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Líbido

Ocho de la tarde y todo está preparado. Estamos Ángel y yo esperando la visita de nuestros amigos, Luis y Claudia. Yo tengo un día un poco revuelto, estoy algo excitada pero evidentemente no es el momento aunque nadie puede controlar sus hormonas y menos en estos días tan especiales que se acercan. Llaman a la puerta, son ellos. Ángel saca una botella de buen vino blanco del que a mí me gusta para comenzar la velada. A mí el vino me sube especialmente la libido y con el estado de excitación que tenía era previsible y el efecto sería significante. Siempre había sentido una atracción especial por Luis, y ese día en particular, entre mi deseo, el vino y que le vi más atractivo que nunca, tuve un deseo irremediable de que me poseyese. Nos sentamos a la mesa, noto como mi tanga se ha humedecido, cruzo la mirada con Luis y noto un brillo especial en sus ojos, ¡¡¿se abra dado cuenta d mi deseo?!!  Hago que se cae la servilleta, le tengo enfrente y miro su entrepierna de la cual veo como un bulto predomina en su pantalón, me incorporo y le vuelvo a mirar, solo con la mirada me posee. ¿Que podíamos hacer para poder apagar ese fuego sin que nuestras parejas se enterasen?  Pararía el tiempo alrededor de Ángel y Claudia para poder hacerle el amor a Luis de una forma salvaje.

En ese momento llaman a Claudia por teléfono, su madre se ha caído han de llevarla al hospital, ella con un enorme estado de nervios no puede conducir, Luis ha ingerido demasiado vino, con lo cual Ángel se ofrece a acompañarla. Nos quedamos solos, ardiendo d deseo. Yo llevo un vestido muy corto, y solo el tanga debajo. Luis se acerca a mí, mete su mano ligeramente en mi entrepierna, al sentir la humedad que tengo le ha provocado un gemido. Su deseo de p********e se hace evidente, el pantalón le aprieta cada vez más. Me coge en brazos, me pone sobre la mesa, me quita el tanga y se la libera, desea tanto p********e que no da tiempo a más. Noto su miembro viril dentro d mi palpitante, duro, húmedo y no puedo más que estallar d placer, le muestro mis pechos para que se excite más aun, sé que le atraen, de manera que me p*****a tan profundo que en ese momento siento como cada parte de mi cuerpo se estremece de placer a golpe de deseo. Dios que excitante momento. Se corre dentro de mí al tiempo que yo me acaricio los pezones y no puedo más q decirle al oído gracias por este momento d placer.


Roció Valenzuela & Miguel Ángel Sánchez

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