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Rita

CAPÍTULO PRIMERO

 ¡Por fin llegó el fin de semana! - exclama Emilia.

Después de una larga semana de trabajo tocaba descansar. Y este fin se de semana visitaría a su tía Lola que hacía tiempo que no veía.

- ¿Cuánto hace que no la veo?"- pensó ella. "Han ocurrido tantas cosas que ...

Emilia intentó echar una siesta antes de ir a Santa Cruz de Castrelo que es donde vive su tía. Tumbada en el sofá miró una foto, en ella estaban su marido y su hija.

- Cuanto os echo de menos-  susurró.

Y sin quererlo le vinieron los recuerdos. De cuando vivían juntos en Vilagarcía en un piso cerca del centro. Lo felices que eran los tres. Pero el destino le tenía preparado un trágico final para sus seres queridos.

Hace 2 años perdió a su hija Clara, tenía cuatro años. Ella estaba en casa de su abuela paterna, Laura, mientras sus padres trabajaban. Pronto llegarían para comer.

Clara, que era muy traviesa, estaba jugando al escondite con su abuela. Subió las escaleras y  entró en la habitación de su padre, de cuando vivía allí. Abrió una ventana que daba al tejado y salió.

Había llovido y las tejas estaban húmedas por lo que se resbalaba un poco. La abuela llamaba por Clara cuando ya se rindió de buscarla. Y cuando iba a volver a entrar resbaló y rodó por el tejado cayendo al suelo.

La abuela, que había oído un grito, corrió hacia afuera y la vio tirada en el suelo. No se movía. En ese momento Emilia y su marido Luis llegaron y vieron a la abuela llorando pidiendo que despertara.

- ¿Qué ha pasado?- preguntó Luis.
- No lo sé. Estábamos jugando al escondite y ella subió a tu habitación y salió por la ventana y no sé....
- ¿Llamaste a una ambulancia?- preguntó Emilia
- No. Acabo de encontrarla así.

Luis y Emilia no lo dudaron cogieron a Emilia y la metieron en el coche rumbo al Hospital.

-  ¡Esperad! ¡Voy con vosotros! Voy a por mi bolso.

Pero el tiempo era importante y salieron corriendo. Dejando a la abuela sola.

Llegaron al hospital y la atendieron al momento. Los padres de Emilia llegaron y la madre de Luis también. Preguntaron si sabían algo.

-  No sabemos nada. Estamos esperando a que salga un médico.

Laura pidió perdón por no haber estado más atenta. Pero ellos no la escucharon.

El médico salió y sólo llamó a los padres. Emilia y Luis entraron y ahí estaba Clara, en una cama, enchufada a un montón de máquinas.

-  ¿Cómo está doctor?- preguntaron

-  El diagnóstico no es muy bueno. No creo que pase de una hora.

Se abrazaron y empezaron a llorar. Emilia se acercó a Clara y le empezó a cantar una canción que siempre le cantaba cuando era bebé.

"Yo te haré volar. Yo seré tu gran amor. Juntos volaremos hacia el sol. Yo te haré soñar con un mundo de color, todos nuestros sueños van a  ser verdad. Todo  lo que más desees te lo voy a dar. Volaremos siempre juntos no te dejaré de amar. Yo  te haré volar, ven conmigo a descubrir todo un nuevo mundo de color. Somos el cielo azul bailando sobre el mar cree en mí y yo te haré volar."

Cuando acabó de cantarle la canción le dijo que la quería mucho y su padre también, y ahí la vida de Clara se apagó.

Fue un duro golpe para Emilia y Luis. En el piso donde vivían tenían muchos recuerdos de ella. Estuvieron mucho tiempo sin subir a la casa de Laura, la abuela, que por un descuido había dejado que se fuera un ángel.

Al año de su muerte decidieron hacer una casa en un terreno que le había quedado en herencia a Emilia. Necesitaban empezar de cero en otro lugar, lejos de Laura.

En pocos meses su casa de madera, prefabricada de una sola planta, con 2 habitaciones, 2 baños, un salón, una cocina y su jardín estaba lista para vivir.

El piso se lo alquilaron al hermano de Emilia, Ramón, que quería probar lo de vivir en pareja con su novia.

Emilia había encontrado otro trabajo más cerca de donde vivían ahora en una agencia de viajes en Sanxenxo. Habían pasado de vivir en una miniciudad como era Vilagarcía a un pueblo con varias casas como era Contomil. Ahí fue donde nació y se crió el padre de Emilia.

Ya llevaban unos meses viviendo en la casa y empezaban a ser otra vez felices sin olvidarse nunca de Clara. Incluso se habían planteado en tener otro hijo que llenara el vacío que les dejó.

Un fin de semana fueron a Vilagarcía de visita. Primero fueron a casa de Laura, pero estuvieron poco tiempo. El último recuerdo de su casa no fue agradable y como se negaba a salir a dar un paseo y charlar se fueron.

Luego fueron a comer a casa de los padres de ella. También estaban su hermano, Ramón y su novia, Rosa. Comieron, charlaron,  incluso rieron. Hacía tiempo que no pasaban un rato tan bueno.

Cuando se disponían a marchar el móvil de Luis sonó era su madre. Cogió el teléfono y empezó a escuchar a su madre que gritaba: " ¡vente por aquí, que estoy harta de tu hermano y voy a llamar a la policía!"

-  ¿Qué ocurre cariño?- preguntó Emilia.
- Lo de siempre mi hermano y mi madre discutiendo. Voy a subir a ver qué pasa y bajo a buscarte.
- Siempre te meten en sus problemas. No tardes.
- Te mando un wassap cuando salga a buscarte.

Mientras Luis iba a ver qué pasaba esta vez. Emilia se quedó en casa de sus padres tomando otro café. A los 20 minutos sonó su móvil.

Era un whatssap de Luis: "Ya salgo a buscarte tardo 10 minutos. Te quiero".

Ella le contestó:"Y yo a ti. Te espero".

Pasaron 20 minutos y no llegaba. Emilia se empezó a preocupar y le pidió a su hermano que la llevara a casa de su suegra a ver si estaba ahí Luis.

Llegaron. Su coche estaba ahí. Emilia se temía lo peor. Empezó a correr adentro y se encontró a su suegra llorando y en sus brazos su marido con un cuchillo clavado en la barriga.

- ¿Qué ha pasado? ¿Llamaste a una ambulancia?- preguntó alterada Emilia.

Laura solo movía la cabeza de un lado al otro y seguía llorando. Ramón llamó a una ambulancia para que vinieran lo antes posible.

- Fue él. Fue su hermano ¿verdad? ¿Cuánto quería ahora para las drogas? ¡Contesta!.

La ambulancia llegó y cogió a Luis. Laura quería ir con él en la ambulancia pero Emilia se puso delante de ella y le susurró: "Aléjate de mi marido".

Por el camino llamó al hermano de su suegra comentándole lo que había pasado para que fuera a buscarla y la llevara al hospital. Por si le pasaba algo por el camino.

Llegaron al hospital pero no pudieron hacer nada. Había perdido demasiada sangre. Unos minutos más tarde llegaron los padres de  Emilia y su suegra con su hermano.

Emilia no podía creer que el amor de su vida con el que llevaba 12 años ya no estuviera con ella.

Y no sabía si encontraría las fuerzas suficientes para seguir adelante.

 
CAPÍTULO SEGUNDO


Emilia despertó de sus recuerdos y se preparó para ir de visita a casa de su tía Lola en Santa Cruz de Castrelo.

A su tía le gustó su visita. Mucho se preocupó por todo lo que había pasado. Pero sabía que era una mujer fuerte y volvería a salir adelante.

Pasaron  un rato agradable tomando un café en la terraza. Luego Emilia dio un paseo por los alrededores de la casa de su tía, que antes fue de su abuela a quien echaba mucho de menos.

Había animales como gallinas, patos, gatos, perros. Y atado a un árbol había un perro. Tenían la mala costumbre de atar a los perros grandes, de siempre. Se le veía triste. A saber cuánto tiempo llevaba ahí.

- Tía. ¿Me puedo llevar este perro a mi casa?- preguntó Emilia.
- Si lo quieres sí. Era de tu abuela. No me acuerdo de su nombre.

Pobre perro. Ni nombre tienes. Aunque conociendo a la abuela seguro que te llamaba Troski. Porque casi todos los perros que hubo por esa casa eran Troskis. Ella recordaba por lo menos tres.

- Bueno Troski. Te voy a llevar a un lugar mejor. Donde estarás suelto y donde tendrás una buena finca para correr y saltar -le dijo Emilia.

Emilia metió a Troski en el coche y lo llevó a su casa en Contomil.

- Espero que no te marees. Seguro que nunca te llevaron de viaje.

Llegaron a  casa y sacó a Troski del coche. El perro empezó a olfatear todo. Estaba muy desaliñado. Necesitaba un corte de pelo y un buen baño.

- Te voy a dejar super guapo.

Troski es un can de palleiro, una raza de perro pastor de origen gallego.

Emilia cogió la máquina de cortar pelo que utilizaba con su anterior perrita y empezó a cortar toda esa mata de pelo sucia y enredada. Troski ni se movía pero sí temblaba,  no entendía nada.

Luego en una bañera lo colocó y lo fue lavando con un champú especial para perros. Y al final de todo le cortó las uñas. Solo le faltaba un lacito de lo limpio y guapo que quedó.

- Ya está. Ahora pareces un perro nuevo Troski. Y como te has portado tan bien, te mereces un premio. Toma.

Un buen plato de comida de pienso y no las sobras de comida que le daban en casa de su tía.

Emilia sentía que había hecho una buena acción. Había ganado un perro que le haría compañía en aquella casa que se le había quedado tan grande.

Troski se adaptó muy bien a la nueva casa. Emilia le había comprado un collar nuevo con una placa en forma de hueso donde ponía su nombre "TROSKI".

Emilia lo llevó al veterinario en Sanxenxo para que lo examinaran y le pusieran el chip por si escapaba o perdía. Troski estaba muy bien. Preguntó por su edad, dado que no sabía cuántos años tenía. Y le confirmaron que 7 años.

Emilia volvía a sonreír desde que cogiera a Troski, cuando llegaba a casa la iba a recibir todo contento, y siempre jugaba con él en el jardín.

Una tarde estaba dando un paseo con Troski cuando de repente el perro se paró y empezó a olfatear hacia el bosque. Empezó a ladrar y a gemir. Se puso todo alterado como si quisiera ir a buscar lo que estaba olfateando.

- ¿Qué pasa Troski? ¿Qué hay por ahí?- preguntó ella.

No lo dudó ni un instante e hizo caso a su perro y se adentraron en el bosque. Anduvieron un buen cacho y encontraron una casa abandonada. El perro se soltó de la correa y empezó a correr adentro de la casa.

- ¡Espera troski! ¡Ven!- exclamó Emilia.

Empezó a silbar a ver si venía. Pero no venía. Luego empezó a escuchar sus ladridos y ella empezó a correr. Entró en una habitación. Troski estaba tumbado al lado de un cesto.

Emilia se acercó y oyó un lloro muy débil.  Había un cesto y cuando lo  abrió dentro había un bebé llorando y casi morado. "¿Cuánto tiempo llevas aquí?" susurró ella.

 
CAPÍTULO TERCERO
 

Emilia cogió el cesto y empezó a correr a su casa. Troski le seguía detrás.

Entró en casa y fue directa a su habitación. Sacó al  bebé que seguía llorando, su lloro era muy débil. "Seguramente tenga hambre"- pensó ella.

Buscó dentro del cesto por un biberón y encontró tanto el biberón como su comida. Corrió a la cocina y puso a hervir agua para prepararle el biberón. Mientras se calentaba el agua le miró el pañal. Ahí descubrió que era una niña. La pobre tenía el culo muy irritado. La caca estaba seca. Corrió a la cocina a por un cuenco con agua para poder mojar la toallita y así limpiarle con cuidado el culito de aquella niña.

Le limpió el culo, la pobre lloraba. Y a Emilia se le salían las lágrimas. Consiguió limpiarla bien y ponerle un pañal limpio. El agua ya estaba lista, mezcló los polvos con el agua y agitó, luego comprobó que no estuviera muy caliente y se lo dio.

Empezó a chupar como si no hubiera un mañana y acabó todo el biberón quedándose totalmente dormida. A medida que fue tomando el alimento la criatura fue cogiendo mejor color.

Emilia la dejó encima de su cama. Y fue al desván a buscar la cuna en la que un día su hija, Clara, dormía plácidamente cuando era un bebé.

La encontró y la montó, le colocó unas sábanas con unos ositos muy bonitos y una mantita con una jirafa. Colocó al bebé dentro y dejó que durmiera plácidamente. Ya era muy tarde para ir a la policía. Iría por la mañana.

Mientras dormía el bebé, ella se preparó un café y volvió a coger el cesto donde la había encontrado para ver si había algo más. Había unos pocos pañales, comida, y documentación. En ella estaba el documento del alta de la madre. La niña había nacido hacía 10 días. Y había un sobre, dentro de él estaba la tarjeta sanitaria del bebé. La niña se llamaba Rita, y había nacido el 22 de Mayo.

Su madre, según la documentación del alta, se llamaba Sonia. "¿Qué pasó Sonia, para que tuvieras que abandonar de esta manera a esta criatura que no tuvo culpa alguna?"- se preguntó Emilia.

Ahora tocaba dormir aunque se esperaba que iba a ser movida porque se acordaba de los primeros días de Clara, que comía cada 3 horas y esta no iba a ser menos.

Antes de que le tocara la siguiente toma, le dio un baño pues estaba un poco sucia y la ropa olía a humedad. "¿Cuánto tiempo estuviste ahí sola pequeña?"- le preguntaba a Rita mientras le daba un baño relajante que a la niña le gustó pues por lo menos no se quejaba.

Otro biberón y a la cama las dos. La noche fue bastante tranquila. Cuando lloraba le daba el biberón, la hacía eructar y le miraba el pañal.

Y comenzó otro día. Era sábado. Y tocaba llevar a la pequeña para que buscaran a su madre, aunque ella ya sabía su nombre, Sonia.

En el desván encontró ropa de Clara que le valdría a Rita para su tiempo, se lo puso. Le dio el biberón, desayunó ella y salieron a pasear con Troski. Una mañana muy tranquila. Al acabar de comer la preparó y la metió en el coche en el cuco que tenía y se dirigió a la policía para entregarla.

Al llegar cogió a la niña en brazos y empezó a caminar hacia la entrada del edificio de la comisaría. Pero a mitad de camino se paró, miró a la niña y al edificio y pensó: "¿Y si te quedas conmigo?"

Estuvo un rato pensando y al final se la llevó de vuelta a casa. No tuvo el valor de dejarla. ¿Acaso se habría encariñado de ella?

Al llegar a casa, puso a Rita en su cuna y encendió el ordenador. Como sabía el nombre y apellidos de su madre la buscaría por facebook, twiter, google.... Había que localizarla y decirle que su hija estaba bien y que le diera explicaciones de su abandono y ¿qué pensaba hacer?

Encontró una Sonia que vivía justo en Sanxenxo. ¿Sería ella? En su foto de perfil se veía a una chica joven, y según sus datos tenía 19 años y estudiaba en el instituto. Era castaña con unos ojos verdes preciosos, y en todas sus fotos se la veía de fiesta y con alguna copilla de más.

- ¡Abandonaste a tu hija y tú de fiesta! - exclamó Emilia.

Emilia no dudó y le envió un mensaje privado.

"Hola. No sé si eres la Sonia que estoy buscando. Hace dos días encontré un bebé abandonado en una casa en el bosque. Es una niña, llevaba documentación y aparecía tu nombre y apellidos.

Así que si eres su madre solo tengo dos preguntas ¿Por qué la abandonaste? y ¿qué piensas hacer con ella?

Espero que me contestes es la vida de tu hija, Rita."

Y antes de cerrar el facebook guardó una de sus fotos en su ordenador. Tenía claro que si era su madre y no se hacía cargo de ella, no le iba a esconder la verdad.

Esa misma noche entró otra vez en el facebook para ver si había contestado. Y para su sorpresa no solo no contestó a su mensaje si no que se había borrado del facebook, ya no aparecía su perfil. Ese gesto daba por hecho que ella  sí era su madre y que no pensaba hacer nada por ella.

- ¿Y ahora qué?- se preguntó Emilia.

Salió a dar una vuelta con Troski mientras Rita dormía plácidamente.  Fue dándole a la cabeza. Tenía claro que cuidaría de Rita como si fuera suya, solo esperaba no encontrar ningún obstáculo por el camino que al final se la llevara de su lado. El destino la había puesto en su camino.

Por el tema de médicos no habría problema tenía su tarjeta sanitaria, y no creía que le fueran a preguntar si era familiar o no de la criatura. El problema estaba en que tenía que inscribirla en el libro de familia. Había una ventaja que Sonia y Emilia tenían el mismo apellido.

Probó suerte, pidió cita en el Registro Civil, llevó el certificado de nacimiento de Rita, el cual poseía y la fotocopia de su DNI y su libro de familia y probó suerte.

Acudió a la hora que le dijeron y llevó todo el papeleo. Y con mucho nerviosismo mientras apuntaban todo, esperó a ver qué pasaba. Y al final no le hicieron ninguna pregunta. Había salido bien, Rita estaba inscrita y constaba como su hija. Pero a ella la educaría para que la llamara madrina.

Salió del registro civil con Rita, una niña que tuvo suerte de ser encontrada, y que esperaba que fuera feliz a su lado.


CAPÍTULO CUARTO


Los años pasaron y Rita fue creciendo sana y feliz con su madrina Emilia y Troski que ya, el pobre, se estaba haciendo viejo.

Rita heredó los mismos ojos que su madre, Sonia. Era rubia con unos ojos verdes impresionantes y era muy cariñosa.

En su habitación tenía una foto de su madre, la misma que Emilia había sacado del facebook y que había guardado en su ordenador. Nunca le ocultó que ella no era su madre y siempre preguntaba dónde estaba su verdadera madre.

- Algún día te diré la verdad. Todavía eres muy pequeña- le decía Emilia.

Y los años pasaron y  cuando Rita tenía los 14 años decidió que quería saber la verdad aunque doliera. Y Emilia, que ya esperaba que este día llegaría, la miró y le dijo:

- Tienes razón. Tienes el derecho de saber de dónde vienes y te lo voy a contar. Pero quiero que sepas que actué de la forma que actué porque en ese momento llegaste a mí en el mejor momento.

Y empezó a contarle de cómo Troski la encontró en aquella casa abandonada. Que ella la sacó de aquel cesto llorando y de cómo la cuidó aquella primera noche calmando su llanto.

Le contó también de cuando quería entregarla a la policía y a medio camino se paró y pensó que ella la cuidaría mejor que nadie. Que buscó a su verdadera madre y que la había encontrado en facebook. Le dijo su verdadero nombre y apellidos.

Que le había mandado un mensaje diciéndole que tenía a su hija y si pensaba venir a buscarla, y de cómo guardó su foto en el ordenador antes de cerrar sesión.

Le dijo que quedara asombrada al descubrir que había eliminado su perfil y que al final decidió cuidarla como si fuera su hija pero "enseñándote desde un principio que yo no era tu madre".

Y cuando acabó de contarle todo. Rita estaba con los ojos llorosos sin decir palabra alguna. Emilia se esperaba lo peor.

- Bueno. Esa es la verdad. Sé que debí entregarte a la policía, que ellos buscarían a tu madre o por lo menos a tu familia. Pero fui egoísta, solo pensaba en lo feliz que harías al tenerte conmigo. Lo siento mucho.

Rita seguía inmóvil y al final le dijo:

- Madrina. Gracias por no dejarme morir aquel día. No estoy enfadada contigo si no con mi verdadera madre. No entiendo los motivos que tuvo para abandonarme pero sé que algún día nuestros caminos se cruzarán y no tendrá más remedio que darme una explicación.

Y se abrazaron.

Al día siguiente fueron a comer a casa de los padres de Emilia a quienes Rita les llamaba igualmente abuelos.

Todavía recordaba cuando después de registrar a Rita como su hija fuera a casa de sus padres y se la presentó. Les contó cómo había pasado todo. Sus padres y su hermano no daban crédito. Su madre al principio se enfadó con ella por haber hecho tal cosa.

- ¿Y si su madre se arrepintió y quiere tener a su hija? ¡Debiste llevarla a la policía! - decía su madre.

- Mamá contacté con esa chica y no quiso saber nada. El destino la puso en mi camino por algo. ¡Me toca ser feliz!- contestó entre lágrimas.

Su madre se levantó y la abrazó. "Perdona. Tienes razón y te ayudaremos a cuidarla"- susurró su madre.

Cuando llegaron para comer Rita entró y ahí estaba su abuela preparando la comida.

- ¡Hola Rita! ¿Qué tal la semana?- le preguntó

Rita no le contestó, simplemente le dio un beso y la abrazó.

- ¿Qué pasa corazón?- preguntó mirando a su hija.
- Sabe la verdad, mamá- contestó.

Y la abuela la abrazó con todas sus fuerzas.

Los años pasaron y Rita se convirtió en una mujer muy guapa. Estudió un ciclo superior de Educación Infantil y consiguió trabajo en una guardería cerca de casa.

Ya tenía 22 años. Su madrina ya rondaba los 60 pero los llevaba muy bien.

Entró en casa para comer. Le recibió Larsa una perrita que habían adoptado tras fallecer Troski, a quien echaba mucho de menos pues a él le debía mucho, su vida.

Mañana empezaría en su nuevo trabajo y estaba un poco nerviosa.

El esperado día llegó. Entró en el centro y conoció a sus compañeras, y a los peques. Le encantaban los niños. El turno fue de maravilla, y fueron llegando los padres a recogerlos.

Quedaba una niña por recoger y entró una señora debía rondar los 45 años. Era la abuela. Cuando Rita se giró y la vio se quedó helada. "¡Esos ojos verdes!"- pensó ella. Necesitaba saber su nombre.

- ¿Hola viene a recoger a su nieta? - preguntó ella
- Hola debes ser nueva. Sí, me llamo Sonia ¿y tú?- preguntó

Ella tardó en contestar. El destino se había encargado de que la conociera.

- Me llamo Rita.

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