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Luz y sombras

¿Porque dios? ¿Porque música celestial inunda mis oídos?

No merezco esto, las penas se disipan formando grandes jirones de luz y sombras en mi mente. Dudo que tú en tu infinita sabiduría quieras complacerme con estas notas.

¡No soy digno dios! ¡Libérame! ¡Libérame de este bendito don!

Vagando por las frías calles de esta ciudad corrompida, avanzo sin rumbo, a mi izquierda una hilera de pobres diablos suplican una limosna, una pequeña hogaza de pan para llevarse a las bocas desdentadas. A mi derecha las grandes casas tapan la luz, torres invulnerables tan altas que llegan casi hasta tu reino. Malditos bienaventurados son.

Luces y sombras, luces y sombras…ahora comprendo, ¿no eres tú el padre de todos nosotros? Cielo e infierno.

Una clarividencia. Las letras crean una imagen en mi nublada cabeza. Venganza.

Un escarmiento si, por todos los daños que causaron, una purificación, un sacrificio, una redención.

Hay que llevar a cabo una purga celestial. Que los ángeles me ayuden, baja conmigo a esta inmunda tierra arcángel Gabriel y ayúdame a terminar esta ardua tarea, no soy capaz. Miro sus rostros vacíos y no comprendo cómo llegamos a esto.

Los niños no son culpables. Acaso ¿no son de alma limpia sin pecado alguno? Los ojos, si…sus pequeños ojos y llenos de vida son los que no me dejan avanzar y completar esta sagrada misión.

La música vuelve, azota mi mente, notas se clavan en ella. In crescendo….In crescendo.

No por favor a ellos no…son solo infantes, no conocen el mal. Son pequeñas criaturas indefensas. Ellos no.

No puedo pensar con claridad, el suelo se acerca repentinamente. Tumbado en el suelo observo tu reino, omnipotente. Lo are.

Me adentro en tu divina casa, el hogar que también es mío. Cojo la cruz donde fue torturado tu hijo. Reza por mi alma, reza por mi alma.

Me acerco a ellos y sin mediar palabra, comienza la matanza. La cruz es mi tridente, el divino crucifijo se clava en los pechos de las mujeres, en las piernas y en los cráneos de los pecadores.  Mis bellos pecadores, tienen una mirada de compasión. Me perdonan, sí, me perdonan, ellos lo entienden. Se acerca una niña de cabellos rizados, brillantes como el oro y me agarra por la sotana. Doy la vuelta y dirijo mi mirada enloquecida hacia ella, sostengo mi arma empuñada con fuerza, y le asesto un golpe mortal, ella cae sobre la nieve y su todavía cálida sangre, dibuja algo inesperado. Como un rio rojo sobre el pergamino más pálido jamás creado forma tres números.

Seis, Seis….Seis. La música no cesa, cada vez se hace más y más oscura. ¿Quién eres? grito sin oír una sola palabra salir de mi boca, solo vaho.

Miro de nuevo a mi  izquierda y la imagen se me graba a fuego en los ojos, todos, todos ellos yacen en la nieve pura. No, pobres diablos. Ellos no.  No quería hacerlo. ¿Porque me atormentas?  ¿Porque esta injusticia?

La música cesa y entonces lo veo. La espesa sangre se acumula en medio de la calzada oscureciéndose y volviéndose oscura como la misma noche. Borbotea y lanza grades bocanadas de fuego, la tierra tiembla, todo a mi alrededor pierde color. Del mar de putrefacción que antes era la sangre pura de inocentes aparece. Es el.

Belcebú en persona viene a castigarme y a llevarme a los infiernos por mis horribles pecados. Se acerca y los tambores comienzan a tronar de nuevo, siento mido, nauseas, mi cuerpo tiembla sin control. Me agarra por el cuello y me eleva a cinco palmos del suelo. Me grita, me está gritando, pero yo no lo oigo, me balancea de un lado a otro. Me lanza al otro lado de la calle y quedo tumbado, siento frio…

Los tambores cambian de compas y se convierten en la música paradisiaca, de la que no soy digno. Me estoy elevando, veo mi desdichado cuerpo tendido en el pavimento junto a las personas que he asesinado. Ascienden luces brillantes a mi alrededor, cuando me rozan, me queman, haciéndome profundas heridas. Mi alma está herida, no puede avanzar hacia la luz, siento que la fuerza de la gravedad me llama.

Caigo al vacío, la tierra ya no es tierra, es un profundo agujero al que me dirijo irremediablemente…caigo, la música cesa y el calor es tan penetrante que me perfora.


                                                Fin


M.J.J.G

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