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Los pequeños grandes placeres de la vida

Un café recién hecho, con el aroma de la cafetera extendiéndose desde la cocina al resto de la casa.

Un cigarrillo.

Una larga ducha de agua caliente, o mejor aún, un baño con mucha espuma de un gel muy aromático.

Despertar enredado entre las piernas de tu amado, o de tu amada.

Encontrar un billete olvidado en el bolsillo del pantalón.

Un descuento adicional que ni conocías ni esperabas al pagar tu compra.

Un beso, largo, lento y profundo.

Una copa de vino, de buen vino.

La mirada de un bebé acompañada de su risa a carcajadas mientras su dedo agarra fuertemente el tuyo.

Una buena película, en el sofá y tapado con una cálida manta.

Un paseo, sin propósito ni destino.

Un abrazo, fuerte, que hace daño.

El olor a tierra mojada.

Soplar las velas al terminar un desafinado, desacompasado y divertido cumpleaños feliz.

5 minutos más en la cama, o 10...

Subirte a la báscula y haber bajado un kilo, o dos, o tres...

Perder el tiempo, en no hacer nada.

Encender la radio y que suene tu canción favorita. Una canción.

Una fotografía que te transporta a un momento feliz del pasado y te saca una sonrisa.

Un chiste, de los buenos, que aún te hace reir días después al recordarlo.

Tu plato de comida favorito. Una buena paella, unas migas o unos huevos fritos con patatas.

Una llamada perdida de alguien que se ha acordado de ti, o su mensaje, o su correo...

El calor del sol en invierno.

El desenlace y el fin de un gran libro.

El mar. Un día de playa. Una ola que te arrastra hasta la orilla.

Un masaje.

Una copa, tras otra, hasta emborracharte y sí, la resaca del día después.

El momento de salir del trabajo y, mejor, si es en viernes o en víspera de festivo.

Escribir...

Cuántas horas o días o semanas o meses o, si los sumo, tal vez sean años perdidos buscando el gran placer, el gran éxito y la gran felicidad, sin disfrutar de cada instante; enfadado, disgustado, ansioso, triste, frustrado, decaído, preocupado, exigente o nervioso, incapaz de sentirme afortunado al tenerlo todo.

Miles de placeres cotidianos que, por cotidianos, no he disfrutado, no he saboreado, no he valorado y no he retenido en mí... hasta hoy, que no puedo hacerlo más.

Todo, lo tengo todo, menos una cosa, la misma cosa que todos queremos llegado el momento: tiempo. Todos queremos más tiempo...

Hoy lo cotidiano se ha vuelto extraordinario, es lo excepcional y cómo echaré de menos los pequeños grandes placeres de la vida, los que realmente hacían que la vida mereciera la pena ser vivida.


Rubén Barea

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