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Los gemelos

El día del parto hubo que practicar la cesárea. Los gemelos venían unidos por el cuero cabelludo y los cirujanos efectuaron una leve intervención para separarlos.
Tras un mes de convalecencia en el hospital, fueron trasladados a su domicilio junto a sus padres.
Lloraban a compás en cunas pegadas una a la otra, hacían sus deposiciones a dúo y debían mamar cada uno de un pecho de su madre al mismo tiempo; si no era así, quien quedaba esperando su turno, prorrumpía en tal torrente de griterío que desquiciaba los nervios al matrimonio, cual iba advirtiendo que estos niños actuaban al unísono en los gestos y detalles más simples, desde sonreír hasta llamar la atención con su llanto, dormir y despertar al compás, cambiarse de posición y emitir sonidos guturales idénticos.

No había un detalle en su cuerpo que pudiera diferenciarlos. Eran copias exactas en su anatomía y fisonomía, incluso el lunar que tenían en un cachete estaba en el mismo punto en cada niño; dieron los primeros pasos y pronunciaron los primeros sonidos comprensibles de mamá y papá al unívoco, con el encanto peculiar a esa tierna edad...
Los primeros días de colegio fueron divertidos para los demás alumnos y la maestra, sorprendidos cuando advirtieron que preguntaban y contestaban a dúo en una sola voz milimetrada; el problema comenzó al aplicársele deberes diferenciados en las tareas escolares y de educación física, pues sus mentes estaban tan interconectadas que ambos hacían los mismos deberes y saltaban o corrían juntos, pegados como lapas; debían acudir al servicio unidos y respondían exactamente igual las preguntas de los exámenes, fuesen aprobados o suspensos. Los padres hablaron con los profesores para explicarles que era un fenómeno de la naturaleza y debían ser educados como si de uno solo se tratara...

Cuando pasaron la adolescencia, tortuosa para ambos, pues los anclajes de la personalidad arraigaron con fuerza en sus esquemas vitales compartidos, salieron a flote mínimos matices diferenciados, apenas perceptibles, pues ambos eran alegres y abiertos, si bien uno de ellos se mostraba algo más tímido, aunque sin perder la extraña compenetración de sus cerebros para actuar con idénticos dictados e impulsos.
Cuando se enamoraban de las chicas, sus genes y el amor se quedaban en tablas y la ansiedad de sentirse solos, cada cual con una diferente, les producía el síndrome de la separación y la impotencia, así que decidieron solventarlo con mujeres del oficio, donde una sola acogía a ambos por igual, haciendo piruetas para desahogarse al mismo tiempo, quedando ambos satisfechos y la mujer con paga doble.

Cumplieron con sus estudios obligatorios y se diplomaron en el arte de la peluquería, decidieron montar una de caballeros, que luego ampliarían también para mujeres.
Su primera etapa fue algo embarazosa, pues no podían pelar, arreglar, afeitar barbas, recortar bigotes al mismo tiempo, ya que sus impulsos cerebrales intercomunicados, eran directrices de sus acciones y, en unos casos uno emulaba al otro o viceversa, de modo que si actuaban juntos y un señor quería un pelado rapado y el otro una simple descarga de cabello, uno de ambos recibía un corte que no había pedido y comenzaron los conflictos con los clientes.Así que para solucionarlo, instalaron una habitación reservada para uno de ellos mientras el otro ejercía su trabajo en el amplio salón; se alternaban a cada cliente y en tanto uno pelaba realmente, el otro hacía el mismo trabajo ficticiamente con un maniquí en el reservado instalado a tal efecto.
Pensaron que si ponían mamparas cristalinas transparentes, esto, aunque algo bochornoso para ellos, significaría una atracción para el público y ganar clientes. Así fue, la gente, unos se tronchaban de risa y otros miraban admirados la completa y detallada mímesis de ambos hermanos.
Una vez comenzó la complicidad y confianza con los clientes, éstos se ponían de acuerdo cuando querían el mismo trabajo de peluquería y ambos gemelos comenzaron a desarrollar su arte sobre dos personas al mismo tiempo, quedando encantados de la simetría, perfección hasta el mínimo detalle de sus cortes.
Contrataron a un nuevo profesional para todos aquellos clientes que se salían de lo común, pero también por la carga de trabajo que tenían.

Cuando abrieron un nuevo salón adyacente para señoras, propusieron ofertas en los catálogos para aquellas mujeres que optasen por el mismo marcado, teñido o corte de pelo por parejas, facilitándole el trabajo a dúo. la destreza y agilidad de los gemelos con el peine y las tijeras era increíble; además, improvisaban detalles estéticos de arte puro, que embelesaban a quienes eran sujetos de su habilidad y al público de la sala de espera, que respondían a veces con sonoros aplausos como si de un espectáculo artístico se tratase.

El día que peinaron a dos gemelas idénticas, que hablaban y gesticulaban al mismo tiempo, los cuatro gemelos se dieron cuenta de que habían encontrado a sus medias naranjas.
Concertaron una cita para cenar en un restaurante típico, dialogaron divertidos a cuatro lenguas como si solo de dos se tratara, coincidieron en pedir la misma cena para comprobar si sus gustos eran parecidos y acertaron, quedaron para pasear por el campo libre y dialogaron sobre los árboles, los animales, el sentido oculto y misterioso de la naturaleza y paladearon un almuerzo formidable, se degustaron los unos con las otras y quedaron iluminados por la exquisitez de su compenetración.
Se hicieron novios, se casaron completamente enamorados y se fueron a vivir a una amplia vivienda que compraron en las afueras de la ciudad, de dos plantas, aunque ellos dormían los cuatro en la planta superior, en colchones pegados uno junto a otro en la misma habitación, sin llegar a saber nunca cual fue el marido o la esposa legítimos con quienes habían firmado el contrato con huellas dactilares, pues sus firmas por parejas eran idénticas. Cuando las gemelas quedaron embarazadas, los médicos comunicaron que los dos gemelos de cada matrimonio venían entrelazados por el cuero cabelludo y debían practicar la cesárea para después separarlos en quirófano.
Al ser trasladados a su domicilio, los padres observaron sorprendidos que ni uno solo de los cuatro guardaba alguna diferencia: se dormían los cuatro de lado en posición fetal, despertaban al mismo minuto, lloraban a coro de cuatro voces dulces y encantadoras; mamaban a cuatro pechos con ansiedad desmedida, pero en silencio, y cuando estuvieron algo mayores, su juguete preferido fue siempre un peine y un muñeco o muñeca para peinarlos, pues no eran cuatro varones, sino dos gemelas por un lado y dos gemelos varones por el otro, que conformaban, extraordinariamente interconectados, una sola voz o silencio al unísono, convergiendo siempre en el mismo objetivo. Sólo los diferenciaba el sexo; por lo demás, tenían idéntico rostro y cabello, igual estatura y peso y un lunar en el cachete izquierdo de dimensión y ubicación milimetrados.

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