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Maldita Suerte

- Juan no espero a que sonara el reloj, sabía que no tenía más remedio que saltar de la cama y sufrir por un buen rato el frío que se colaba por las rendijas de la ventana. Maldita suerte “pensó Juan”. ¿Cuándo va a cambiar mi puñetera vida? Pensaba mientras se dirigía a su pequeña, diminuta cocina. Poner a calentar el café que era el último que tenía para terminar el mes.

- Una vez que se afeito helado de frio, y sabiendo que ducharse sería con agua fría, no le daba para más. Así que cerró los ojos se metió en el palto ducha y dejo que el agua saliera (pensaba que estaba caliente), y para no molestar a esas horas en vez de gritar cerró los ojos pensando que el agua estaba hirviendo.

Una vez que se dio cuenta salió echando “chispas”. Maldita suerte la que tengo .Porqué, si sólo tengo 32 años, bien parecido con carrera y con una mierda de trabajo y con estas calamidades en esta vida.

No dejo que su mente siguiera quejándose, se puso sus pantalones vaqueros, la camisa que había dejado puesta en la percha para que se le quitara las arrugas, la corbata que había heredado de su abuelo, y la chaqueta negra que le habían dado en Caritas. Se miró al espejo y sabiendo que fuera hacía un frio de mil demonios, le dio tiempo a tomarse el café, coger la mochila que otra vez no había puesto nada para desayunar, y decirle al espejo.

Maldita suerte la mía.

Salió cerrando el portal de la vivienda, y se subió con las dos manos las solapas de la chaqueta y echo andar con la cabeza pegada a la chaqueta del frio que hacía. Llegó a la boca del metro, sabiendo que por unos segundos estaría calentito. Y era el momento del tránsito de todos los que iban a trabajar cómo él y más bien abrigados.

Siempre quería ser el primero para poder sentarse, y dejar que su mente pusiera orden de esos 32 años que tenía y por una vez su Maldita suerte le cambiara. Las esperanzas son los último que se pierde pensó Juan, pero ya estaba harto de que su vida siguiera desde hacía 3 años en picado.

Maldita suerte. Es la palabra que Juan tenía día tras día sobre sus hombros.

Maldita suerte.


Alicia.

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