gemidos de placer. Sus bocas se vuelven a unir esta vez apasionadamente y sus lenguas se llegan a rozar. Sarah no dejaba de observarse en el espejo, eso provocaba que su libido aumentase más aún.

De repente en un movimiento rápido y casi no visto Manuel se había colocado sobre Sarah y ahora era él quien se observaba en el espejo apoyando sus manos sobre el cabecero para dar mayor impulso a sus embestidas que Sarah recibía con grato placer.

_ F*****e, soy toda tuya.

_ Si, toda para mí, eres solamente mía.

Sarah intento besar de nuevo a Manuel pero la excitación y las embestidas de Manuel no se lo permitieron hasta que este se soltó del cabecero y se desplomo sobre ella sin parar de moverse.

_ Me voy a correr_ gimió Manuel al oído de Sarah_. Siiiii.

Sarah abrazo a Manuel al tiempo que le beso para sentir las últimas embestidas de este, el cual se quedó así cuando alcanzo el o*****o y e*****o dentro de ella.

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