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La Visita (Parte V)

por
Manuel Paleteiro Ortiz


TERCER DÍA DE LA ASAMBLEA GENERAL

A Mant tuvieron que despertarlo sus congéneres a base de zarandeos, lo levantaron medio a rastras y le dieron a tragar una píldora que debía ser algún reconstituyente porque en diez minutos se le veía fresco como una rosa. Cuando entraron en el edificio de la Asamblea todos los asistentes miraban a Mant y Biog con gesto divertido, cuchicheando entre ellos y riendo por lo bajo con disimulo; todo Paris se había enterado del episodio nocturno del Lido.

El presidente, con varios golpes de mallete, pidió orden en la sala y las voces se acallaron, el murmullo descendió hasta desaparecer y se hizo el silencio. Con voz solemne y estentórea anuncio:

- Buenos días. A continuación damos comienzo a la tercera sesión asamblearia en la que seguiremos oyendo a los representantes de la embajada de Orlock. La presidente de África, señora Annette Kavira, tiene la palabra.

- Gracias señor presidente -dijo la mandataria africana haciendo una leve inclinación de cabeza. -Por sorteo previo en el turno de preguntas, me ha tocado referir las mías al ámbito médico-científico por lo que, abusando de su amabilidad, invito al médico de la expedición orlockiana señor Mant a responderlas -dijo, acompañando sus palabras de una encantadora sonrisa. El médico orlockiano, sonriente, se levantó de su butaca con diligencia y se situó tras el atril.

- Buenos días a todos. Será para mí un placer responder a cuantas preguntas deseen formularme. Pero antes de comenzar mi intervención quisiera dar las gracias a los representantes políticos terrestres y a sus presidentes nacionales por la amabilísima acogida que nos han venido dispensando y por todas las atenciones que diariamente recibimos aunque, a pesar de que algunas de sus atenciones de anoche eran muy agradables, o bien hicimos un abuso de ellas o no resultaron ser muy recomendables para un orlockiano -aquí el público estalló en una carcajada general que contagió a todos, incluido el presidente de la Asamblea.

- No tiene por qué darnos las gracias señor Mant, somos nosotros los que hemos de estarles eternamente agradecidos por las promesas que nos hacen de un futuro tan sugestivo y halagüeño. Además, después de oír lo que acaba de decir, he de corregir al señor Biog que nos aseguraba en la primera sesión que los orlockianos no conocían la risa abierta de los humanos pero olvidó mencionar que tienen un gran sentido del humor -contestó la presidente Kavira con una amplia sonrisa, al tiempo que hacía con las manos un ostensible gesto de imitación de aplauso que evidenciaba su sinceridad y admiración. -Pues, si le parece bien, empezamos: Señor Mant, llevan ustedes estudiándonos tanto tiempo que conocen nuestra naturaleza mejor que nosotros mismos; en compensación ¿podría describirnos algunos detalles y características de la suya y, especialmente, las de su hermafroditismo?

- Sí señora, con mucho gusto, si bien, para una mejor comprensión de alguno de los conceptos que voy a manejar en relación con la naturaleza orlockiana, me van a permitir que lo vaya haciendo en forma comparativa con la naturaleza terrestre.

La biología orlockiana no difiere de la humana salvo por nuestro hermafroditismo; a excepción de nuestro aparato reproductor, nuestras anatomía, fisiología y homeostasis son idénticas a las suyas. Las variaciones genéticas de nuestra población a lo largo del tiempo se han producido de una forma paralela a la suya, si bien las variaciones biológicas relacionadas con el clima, que en ustedes han sido muy acusadas, dando como resultado una gran variedad de razas, en nosotros han sido nulas, dado que nuestro clima es más suave y uniforme que el suyo a nivel planetario, por lo que en Orlock solo existe una única raza. Analizando nuestras características biológicas con las suyas, podemos observar a simple vista que ambos tenemos una constitución similar, es decir, una cabeza con dos ojos, dos oídos y una boca, un tronco y cuatro extremidades terminadas en cinco dedos; estos rasgos comunes a casi todas las especies dominantes que existen en la galaxia porque son constantes universales de la Naturaleza que la más hábil herramienta orgánica sea una mano dotada de cinco dedos, que la mejor visión de un mundo físico volumétrico y espacial se obtiene con la visión binocular ya que, gracias a que tenemos dos ojos, podemos tener la sensación de estereopsis, o que la mejor percepción del mundo sonoro que nos rodea sea la audición estereofónica, que requiere una menor amplificación y de la que resulta un sonido más agradable y con menos molestias de ruidos ambientales. Todo esto no es casual, se debe a que todos tenemos un origen común. Lo primero que se observa en cada mundo que contiene vida orgánica, ya sea inteligente o no, es la presencia de grandes masas de agua; así pues, ahí está el inicio. Excepcionalmente, puede haber vida orgánica donde no hay agua pero no prolifera gran cosa. No pasó mucho tiempo, tras la formación espontánea del Universo, para que en aquellos planetas que disponían de agua, aparecieran los primeros indicios de vida, bien porque llegó del exterior viajando en meteoritos o bien porque se formó en el propio planeta a partir de materia inorgánica. Científicamente, está claro que todas las especies de cualquier planeta de nuestra galaxia tienen un origen común; lo que viene después, en cada planeta, son millones de combinaciones que dan lugar al nacimiento de millones de especies de las que, mediante una selección natural, unas se desarrollan a lo largo del tiempo aprovechando aquellas condiciones planetarias que le son favorables y otras no prosperan al no encontrar esas condiciones y se extinguen. A lo largo de eones, después de miles de millones de ensayos con resultado de miles de millones de fracasos y de especies extinguidas, la Naturaleza encuentra casualmente la biología homínida, que resulta ser un rotundo acierto para desarrollarse y prosperar en un planeta con las condiciones físicas de la Tierra; posteriormente, el cerebro de uno de estos homínidos evoluciona hasta niveles superiores y aparece la biología humanoide, que se convierte en la especie dominante del planeta. Donde hay una especie dominante con una biología humanoide hay un planeta del tipo Tierra u Orlock.

La inteligencia orlockiana no difiere de la humana en nada. Nuestros cerebros tienen aproximadamente la misma capacidad craneal, de unos mil quinientos centímetros cúbicos, tenemos el mismo nivel de pensamiento abstracto e idénticas capacidades, aptitudes y habilidades; su inteligencia natural psicométrica es algo superior a la nuestra, en cambio, nuestra inteligencia social es superior a la suya. De hecho, cada vez que hemos tenido ocasión, hemos medido el cociente intelectual en algunos individuos humanos y hemos comprobado que sus valores son similares a los nuestros. La única diferencia que hemos encontrado entre nuestras respectivas inteligencias, comparando las distintas cualidades psíquicas y sus respectivos grados de desarrollo, es que la de ustedes está más y mejor conformada para un uso lúdico y la nuestra, en cambio, lo está para un uso práctico; incluso coincidimos en las mismas condiciones de lateralidad que se dan en nuestros respectivos cerebros ya que, al igual que en ustedes, nuestro hemisferio cerebral izquierdo domina aspectos como el lenguaje, la solución de problemas lógicos y el pensamiento analítico, mientras que en el hemisferio derecho destacan la comprensión espacial, musical o el dibujo; y además, el potencial de creatividad de cada hemisferio es idéntico al suyo. La diferencia de nivel que existe entre nuestras respectivas ciencias y tecnologías no se basa en nuestras capacidades intelectuales sino en el factor tiempo; hemos tenido más tiempo para estudiarlas y desarrollarlas que ustedes, ya que nuestra especie es muchos milenios más vieja que la suya.

La longevidad que hemos alcanzado duplica la suya pero, al igual que la inteligencia, no depende de nuestra biología sino de nuestros avances científicos. En los últimos trescientos cincuenta años ustedes han duplicado su esperanza de vida, alcanzando los ciento veinte años, gracias a sus avances en medicina; nosotros, después de más de trescientos mil años de evolución técnica y científica, hemos alcanzado una esperanza de vida de doscientos sesenta años, que suponen unos cuatrocientos ochenta de los suyos. Si comparamos sus avances con los nuestros, proporcionalmente a los tiempos transcurridos, se aprecia claramente que nuestros avances se han producido con más lentitud que los suyos. Para alcanzar esta longevidad, cada doce años sumergimos nuestros cuerpos en una especie de baño de líquido amniótico, que también inunda interiormente nuestros aparatos respiratorio y digestivo, durante un mes de los nuestros -casi dos meses de los suyos-, y durante ese tiempo recibimos respiración y alimentación asistidas a través de la válvula que ven ustedes en nuestros ombligos; este baño contiene tejidos autólogos que nos reparan, reemplazan o regeneran los tejidos dañados o enfermos y nos restauran las funciones orgánicas dañadas, así como los traumatismos y el envejecimiento celular. La válvula umbilical se nos inserta al nacer mediante cirugía, al tiempo que nuestro cordón umbilical es convenientemente troceado y congelado, junto con una dosis de nuestra sangre, a fin de obtener los tejidos autólogos -sangre y células madre- que posteriormente se van utilizando en la composición del baño amniótico personalizado para cada individuo. Cuando salimos del baño, al cabo de un mes, nos encontramos regenerados y rejuvenecidos.

En lo que se refiere a la fertilidad y la reproducción, nosotros somos fértiles durante tres días al año, durante los cuales nuestra libido está activa y se manifiesta con una potencia muy superior a la de ustedes ya que, para asegurarse de que se produce el embarazo, nuestra naturaleza nos obliga a copular cada dos horas; durante este periodo la pareja no se alimenta por lo que, una vez finalizado el periodo fértil, la pareja está extenuada y necesita un par de días para recuperarse. El embarazo dura once de nuestros meses, es decir, unos dos años de los suyos, y cuando se produce el parto el neonato está completamente desarrollado y es capaz de caminar e incluso correr pasados unos días. Podemos quedarnos embarazados a voluntad y esta facultad nos permite planificar el número de hijos que queremos tener y cuando tenerlos, sin riesgo de traer al mundo a un hijo no deseado; también se puede dar lo contrario, es decir, que deseemos un hijo y no se nos permita tenerlo en razón a nuestro estricto control de natalidad. En cambio, sí existen algunas diferencias entre nosotros en lo que se refiere a la atracción sexual y al enamoramiento. En ustedes, la atracción física-sexual se presenta como un proceso de generación de actitudes positivas hacia una persona, favorecida porque tal persona posee o muestra determinadas características físicas y sexuales deseables. Es una atracción surgida de la sinergia entre el interés que el aspecto físico genera en la otra persona y el deseo fisiológico sexual. En última instancia, se trata de impulsos sexuales indiscriminados que les empujan a buscar pareja sexual y que se transforman, posteriormente, en una atracción sexual selectiva por individuos concretos. Entre nosotros, la atracción sexual no siempre implica la existencia de una atracción sentimental o romántica, como dirían ustedes, que nos haga desear vehementemente el copular con otra persona determinada. Bien es verdad que compartimos con ustedes algunos de los estímulos que les producen atracción sexual, como pueden ser una agradable percepción visual de la figura de la otra persona o el timbre de su voz o el olor de su cuerpo, para nosotros estos atractivos no pasan de ser meros mecanismos impulsores del deseo y nunca son factores determinantes para una unión amorosa persistente. Nosotros elegimos pareja basándonos en otras características menos prosaicas, así, por ejemplo, valoramos mucho la inteligencia, la oratoria, la bondad o el ingenio.

En cuanto a la moral, he de decirles que nuestras relaciones personales entre individuos se rigen exclusivamente por la ley moral natural y en nuestras relaciones sociales no reconocemos más derechos que el derecho natural. En ustedes también está presente la ley moral natural pero, antes de la mutación de su gen MAO-A, nos resultaba insólito ver cómo, teniendo todos los humanos la misma naturaleza, con la única diferencia del color de su piel, cada raza complementaba los preceptos morales naturales con otras muchas normas de base étnica, social o religiosa, que daba como resultado que aquello que en una sociedad era honesto en otra se considerara inmoral. Cada grupo étnico humano adopta unos conceptos y creencias sobre la moral distintos a los demás y regula el comportamiento de sus miembros de acuerdo a su cultura o su religión, considerando sus propias costumbres como virtuosas y calificando a las ajenas como perniciosas. Todo es producto de su extraordinario libre albedrío. Nosotros, en cambio, somos bastantes deterministas y tenemos el libre albedrío muy limitado: solo podemos aplicarlo en acciones muy superfluas, como elegir que comemos hoy o que pieza musical escucharemos por la tarde. Nosotros nunca tomamos decisiones trascendentales, porque nunca nos planteamos dilemas; nuestra capacidad analítica nos hace ver de forma inconsciente, pero claramente determinante, las circunstancias que rodean a cualquier asunto y, consecuentemente, siempre hacemos lo único que a nuestro entender se puede hacer: la respuesta a cualquier problema siempre la tenemos clara o, como dirían ustedes, la solución “no tiene vuelta de hoja”, o sea, que si dos orlockianos se enfrentan al mismo problema, ambos le darán invariablemente la misma solución. En términos de comportamiento moral podríamos decir que nuestra naturaleza nos obliga a ser objetivistas, ya que para nosotros la única forma de alcanzar la moralidad es por medio del uso de la razón y la aceptación de la realidad en forma objetiva, independiente de la percepción que tengamos como ser vivo. Entendemos como estándar de la moral aquello que es bueno para el sostenimiento, sustento y realización de la vida del ciudadano como individuo, y a lo opuesto como inmoral; así pues, nuestro código moral objetivo y universal está basado estrictamente en la razón. Y en lo que se refiere al comportamiento social nos definiríamos como anarquistas dado que tratamos a los demás de igual forma a como deseamos ser tratados. Los orlockianos nos consideramos todos iguales y, como quiera que para nosotros la igualdad equivalga a equidad, no concebimos que un ciudadano pueda ser violentado, engañado, explotado o gobernado por otro ciudadano que es su igual.

Ahora quisiera hablarles del alma colectiva de los orlockianos, aunque en realidad no haya mucho que decir. Empezaré por hablar de la suya a fin de establecer al final una comparativa con la nuestra. Un humano de raza negra y un humano de raza blanca, aún en el caso de que fueran grandes amigos, sienten que tienen mucho en común y, a la vez, sienten que son distintos, pero si ambos entran a formar parte de un grupo que defiende intereses comunes frente a otros grupos, ambos olvidarán sus diferencias y desarrollarán una conciencia colectiva que les unirá con un fuerte vínculo y hará que sientan, piensen y actúen de forma muy diferente a como lo venían haciendo individualmente. En un grupo humano el individuo tiene un sentimiento de poder invencible: el hombre deja de lado sus responsabilidades ya que los sentimientos le unen a una masa que se expresa de forma anónima; el individuo al entrar en el grupo queda subordinado a condiciones que hacen desaparecer en él la conciencia moral del ser humano, tanto para lo bueno como para lo malo. El interés colectivo pasa a ser lo más importante. Los actos y los sentimientos serán contagiados al individuo, que sacrificará de forma inconsciente sus gustos y costumbres por el interés colectivo. El Yo deja de existir para crear un Nosotros. La masa no existe sin un líder que presente cualidades, tales como una fuerte personalidad, una creencia marcada y una fuerte voluntad. Los grupos colectivos se sienten atraídos por el prestigio que presenta el líder y si el jefe perdiese este prestigio decepcionaría a la masa, ya que el prestigio no lo tiene cualquiera, por eso los grupos colectivos se dejan hipnotizar por este. Otra característica negativa que hay que resaltar es que los grupos colectivos humanos al unirse a la masa, presentan un bajo rendimiento intelectual, al no ejercitar su mente por sí mismos. Ustedes han establecido como base de su democracia que la mayoría siempre tiene la razón, sin tener en cuenta que el hecho de que una mayoría coincida en un determinado punto de vista no significa que sea necesariamente la opinión correcta; la falta de información, el peso de los intereses de cada grupo o la ausencia de suficiente reflexión pueden hacer predominar ideas equivocadas.

Así pues, para ustedes la psicología de masas no es más que la relación de sus individuos con su medio. Para nosotros también es así, pero como quiera que un orlockiano siente que forma parte del medio que le rodea y no lo ve como algo ajeno con lo que tiene que convivir, ya que se considera a sí mismo como una célula más de la naturaleza, considera que su relación con el medio es una relación consigo mismo. En Orlock no hay otros grupos; nuestra sociedad constituye en sí misma un único grupo del que todos formamos parte, por lo que nuestra conciencia colectiva solo puede confrontarse a las conciencias de otras sociedades extraplanetarias con las que no convivimos habitualmente. Contrariamente a lo que ocurre con las sociedades terrestres, que por proximidad se influyen unas a otras, la nuestra, instalada en un perfecto aislamiento social, ha quedado al margen de contagios e influencias externas; siendo como somos de naturaleza reflexiva, no presentamos algunas de las características negativas que se observa en los grupos humanos, tales como la impulsividad, la inconsciencia, la acrítica o la credulidad; y en razón a nuestros sentimientos, que en nosotros se muestran bastante firmes y realistas, tampoco hemos sido afectados, como en las sociedades humanas, por la influenciabilidad, la volubilidad o una falsa ilusión sobre lo real.

Otras características propias de las sociedades humanas, como la discriminación fisiológica o social, la piedad, el arte, la domesticación de animales, la tenencia de mascotas, el culto a las deidades o a determinadas personalidades, son sentimientos que, o bien son incompatibles con la naturaleza orlockiana, o bien desparecieron de nuestra sociedad hace miles de años.

Cultivamos las ciencias y nos encanta el estudio de las lenguas extranjeras. Podemos hablar con todos los habitantes de los más de ciento veinte mil planetas habitados que conocemos en la Galaxia, gracias a que contamos con nanotraductores simultáneos que contienen en sus bases de datos los novecientos cuarenta mil idiomas hablados en la misma. Estos nanotraductores, que los llevamos implantados en el hemisferio izquierdo de nuestros cerebros y conectados a las áreas del lenguaje, identifican automáticamente el lenguaje que estamos oyendo, haciendo que lo oigamos en nuestro propio idioma, y nos obliga a dar las respuestas en el idioma que escuchamos, articulándolas en palabras u otra clase de sonidos. Para su información, les diré que nuestro idioma se compone de una mezcla al cincuenta por ciento de palabras articuladas y de sonidos guturales.

Y en respuesta a su interés por conocer nuestro hermafroditismo, empezaré diciéndoles que nuestra especie no surgió en Orlock siendo hermafrodita desde el primer día, sino que el hermafroditismo se manifestó en nosotros hace dos millones de nuestros años -casi cuatro millones de los suyos- como una mutación de defensa ante el riesgo de extinción por la escasez de individuos que por entonces presentaba nuestra especie unisexual y por la gran dificultad que esta escasez suponía para encontrar pareja. Nuestro hermafroditismo no es funcional, es decir, no podemos autofecundarnos; somos vivíparos de fecundación interna y para que esta tenga lugar es necesario el apareamiento de dos individuos. Somos lo que ustedes llaman hermafroditas verdaderos ya que presentamos ovarios y testículos; nuestros órganos genitales externos cuentan con estructuras masculinas y femeninas y nuestro aparato reproductor produce gametos masculinos y femeninos, es decir, tenemos la capacidad de producir óvulos y espermatozoides al mismo tiempo. Genéticamente, la mayoría de nosotros tenemos en cada célula dos cromosomas X, por lo que deberíamos ser mujeres si bien, a pesar de que carecemos del gen SRY, otros genes actúan asumiendo sus funciones y provocando la formación de los testículos. Si alguno de sus científicos tiene interés en profundizar en este tema con mucho gusto atenderé sus preguntas al finalizar la sesión, ya que si lo hiciéramos desde aquí es seguro que someteríamos a la concurrencia a un mortal aburrimiento.

En otro orden de cosas deben saber que su atmósfera es un tres por ciento más rica en oxígeno que la nuestra por lo que, después de realizar estancias prolongadas en su planeta, sobreexpuestos a la misma, tenemos que someternos a una limpieza de radicales libres; en cambio, dado que Orlock se encuentra mucho más alejado de nuestra estrella Saag que la Tierra de vuestro Sol, recibimos muchas menos radiaciones ionizantes que ustedes, razón por la cual en la Tierra tenemos que utilizar una protección contra las mismas. Esto que ven ustedes no es nuestra piel sino un revestimiento de protección que se autorregula contra las radiaciones ionizantes, que controla la temperatura y la transpiración de nuestro cuerpo y nos protege contra infecciones, ya que puede reconocer cada virus o bacteria que llega hasta ella y solo deja pasar a las que son beneficiosas para nosotros.

De las novedades que irán recibiendo en el futuro, sin duda, las más revolucionarias serán las que se relacionan con la medicina ya que, al estar nuestros cuerpos constituidos también por una estructura biológica con base de carbono, la mayoría de nuestros avances médicos son igualmente aplicables a su naturaleza humana; de todas ellas, sin duda, las de mayor envergadura serán aquellas técnicas curativas que se relacionan con la memoria del agua, que ustedes la estuvieron estudiando como teoría a finales del siglo XX y durante bastantes años del siglo XXI, hasta que fue desestimada por la fuerte oposición de su comunidad científica y por el desprestigio que sufría todo aquel científico que la tocaba. Todos estos nuevos conocimientos médicos vendrán a darle al hombre una larguísima esperanza de vida.

En cuanto a nuestra vida emocional, también presentamos algunas diferencias con ustedes: nuestro sentido del humor no es tan vivo como el suyo y no conocemos la risa tal como la conocen ustedes. A nosotros no nos asalta ese movimiento convulsivo cuando algo nos alegra, solo llegamos a la sonrisa cuando sentimos la alegría con mucha intensidad. Podemos sentir la alegría con muy fuerte intensidad en el pecho y en el vientre como una sensación de cosquilleo agradable y, a veces, acompañada de una ternura emocional que hace que abracemos a la persona que nos la provoca. Tampoco hacemos planes de futuro para nuestra vida, solo deseamos la felicidad inmediata. Vivimos el día a día haciendo aquello que nos gusta: estudiamos porque nos gusta y trabajamos porque nos gusta no para labrarnos un porvenir. No conocemos el dinero y no ambicionamos poseer cosas. El concepto de posesión es extraño para nosotros. No concebimos que alguien pueda tener dos objetos iguales impidiendo tener uno a quien carece de él.

En lo que respecta a la comida, les diré que en Orlock no hay restaurantes. Nos apasionan los sabores dulces y sí conocemos la gula, pero sin llevarla a cotas humanas; hace ochenta mil años que nuestra comida es muy rica en sabores pero es sintética y suele llevar casi siempre un componente de efecto saciante por lo que nunca comemos en demasía. Aun así tenemos algunos casos, no muy frecuentes, de adictos a la comida.

Y ya, para terminar, les haré una reflexión sobre nuestro planeta que es perfectamente aplicable al suyo. Hace decenas de miles de años, cuando alcanzamos el nivel de conciencia planetaria que tienen ustedes ahora, nos dimos cuenta de que el planeta era algo más que una roca que viajaba por el espacio transportando a seres vivos que lo parasitaban. Observamos y comprobamos científicamente que la vida sobre Orlock no era el simple resultado de un proceso casual iniciado a partir de algunos compuestos orgánicos que llegaron del espacio viajando en meteoritos o tal vez la formación, en el propio planeta, de estructuras complejas a partir de moléculas orgánicas sometidas a determinadas condiciones ambientales. Observamos que en Orlock, como en la Tierra y en miles de otros planetas con características similares que albergaban vida orgánica, sus atmósferas estaban compuestas de una mezcla de gases inestables que, paradójicamente, permanecían estables desde hacía millones de años. Durante mucho tiempo estuvimos estudiando cual podía ser la razón para que la atmósfera se mantuviera durante tanto tiempo regulada y estable, hasta que nuestros mejores científicos, después de incontables pruebas y ensayos en Orlock y en otros planetas, llegaron a la conclusión de que aquella razón no era otra que La Vida. La vida condiciona el medio ambiente y éste condiciona la vida. Vida y medio ambiente unidos en una sola naturaleza, ya sea la de la Tierra (o mejor, digamos Gaia), la de Orlock o cualquier otra. La vida, transformando la biosfera, fomenta y mantiene unas condiciones adecuadas para sí misma, afectando al entorno. ​ La atmósfera y la parte superficial del planeta Tierra se comportan como un todo coherente donde la vida, su componente característico, se encarga de autorregular sus condiciones esenciales tales como la temperatura, la composición química y la salinidad en el caso de los océanos. Gaia se comporta como un sistema auto-regulador que tiende al equilibrio. Este sistema, que concibe el planeta como un ser “vivo”, afirma la necesidad de un cambio de visión para que el humano y la Tierra caminen en la misma dirección.

El señor Mant dio por terminada su disertación con un “muchas gracias por su atención” y miró al presidente de la Asamblea que, dando un golpe con el mallete dio por terminada la sesión, convocando a la cámara para mañana a las nueve, hora a la que tendría lugar la votación general para decidir el ingreso de la Tierra en la Federación Galáctica.

Mientras el público y los diputados evacuaban ordenadamente la gran sala y las gradas, los presidentes nacionales, el presidente de la Asamblea y la delegación orlockiana fueron conducidos a una salita contigua donde se había preparado una mesa cubierta de platos y bebidas para obsequiarles con un refrigerio.

Era ya pasado el mediodía  y los reunidos charlaban amistosamente sosteniendo en sus manos alguna copa; el francés Boyer y el ruso Semiónov tomaban una copa de Jerez y formulaban algunas preguntas al embajador Jarch, que de vez en cuando tomaba un sorbito de vino dulce francés al que se habían aficionado los orlockianos, sobre uno de los puntos del pliego de condiciones de la Federación Galáctica, referente a los viajes obligatorios que tendrían que hacer en nombre de la Agrupación Local del Brazo de Orión, y que había sido discutido largamente por sus respectivos gobiernos; la venezolana Elena Zaldívar y el hindú Shankar Nehru tomaban cerveza y discutían con el sociólogo Biog sobre la superpoblación de Indoaustrasia y los posibles remedios paliativos a aplicar; la congoleña Annette Kavira y el doctor Mant bebían agua mientras departían animadamente sobre problemas de alimentación, y el español Buendía, sosteniendo con elegancia por su pie una copa de vino de Rioja,  le pedía al físico Abrong que le volviera a explicar aquello de plegar el espacio porque no le había quedado claro.

Habrían pasado unos quince o veinte minutos cuando el embajador Jarch, interrumpiendo con un gesto de su mano al presidente Boyer que hablaba en ese momento, alargó su dedo índice de la mano derecha hasta un punto situado detrás de su oído derecho y se apartó como a un metro de distancia de sus dos interlocutores. Al cabo de un minuto volvió hasta ellos, que habían quedado en suspenso sin saber exactamente que le ocurría, y les explicó:

- Les ruego me perdonen pero acabo de hablar con el capitán de mi nave, señor Anka, que me ha llamado para comunicarme una incidencia -la comunicación se había producido a través de un intercomunicador que Jarch llevaba implantado detrás de su oído y que, conectado a su cerebro, transmitía telepáticamente, sin necesidad de voz. Al parecer, algo extraño está ocurriendo en el sistema solar de Ross 128 y, más concretamente, en el planeta Ross 128 b. Me veo obligado, a mi pesar, a abandonar su grata compañía y acudir a mi nave para recabar más datos y analizar el problema con mi tripulación. Les pido por favor que me excusen.

- No debe preocuparse señor Jarch -intervino Semiónov- Ahora mismo daré orden a mi chófer para que venga con la limusina y les conduzca a todos ustedes a su nave. Si le parece, seguiremos toda la tarde en contacto y ya me irá diciendo a qué hemos de atenernos.

- Muchas gracias Mijail, le llamaré luego y le mantendré informado.

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