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¿Qué será de la vida de Javier Caballero?

I. La vida de Javier Caballero

Todo ha trascurrido igual durante los últimos ocho años en el barrio de los dolores, por aquellas calles tan solo pasean los mismos habitantes de antaño; lo único que ha cambiado es que desde hace exactamente el mismo tiempo Javier Blanco González no pisa un baldosín por fuera de su casa. 

Nadie sabe acerca de lo que ha sido su vida después de aquel 4 de julio de 1976. La gente lo recuerda como un hombre atlético, de piel blanca y cabello negro desorganizado, un libre pensador  muy respetuoso de todo lo que los demás pensaban. De niño fue abierto y despreocupado; no tenía demasiados amigos, su círculo tan solo se compone de cinco amigos de los cuales cuatro eran mujeres y un hombre. 

Cuando se pregunta por él, jerónimo Tascón, quien fue su mejor amigo lo describe con cierto aire de tristeza:     “… mi mejor amigo nunca tuvo prevenciones ni problemas de ninguna naturaleza, nunca le faltó una sonrisa ni la disposición para ayudar a quien lo necesitara… se quitaba el pan de la boca para dárselo a cualquiera aunque no le conociera…” 

De repente interrumpí la conversación con un abrupto   – lo siento, debo irme, volveré mañana; es tanta la curiosidad que sentí, que me dirigí a la casa quince de la calle borgoña. 

Es una casa de dos plantas con ventanales y portón de madera, está invadida por maleza que no permite ver el color y material de la misma. Justo frente a la puerta, a dos pasos, quedan los fragmentos de lo que una vez parece haber sido una fuente presumiblemente con figuras de dragones en mármol esculpido. 

Caída la tarde la lluvia se manifestó de manera inclemente… - ¡¡¡ahh!!! Se acabó la visita exclamé y paso seguido abrí mi viejo paraguas azul y Salí de allí con más dudas que certezas y aún más decidió que nunca a saber sobre Javier. 

Fue una noche intensamente lluviosa, los truenos no cesaban de caer, no paraba de pensar en que hubiese pasado si no hubiera llovido aquella tarde. Aunque   no logré dormir, no sentí cansancio no molestia alguna. 

Tan pronto como fueron las 7.30 del nuevo día, tocó a mi puerta de manera angustiosa Jerónimo Tascón, de manera inmediata recordé que le había citado para investigar un poco más acerca de su amigo. Le hice seguir y le ofrecí un café, lo acepto con una sonrisa franca, lo tomó sin vacilar  y con el gusto que solamente siente un niño pequeño. 

          - Veo que le agrada el café le dije maravillado de lo que estaba presenciando

          - Este café me sabe a gloria… me sabe al café que preparaba Javier Blanco… el café de mi amigo exclamó.

II. Los primeros indicios

Tan pronto como terminamos el café, tomé mi chaqueta una pluma una libreta; convidé a la puerta a jerónimo y salimos caminando por las escaleras de servicio pues la principal la estaban encerando. Cuando nos dirigíamos rumbo a la casa quince, resbalé y caí, inmediatamente me reincorporé con la ayuda de Tascón y un señor barbado que vestía un gabán de paño, su barba y cabellos castaños negruzcos y tiznados  eran tan largos que no le permitían mostrar su rosto a los demás.

          - Lo importante no es evitar caer, es necesario caer y lastimarse, lo importante es levantarse, dejar sangrar la herida y lamentar tan solo lo justo para luego continuar dijo de manera escueta aquel señor. 

Cuando quise dar las gracias pude notar que le señor había desparecido de mi vista – quien es él, pregunté.

          - Es Jacobo Villa, llegó aquí hace casi siete años, no tiene familia, su esposa murió cuando intentaba dar a luz a su hijo  quien también perdió la vida en la mesa del materno.

          - Vaya tipo, susurre maravillado.

          - Está de suerte, el viejo Jaco casi nunca habla, tan solo saluda y nada más replicó Tascón.

          - Continuemos con la historia por favor.

          - Bueno aquí vamos… dije sintiéndome un tanto inseguro

III. Los orígenes de blanco

Javier Blanco González nació el 26 de septiembre de 1959, justo el día en que se proclamó la nueva constitución de de Balderver, fue famoso desde su primer día de vida por ser una persona con piel de color muy blanco contrastando con un par de ojos marrones y cabello de color castaño claro. Su niñez pasó rápidamente, rodeado de mimos y juegos, se caracterizó por ser un líder nato  con una capacidad casi  heroica de atraer la atención de sus pares. 

Lo que más recuerda Jerónimo Tascón de su niñez con Javier fue la manera como se conocieron en el colegio, fue un día en que unos niños más grandes nos apostaron  nuestras meriendas jugando al fútbol. Naturalmente perdieron y al verse sin merienda, ellos simplemente se quedaron sentados en el jardín tristes y meditabundos, Javier estaba comiendo la suya, tan pronto como se percató Javier dividió sus dos tortas de manzana en 6 partes iguales  y la compartió con los otros niños sin siquiera haberlos visto en la vida.

          - Siempre fue una persona vivaz, gracias a eso se ganó la amistad y la lealtad de Tascón  con el que se iban en las tardes después de la escuela a recolectar frutos para luego llevárselas a mama Nicolasa con el fin de que les preparara las viandas que tanto le gustaban a Javier.

Desde niño la bondad fue inherente a Javier, una vez traía una torta de manzana para comer, la que más le gustaba, en la calle había un niño que  pedía dinero para llevar  a su casa pues era muy pobre y no tenia los suficiente para subsistir, pasó seguido; Javier se devolvió hacia el niño y con una enorme sonrisa le regaló su torta diciendo

          - Come amiguito, necesitarás fuerzas para llegar a casa.

Sorprendido le dije -¡¡¡ es tu merienda favorita!!!

Javier contestó- es sólo una merienda… ya habrán otras…

Si soy honesto, Javier y yo  vivimos una niñez muy feliz, en verdad no logro  recordar algo malo de la época.

Cuando éramos muy niños, apareció Violeta Martín una niña con los ojos más expresivos y cálidos jamás vistos por la villa.

Sin darnos cuenta en un abrir y cerrar de ojos todo fue cambiando y cambiando sin parar.

Los recuerdos más intensos de nuestra adolescencia se asocian a las tardes en las que Javier y yo salíamos de pesca para ganar algo de dinero extra que le permitiera comprar unos chocolates y una rosa blanca. Al principio no entendí porque lo hacía, pero con el paso de los días entendí que todas sus acciones tenían nombre propio…

Siempre se preocupó por ayudar a los que lo necesitaran, fueron muchos los bazares y ventas en las que participo por causas como  arreglar las bancas del parque, regalar  comida y algo de ropa en los albergues, nunca dijo no y nunca ayudo de mala gana o refunfuñando (a veces yo decía que no pero terminaba igual colaborando con la gente…)

VI. El amor y los cambios

Violeta Martín de niña era muy menuda, de cabello castaño recogido todo el tiempo piel blanca con pecas y enormes ojos cafés,  hija de un capitán de la marina,  destacaba la sencillez con la que se relacionaba, desde el primer día que llego al pueblo nos hicimos muy amigos, compartíamos juguetes juegos y libros sobre pesca, lo recuerdo como si hubiese sido ayer.  

La vida de Javier trascurrió de manera normal, sin prisas, con el paso de los días Violeta se hizo cada vez más y más hermosa a tal punto que no pasaba desapercibida en ningún momento. Sus intensos ojos cafés que contrastaban con su hermosa cabellera de color castaño, su piel tan blanca como la nieve rociada con hermosas pero sutiles pecas tomaron un protagonismo sin igual en la vida del pueblo pues de una niña que jugaba carreras con nosotros, pasó a ser una señorita delicada como muñeca de cristal. 

En los muchachos del pueblo  causó una admiración poco vista antes, en Javier, le hizo cambiar la perspectiva de vida; jamás volvió a ser el mismo…

          - De un momento a otro y sin darnos cuenta; dejamos de ser niños, no solamente en cuerpo sino en pensamiento obra y acción.

En las tardes luego del colegio salíamos a jugar fútbol con Javier y otros niños de otros colegios con los que teníamos cita para jugar a diario por el placer de ser reconocidos como los mejores.

No  fueron pocos los partidos que jugamos de los cuales ganamos unos perdimos otros y bueno en todos y cada uno de ellos siempre resplandecía la presencia de violeta animando a nuestro equipo.

A pesar de que Violeta era muy especial con todo el mundo, con Javier era tal vez tan especial como con nadie. Después de las tardes de futbol salían a comer helado en la vieja fuente de sodas de don Gastón.

Aún no sé si fue la cobardía o el miedo natural que sienten las personas que hacía que Javier nunca expresara nada de lo que sentía, nunca soportó que hablaran de Violeta  más allá de lo debido.

Cuentan quienes le conocieron de toda la vida que Javier era muy abierto para expresar sus sentimientos, pero cuando se trataba de Violeta; se convertía en poco menos que un chiquillo tímido al que las palabras nunca ayudarían, por el contrario, se hacía taciturno y evadía el tema una y otra y otra vez hasta que lograba su cometido de salir de incómodo momento para él.

Cuando Violeta cumplió los veinte años, sus padres hicieron una celebración modesta como era su costumbre, recibió regalos de todo tipo. El regalo de Javier fue algo para no olvidar jamás.

Le regalo un corazón tallado en roble con una carta confesión que su parte más importante decía:  “del árbol en el que estaba trepado la primera que te ví saque le valor y este corazón que simboliza lo más preciado que te puedo regalar: mi amor, te ame, te amo y te amaré hasta el último día de mi vida…¿quieres ser mi novia?

Tan pronto como violeta terminó de leer la carta, palideció mucho, quedó muda algo a si como treinta segundos, pronto respiró y dijo que no sabía que decir…necesitaba tiempo y tiempo Javier le concedió.

El tiempo fue pasando y pasando, trascurrieron varios días hasta que un día para el cumpleaños de Javier llegó una carta perfumada y cuidadosamente envuelta en lino. Ésta comunicación tenía un mensaje que decía: “… me halaga mucho que sientas esto por mí, seré sincera, nunca he tenido pretendiente alguno y menos novio por eso no sé cómo ser una buena novia… acepto con la condición que me enseñes a serlo…

Violeta…”

La reacción de Javier fue mesurada, tan solo se supo de su alegría por un tímido suspiro que soltó de manera efímera y prosiguió con la reunión.

Ellos parecían más dos hermanos que novios- agregó Tascón, se veían compartir alegremente todas las tardes, se intercambiaban cartas… en fin… todo parecía ir bien aunque no por mucho tiempo.

VII. La confesión, la confusión y el encierro

Las ferias y las fiestas de la calle borgoña siempre fueron conocidas por atraer a propios y extraños dada la calidad de la comida que ofrecían. Todas fueron alegres y coloridas hasta aquella fiesta del amor culinario del año 76.

A este festival acudieron los alcaldes y la mayoría de las celebridades de las ciudades vecinas, entre ellos Duván Marcial, hijo del general Marcial quien es el comandante de a fuerza aérea.

La gente lo describía como el hombre perfecto, pues tenía una estampa tan imponente como la de su padre, atractivo físico sin igual y un trato con las damas sin igual. Fue durante el segundo día del festival que se conocieron con Violeta, ella tenía un puesto de dulces de frutas, el se acerco como lo hacen los ejércitos directo a sus objetivos militares. Fue tanto el gusto que este hombre que odia los postres, comió uno a uno viéndole fijamente hasta llegar al extremo de hacerle sonrojar.

Dicen quienes estaban allí que fue como una especie de conexión instantánea la que los unió.

Durante los días del festival Javier le buscaba por las tardes, tardes en las que le encontraba en compañía de Duván. Al principio no prestó demasiada atención, pero al percatarse de que estaban todas las tardes del festival juntos decidió llegar un poco antes al siguiente día.

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