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La Visita (Parte IV)

por
Manuel Paleteiro Ortiz

SEGUNDO DÍA DE LA ASAMBLEA GENERAL

La gran sala estaba a rebosar y el bullicio era ensordecedor. Se habían repartido trescientas invitaciones más que el día anterior y en el graderío de las plantas altas no cabía ni un alfiler. Además de los periodistas, científicos, ingenieros, psicólogos y los personajes más destacados de la vida social, no solo parisina sino del mundo entero, habían acudido a presenciar la sesión una gran cantidad de pequeños comerciantes y ciudadanos de a pie que se abigarraban en las gradas, llenando los pasillos y el fondo de los voladizos. Había cámaras de televisión holográficas por todos lados y en el exterior se agolpaba una multitud que observaba lo que ocurría dentro a través de pantallas tridimensionales distribuidas por los parques y jardines aledaños al edificio.

A las nueve de la mañana en punto el presidente de la Asamblea dio tres fuertes golpes con el mallete que, amplificados por los altavoces, llenaron toda la sala y enmudecieron al público, creando un denso y espeso silencio al tiempo que ocupaban sus butacas. Cuando todos los asistentes hubieron tomado asiento, el presidente tomó la palabra:

- Buenos días a todos. Vamos a dar comienzo a la segunda sesión asamblearia en relación a la visita de la embajada de Orlock y a sus propuestas para el ingreso de nuestro planeta en la Federación Galáctica. El presidente de Nueva Rusia, señor Mijail Semiónov tiene la palabra.

El presidente Semiónov, que era un ucraniano de mediana edad que de joven se había licenciado en Física, si bien nunca ejerció su profesión por haberse dedicado a la política, fue el elegido para dirigir las preguntas destinadas a su colega, el físico orlockiano Abrong.

- Buenos días señor Abrong. Esperamos que su primer día en París les haya resultado grato y que, tanto usted como sus compañeros, se hayan encontrado cómodos. Y ahora, si está preparado, nos gustaría conocer algunos datos físicos de su planeta y en que terrenos del campo de la física han pensado ustedes empezar a ayudarnos.

- Buenos días señor Semiónov. Con mucho gusto contestaré a esta su primera pregunta y le ruego que si, en cualquier momento de mi explicación, hay algo que no entienda, no dude en interrumpirme para aclarar la duda antes de continuar.

Empezaré diciéndoles que Orlock forma parte de un sistema planetario situado en el Cuadrante 108 de la Agrupación Local del Brazo de Orión, presidido por una estrella tipo G0V, como la suya, a la que llamamos Saag, con una edad, una masa estelar y una temperatura efectiva algo superiores a las de su Sol. Estamos situados a una distancia media de doscientos doce millones de kilómetros de nuestra estrella, ocupando la quinta órbita de las nueve que forman el sistema. El día orlockiano tiene una duración de veintiséis de sus horas y nuestro año es de setecientos seis días. El diámetro de Orlock es de seis mil novecientos kilómetros y la superficie de Orlock tiene una extensión aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros, con un veintitrés por ciento de tierra firme y un setenta y siete por ciento ocupada por mares de agua salada como los suyos; siendo esta proporción tierra-agua parecida a la de la Tierra y dado que el eje del planeta solo tiene una inclinación de doce grados respecto al plano de su órbita, que es la mitad de la inclinación del eje de la Tierra, resulta que nuestras estaciones climáticas son menos perceptibles que las suyas y de efectos menos acusados. La temperatura media del planeta es de once grados centígrados y las variaciones de temperaturas no son tan extremas como en la Tierra. Nuestra atmósfera tiene una composición parecida a la suya pero con solo un dieciocho por ciento de oxígeno, un setenta y seis por ciento de nitrógeno, casi un uno por ciento de dióxido de carbono y el resto son gases nobles, entre los que se encuentra el argón en una proporción algo mayor que en la suya; el espesor de la atmósfera de Orlock es ligeramente inferior al de la Tierra, dando una presión atmosférica normal a nivel del mar de novecientos veinte milibares. Naturalmente, en nuestra atmósfera también se producen los mismos fenómenos meteorólogos que en la suya, es decir, nubes, lluvias, tormentas y auroras en los polos. Al igual que la Tierra, Orlock tiene un núcleo metálico en estado de fusión que origina un campo magnético que nos protege del viento solar. Y para terminar con esta sarta de aburridos datos les diré que el planeta está habitado por setecientos cincuenta millones de habitantes, que representa una densidad global de población de veintidós habitantes por kilómetro cuadrado, y que nuestras ciudades son superficialmente muy extensas, dado que no construimos en ellas edificios altos, por tener establecida una densidad de población urbana límite de dos mil doscientos habitantes por kilómetro cuadrado; estas últimas cifras no son casuales ni caprichosas ya que, según nuestros científicos, son las densidades de población ideales para que el planeta no sufra agresiones por la presencia de vida inteligente y para que los ciudadanos disfruten de espacios vitales domésticos y urbanos idóneos y, a fin de no sobrepasarlas, tenemos establecido un estricto control de natalidad.

Me ha preguntado usted que en qué terrenos del campo de la física hemos pensado ayudarles y le tengo que contestar que no lo sé con seguridad; esa será una decisión muy delicada a tomar por el Comité de Desarrollo Planetario, formado por sociólogos y científicos de todas las ramas, que preparará un programa a corto, medio y largo plazo, de las materias que habremos de ir transfiriéndoles, entendiendo que el corto plazo puede ser los primeros cincuenta años, el medio plazo puede llegar hasta los doscientos años y el largo hasta los quinientos años. El Comité determinará a qué velocidad y en qué orden debemos ir aportándoles los nuevos conocimientos sin sobrepasar sus limitaciones de asimilación de los mismos. Siempre solemos empezar por proporcionar al recién llegado mejores herramientas que le sirvan para mejorar su tejido industrial, como por ejemplo, nuevos materiales sintéticos más ligeros y con mayores resistencias mecánicas, máquinas que aporten mayor velocidad en los desplazamientos y las comunicaciones entre los ciudadanos o sistemas de muy bajo consumo energético que hagan más rápido el transporte de mercancías pesadas y el desplazamiento de las personas, así como ampliar sus conocimientos de medicina y mejorar sus técnicas para la cura de enfermedades y el alargamiento de la vida. En cualquier caso, la velocidad de avance siempre dependerá del nivel de educación y de mentalización que presenten sus ciudadanos en relación con su entorno natural. Y pongo algún ejemplo de lo que les digo: ustedes, hace unos cuarenta años, ya hicieron pruebas de teleportación basadas en la instalación de un colisionador de hadrones que formaba un flujo que, a su vez, generaba un portal de agujero de gusano a través del cual se producía la transportación, que llegó a funcionar, si bien tuvieron que desistir de seguir adelante porque el proceso limitaba la teleportación a distancias muy cortas, además era muy inestable y el transporte resultaba defectuoso y, consecuentemente, inseguro y peligroso. Nosotros les enseñaremos a hacerlo de forma absolutamente segura, mediante un teletransportador materia-energía-materia, al que designamos TLTPeme, que puede transportar pequeños objetos y seres vivos, en distancias cortas, a través de cable o fibra óptica y, cuando se trata de objetos de grandes dimensiones o largas distancias no superiores a los sesenta kilómetros sin obstáculos, a través de ondas de muy alta frecuencia. He de advertirles que la psique de algunas personas no tolera la teleportación y que, en caso de que esta se lleve a efecto, esta persona puede sufrir un serio shock traumático. Ustedes observarán que cuando hacemos una teleportación, la máquina proyecta primero un intenso haz fijo de luz blanca y después el haz de luz se hace parpadeante, pues bien, durante los segundos que dura el haz de luz fijo, nuestra máquina de teletransportación analiza instantáneamente a la persona que va a teleportar y si detecta la existencia de este problema se negará a teleportarla. Así pues, es posible que a la vista de los informes favorables que pudieran emitir nuestros psicólogos, tras efectuar los necesarios análisis psicológicos a un determinado segmento de la población, el Comité nos autorice a aportarles esta técnica, quizás imponiendo algunas condiciones restrictivas en su uso. Pero lo que sí puedo decirles, casi con entera seguridad, es que se autorizará el empleo de nuestra técnica de transporte de alta capacidad de energía a través de ondas de muy alta frecuencia con el fin de eliminar las grandes líneas de trasporte eléctrico que discurren por sus campos agrediendo tanto al paisaje como a la flora y la fauna que se cruza en sus trazados. Ustedes han estudiado durante bastante tiempo esta técnica sin llegar a la solución definitiva y ya el señor Nicola Tesla a finales del siglo XIX propuso un sistema de transmisión de energía sin cables basado en la conductividad eléctrica de la tierra que, si bien es posible su realización, no es nada bueno para el planeta cuando se trata del transporte de altas densidades de energía.

Y ahora quisiera hablarles de un asunto de gran importancia y trascendencia que creo que van a entender perfectamente. A nivel planetario, ya han alcanzado ustedes un sentimiento de rechazo visceral hacia los actos violentos, cualesquiera que sean sus manifestaciones o formas, y han aprendido a amar y respetar la vida, entendiéndola como un sagrado impulso motor del Universo. Ahora solo les falta descubrir que su planeta es un ser vivo y deben tratarlo como tal. No estoy comparando su planeta con un ser biológicamente vivo que nace, crece, se reproduce y muere; el término “vivo” lo utilizo para referirme a algo que está activo y que, aun sin tener un cerebro inteligente, funciona prosperando siempre en una determinada dirección favorable. Si miramos atentamente el planeta como un ente global, observaremos que en él se dan unos fenómenos que no son ni casuales ni aleatorios sino que aparecen concatenados y que, frente a las agresiones que sufre, ya sean naturales o provocadas por el hombre, presenta una evidente capacidad de reacción para su autoprotección y para la autorregulación de sus funciones, que hace que lo veamos como un superorganismo. Es una percepción esencialmente fisiológica que no se ocupa de las partes del planeta por separado sino que centra su atención en la totalidad del sistema con una visión global del mismo. Es fácil ver que las evoluciones biológica y geológica del planeta son dos procesos íntimamente relacionados entre sí que prosperan apoyándose mutuamente.

Con todo esto quiero decir que, de igual forma que el sentimiento de rechazo hacia la violencia ha dado lugar a la protección a ultranza de la flora y la fauna de su planeta y al nacimiento de unos sentimientos de protección hacia ellas, es necesario que afloren los mismos sentimientos pero referidos también al mundo inorgánico, es decir, hacer extensivos estos sentimientos de protección a las aguas de los ríos y los mares, al aire y a los suelos, desde la superficie hasta el núcleo del planeta. Deben hacer un esfuerzo y dedicar sus pensamientos al planeta entero viéndolo como un organismo del que formamos parte todos; ustedes como elementos más próximos e inmediatos y nosotros, con el resto de la galaxia, como elementos más alejados pero igualmente conectados a él. La Tierra no deja de ser una célula más del gran organismo que constituye la galaxia y cuando esta célula enferma todo el organismo se resiente.

Ustedes tienen todavía una industria extractiva, con explotaciones a cielo abierto y con minas subterráneas, que hieren profundamente a la Tierra obligándola a un proceso lento de autorrestauración que puede durar cientos de miles de años, por lo que es posible que el Comité autorice a que les desvelemos algunas de nuestras técnicas de materialización mediante condensación energética a fin que abandonen, cuando menos, las explotaciones mineras subterráneas por ser las más dañinas. Estas nuevas técnicas les permitirán, mediante procesos inducidos de condensación de energía, obtener materiales primarios, con las características que deseen, para su empleo en la fabricación de objetos de todas clases. Así es como irán liberando poco a poco a la Tierra de la agresión a que la han sometiendo durante los últimos diez mil años.

Y otra técnica que posiblemente sea autorizada desde el principio sea la del antigravitor. Cuando les revelemos la teoría cuántica de la gravedad, a la que ustedes llevan muchos años dándole vueltas sin llegar a una conclusión, a pesar de que conocen desde hace más de doscientos cincuenta años la existencia del bosón de gauge que llaman gravitón y su antipartícula, el antigravitón; cuando comprueben su simplicidad, estarán en condiciones de fabricar de forma inmediata un antigravitor. Nosotros, a lo largo de varios miles de sus años, hemos perfeccionado el nuestro hasta obtener una eficacia muy cercana al cien por cien y reducido su volumen hasta convertirlo en un pequeño aparato del tamaño de una mano que puede adherirse a una carga de cien toneladas y obtener un peso aparente de siete kilos. El antigravitor les permitirá, sin apenas gasto de energía, elevar sus naves hasta el espacio exterior o transportar grandes y pesadas cargas a lo largo y ancho de su planeta, pudiendo también tener aplicaciones más prosaicas o domésticas, como poder cambiar de sitio un pesado mueble por un solo individuo o permitir el desplazamiento de personas impedidas. ─Aquí el físico Abrong hizo una pausa y miró al público como buscando algún signo de duda o de que alguien quisiera hacer alguna pregunta o tal vez alguna señal de aburrimiento por parte de la concurrencia, pausa que aprovechó el presidente Semiónov para decir:

- Muchas gracias señor Abrong. Sus explicaciones son extraordinariamente interesantes y nos llenan de ilusión y esperanza de un futuro mejor. Pero, permítame ahora formularle dos nuevas preguntas; una de orden general, para satisfacer la curiosidad de la mayoría, y que consistiría en que nos explicara otros aspectos de su industria que, por ser muy diferentes, fueran interesantes para los ciudadanos, y la otra, de naturaleza más concreta y dirigida a nuestros científicos, sería conocer los fundamentos científicos de sus viajes interestelares y si han conseguido también realizar viajes intergalácticos.

Abrong hizo un gesto de asentimiento al tiempo que dibujaba una tenue sonrisa y continuó:

- Creo que la diferencia que existe entre nuestra industria y la suya es más emocional o anímica que material o sustancial. Nosotros, al igual que ustedes, desde que tenemos memoria histórica venimos respetando profundamente la vida en cualquiera de sus formas o manifestaciones y también, al igual que ustedes, venimos protegiendo a las otras especies de nuestro planeta y del resto de planetas conocidos de la galaxia, ya sean formas de vida animal o vegetal; siempre hemos considerado la vida como un don sagrado y escaso al que hay que cuidar y respetar profundamente. Hace ya ochenta mil años que llegamos a la conclusión que les he explicado antes; sabemos que nuestro planeta, al igual que el suyo, no está biológicamente vivo pero nos comportamos en nuestra relación con él como si realmente lo estuviera. Este descubrimiento marcó a nuestra especie anímicamente para siempre y produjo en nosotros un profundo amor, temor y respeto hacia los planetas que albergan vida, considerándolos a todos los efectos como planetas vivientes.

Una vez llegados al conocimiento de que llevábamos cientos de miles de años viviendo sobre un ser que nos había alimentado, dado cobijo y protegido, y al que habíamos tratado de forma tan ingrata, como si se tratara de algo o alguien extraño y ajeno a nuestra propia naturaleza, entramos en un estado de arrepentimiento colectivo y nos sensibilizamos en la idea de que modificar la estructura de nuestro planeta mediante la violenta agresión que supone el uso de maquinaria pesada es una grave violación y, utilizando un término terrestre, un gran sacrilegio. Así pues, comenzamos a tratar a nuestro planeta como al ser vivo que considerábamos que era y, a fin de detener la continua agresión a la que veníamos sometiéndolo desde tiempo inmemorial, dimos comienzo al mayor plan de estudios científicos y técnicos de toda la historia de Orlock, con el objetivo de descubrir técnicas de condensación energética que nos permitieran fabricar todas y cada una de las materias primas que necesitábamos en nuestras industrias. A medida que avanzábamos en estos estudios e íbamos aprendiendo a fabricar por condensación energética nuevos materiales primarios, también íbamos reduciendo el nivel de agresiones al planeta hasta que conseguimos desterrarlas por completo y alcanzar plenamente una industria primaria no extractiva. Así pues, desde hace setenta y siete mil años, todos los materiales primarios que usamos en Orlock, tanto para la alimentación como para la fabricación de objetos de cualquier tamaño y forma, son producidos mediante estas técnicas.

También les interesará saber que nuestras industrias disponen de materiales con resistencias inimaginables por ustedes; ustedes ya descubrieron las propiedades de algunas formas alotrópicas del carbono y están empleando actualmente los nanotubos CNTs para la fabricación de materiales altamente resistentes; esa es la dirección correcta, pero les queda todavía por descubrir muchas otras formas alotrópicas del carbono con propiedades maravillosas que se las iremos desvelando, junto a otros materiales basados en elementos que aún no conocen, pero sin prisas, a medida que lo vaya autorizando el Comité de Desarrollo Planetario o hasta que se inicien en las técnicas de condensación energética que desplazarían a las demás técnicas basadas en el uso de elementos naturales. Quiero aprovechar para darles un consejo y es que deben armarse de paciencia, o más bien, aprender a ser pacientes. Llevamos estudiándoles tanto tiempo que hemos llegado a conocerles incluso en los aspectos más íntimos de su psicología, pudiendo afirmar que uno de sus principales defectos es la impaciencia; este “síndrome de impaciencia” es el origen del rápido y forzado avance en el desarrollo de sus tecnologías, que da como resultado que se supere la capacidad de asimilación de sus ciudadanos y les lleva al peligroso vicio de “usar y tirar”, convirtiendo a las personas usuarias en auténticos títeres que consumen sin llegar a gozar del auténtico disfrute de cada uno de sus avances técnicos o científicos y que, por añadidura, supone un alto índice de contaminación planetaria y un enorme gasto de energía. A ustedes les gustaría disponer de todos los conocimientos a la vez y dar un salto de cien mil años en unos días pero, créanme, ni ustedes ni nadie tiene esa capacidad de asimilación y eso significaría su destrucción como especie inteligente y desarrollada.

Y ahora hablaremos de viajes. Actualmente ustedes han establecido una base en la Luna y otra en Marte a las que acceden viajando en naves impulsadas por cohetes. En los últimos doscientos años han mejorado notablemente el rendimiento de sus cohetes y de sus combustibles, llegando a alcanzar velocidades de crucero de doscientos cuarenta mil kilómetros por hora, por lo que actualmente emplean unas cuarenta horas en alcanzar su base marciana. Nosotros mejoraremos sus técnicas de impulsión y navegación, dado que estarán obligados a hacer viajes interplanetarios de inspección a lo largo y ancho de todo su sistema solar, que les serán encargados por la Oficina de Control de Sistemas Planetarios y a la que habrán de rendir informes de dichas inspecciones, que suelen ser de una duración inferior a un mes, contando con la ida, la vuelta y quince días de promedio para realizar las labores propias de una inspección técnica o científica rutinaria. En cambio, una de las técnicas que tendrán ustedes que esperar algún tiempo para recibirla es la de los viajes de interestelares. Estos viajes exigen una rígida disciplina mental en los navegantes que ustedes todavía no han desarrollado, necesitando algunos años para adquirirla, y aunque puedan viajar en condiciones óptimas a otros sistemas planetarios como pasajeros, aún no están en condiciones óptimas para visitar nuevos mundos con civilizaciones tan dispares y extremadamente alejadas de la suya. No obstante, les describiré a grandes rasgos los fundamentos de nuestros viajes interestelares, pero antes de darles tal explicación les diré que nosotros, los orlockianos, no hacemos aún viajes intergalácticos porque la Federación Galáctica es muy restrictiva a la hora de otorgar estos permisos; tan solo tres de las civilizaciones más antiguas de la galaxia tienen permiso para realizar estos viajes a las galaxias periféricas de nuestra Vía Láctea.

Como ustedes bien saben, no es posible realizar viajes interestelares mediante naves impulsadas con cohetes ya que, amén de los peligros a los que se vería expuesta la nave, tales como intensas radiaciones letales y los impactos del polvo estelar y de los micrometeoroides, las enormes distancias a cubrir llevarían tiempos tan dilatados que los viajes serías injustificables. Ustedes ya han alcanzado en sus naves impulsadas por cohetes la velocidad límite para esta forma de impulsión, que es de doscientos cuarenta mil kilómetros por hora que, aun reconociendo que se trata de un destacado avance, bien podrían mejorarse implantado otras tecnologías más eficaces, como la propulsión nuclear de pulso, a base de plasma pulsado externo mediante explosiones nucleares generadoras de impulso o mediante la propulsión de pulso con antimateria catalizada o bien mediante motores de fusión por confinamiento inercial y así alcanzar velocidades de hasta quinientos mil kilómetros por hora que, aun así, seguirían siendo insuficientes para realizar viajes interestelares. Tengan en cuenta que la estrella más cercana a su Sol es Próxima Centauri, a una distancia de más de cuatro años luz, a la que tardarían en llegar, en el mejor de los casos, más de nueve mil años en una nave que viajara a una velocidad de crucero de quinientos mil kilómetros por hora; y si quieren encontrar vida inteligente tendrían que viajar aún más lejos.

La relatividad general, que ustedes conocen bien desde mediados del siglo XX, ofrece la posibilidad teórica de los viajes superlumínicos por medio de agujeros de gusano para lo que se requiere la existencia de lo que ustedes han dado en llamar “materia extraña” que, desde esta tribuna, ya les adelantamos que no existe en el mundo real. Por otra parte, la teoría de la relatividad especial ofrece la posibilidad de acortar el tiempo de viaje aparente ya que si la nave se mueve a una velocidad próxima a la de la luz, la dilatación del tiempo relativista haría que el viaje pareciera mucho más corto para el viajero. Sin embargo, además de ser imposible alcanzar esas velocidades con los sistemas de impulsión descritos anteriormente, en el caso de que pudieran alcanzarse, para la gente que permaneciera en la Tierra transcurrirían muchos años hasta que los viajeros volvieran de nuevo y estos se encontrarían con que habría transcurrido mucho más tiempo en la Tierra que el que habrían empleado ellos en el viaje y a la vuelta ya no encontrarían a sus contemporáneos. Resumiendo, les diré que todos los sistemas teóricos de propulsión estudiados por ustedes para los viajes interestelares, tales como la propulsión nuclear de pulso, los cohetes de fusión o los de antimateria, o los sistemas sin cohetes, como los ramjets interestelares o la propulsión con haces de luz, son insuficientes.

La idea de curvar el espacio-tiempo para viajar a velocidad superlumínica encajaba perfectamente en la teoría de la relatividad general y, de hecho, ustedes ya describieron a nivel teórico el motor Warp o de propulsión de curvatura que permitiría desplazarse a velocidad superlumínica sin que la nave viajara a velocidades superiores a la de la luz, sino que sería el propio tejido espaciotemporal el que se deformaría, arrastrando la nave consigo. Esta hubiera sido una solución válida si no fuera porque exigía un extraordinario consumo de energía. La idea de viajar a través de agujeros de gusano, cuya teórica existencia permitiría conectar dos puntos arbitrarios en el universo, ustedes la descartaron, e hicieron bien, por la incertidumbre de eficacia que ofrecían. Y, por último, la idea del viaje a través de un hipotético hiperespacio que se encontrara más allá del Universo y que inundara todo el espacio, por lo que desde cualquier punto del universo se pudiera acceder a él y así, al estar el hiperespacio conectado con todo el espacio-tiempo, el viaje a su través sería instantáneo, ni siquiera fue investigada por sus científicos y solo se utilizó en su literatura de ciencia ficción.

Estas son las teorías que han barajado ustedes con más insistencia en los últimos trescientos años para realizar viajes interestelares, sin resultados. Pues bien, para su asombro, les diré que la auténtica posibilidad de realizar viajes interestelares, que no ha descubierto ninguno de sus científicos hasta la fecha, ya fue imaginada por uno de sus escritores de ciencia ficción del siglo XX; el señor Frank Herbert. Fue este inteligente novelista quien describió la posibilidad de plegar el espacio, proponiendo un sistema híbrido. El señor Herber había acertado; al plegar el espacio-tiempo se crea un nexo entre dos puntos del espacio que permite recorrer la distancia entre ellos en apenas unos segundos. Esta es la solución, si bien el señor Herbert otorgó la capacidad de plegar el espacio a unos navegantes que, consumiendo una droga a la que llamaban especia, adquirían dicha capacidad psíquica; nosotros no utilizamos ninguna droga, aunque nuestros navegantes sí que poseen unas cualidades y aptitudes psíquicas excepcionales.

Tras la intervención del físico Abrong, el presidente de la Asamblea preguntó si había alguna otra pregunta que hacer y, ante el silencio de la concurrencia, cerró la sesión.

Los orlockianos fueron trasladados a su nave, estacionada en el Campo de Marte, acompañados de los presidentes Semiónov, Nehru y Boyer, que se despidieron de ellos deseándoles que tuvieran un buen descanso y acordando recogerles a las ocho y treinta de la noche para ir a cenar, de acuerdo con las costumbres terrestres.

En esta ocasión fueron los cinco presidentes de las naciones de la Tierra y los cuatro orlockianos comisionados los que se reunieron para cenar juntos. Habían proyectado llevar a los visitantes a cenar a Maxim´s, que después de trescientos cuarenta y tres años de existencia aún seguía siendo, además del más antiguo, uno de los mejores y más prestigiosos restaurantes de Paris.

Los orlockianos fueron recogidos al pie de su nave por una gran limusina en la que ya venían acomodados los presidentes y que, flotando sobre un carril Meissner reservado para vehículos rápidos de servicio público, se deslizó hacia el restaurante subiendo por la avenue Rapp y el pont de l’Alma hasta la cours Albert Premier y la Cours la Reine para desembocar en la place de la Concorde que, cruzándola en toda su longitud, les llevó hasta la misma puerta de Maxim’s en la rue Royale, donde todavía seguía abriendo sus puertas. Aun habiendo organizado el encuentro la Oficina de Protocolo con la mayor discreción, se vieron sorprendidos por una multitud que, sin saberse como había podido ocurrir, conocían perfectamente el recorrido de la comitiva y les vitorearon durante todo el trayecto.

Esta vez no se trataba de picotear quiches y canapés o probar platos de la joven cocina marciana sino de degustar los mejores y más antiguos platos de la cocina francesa, cargados de historia y reconocidos por los mejores gourmets del mundo. En las paredes del comedor aparecían fotos antiguas de los platos históricos que tiempo atrás hicieron famoso al restaurante pero, aunque algunos ya no se podían elaborar con productos naturales por la prohibición de sacrificar animales superiores, como ocurría con el bœuf bourguignon, el foie gras o las cuisses de grenouilles, el chef seguía cocinándolos con productos sintéticos con el mismo éxito de siempre y aún seguían elaborándose con ingredientes naturales otros deliciosos platos antiguos que no habían sido afectados por la prohibición, como la deliciosa ratatouille elaborada con hortalizas recién cosechadas, la raclette de exquisito queso suizo de vaca, el insuperable gratin dauphinois con un suave toque de nuez moscada o la soupe a l’oignons con apetitosas cebollas caramelizadas.

Después de una larga sobremesa, en la que todos los comensales terminaron hablando de las grandes posibilidades de futuro que se abrían para la Tierra, dieron por finalizada la cena a las once de la noche y salieron a la rue Royale, en la que aún permanecían una gran cantidad de curiosos que habían esperado todo el tiempo para verlos salir. En la puerta de Maxim’s los recogió la misma limusina que los había traído y los trasladó a la sala de fiestas Lido que, al igual que Maxim’s, era otro superviviente del sangriento siglo XX. Alguien sugirió que podían ir andando dado que la sala Lido quedaba relativamente cerca y hacía una espléndida noche estrellada y calurosa del mes de julio que invitaba a dar un paseo, pero el jefe de protocolo se opuso argumentando que se provocaría un serio trastorno en la circulación; así que subieron todos a la limusina, que cambió de carril Meissner y retornó a la Place de la Concorde, giró a la derecha y tomó la avenue des Champs-Élysées, que era donde seguía estando la mítica sala de fiestas.

Los acomodaron al final de la sala en una mesa especialmente preparada para clientes tan importantes. El jefe de protocolo intentó sentarlos en la mesa alternando un humano y un orlockiano pero le resultó imposible porque de hecho cada cual tenía ya sus preferencias y se emparejaron a voluntad.

Como quiera que ya hubieran cenado, en la mesa solo aparecían unas canastillas conteniendo pastelitos macarons, eclair’s de crema, mini croissants, crepes y pequeñas porciones de tartas típicas francesas como la Tatin, la Paris Brest o la Charlotte, así como tres enfriaderas con sendas botellas de Champagne Moët Chandon Extra Brut, cosecha 2218.

El espectáculo se anunciaba con una duración de unos noventa minutos y ofrecía a los espectadores extraordinarios efectos especiales luminosos y acuáticos, así como un elenco de bellísimas actrices y actores luciendo un magnífico vestuario y unos decorados increíbles.

Desde el almuerzo de ayer, los orlockianos ya le habían perdido el miedo a la comida terrestre y no hubo que insistirles demasiado para que probaran aquellos deliciosos dulces; no era así con las bebidas, a las que todavía le ponían algunos reparos. Sin embargo en la cena habían probado una copita de sauternes, que es por excelencia el vino de postres francés, y les había encantado por su intenso sabor y su incomparable dulzura.

El sociólogo Biog y el médico Mant que se habían sentados juntos, después de intercambiar una mirada de complicidad, fueron los primeros en alargar sus manos y coger dos macarons de una bandeja que les llamó la atención por la diversidad de colorido que presentaba; cuando los probaron, la expresión de felicidad que asomó al rostro de ambos era impropia del parco ascetismo que les supone a los orlockianos.

Cuando los camareros abrieron en silencio las botellas de champagne y llenaron las copas que se encontraban en la mesa frente a cada comensal, fueron de nuevo Biog y Mant los que dieron el primer paso. Mant, quizás por ser el médico, tomó el primer sorbo como ejerciendo de catador ante la mirada expectante de Biog, cerró los ojos y dejó que el líquido inundara su boca durante unos segundos. Cuando los abrió, fijó su mirada en Biog y dibujó una sonrisa que se podía calificar de auténticamente terrestre; no hacía falta decir más, Biog dio otro sorbo de su copa e imitó a su compañero. A continuación, soltaron sus copas en la mesa, se giraron en sus sillas y, puestos de frente, sonrientes y mirándose a la cara, ambos superpusieron sus antebrazos y se agarraron mutuamente por los codos con ambas manos balanceándose a izquierda y derecha tres o cuatro veces; al parecer, según supimos más tarde, ese era el saludo entre los orlockianos para felicitarse. Mientras los demás charlaban animadamente entre sí, los dos visitantes todavía repitieron esta operación dos o tres veces más y, cada vez que lo hacían, volvían a repetir su amistoso saludo.

Se apagaron las luces y comenzó el espectáculo burlesque. Una docena de boys de cuerpos esculturales, vestidos con monos de pernil muy corto, tachonados de lentejuelas reflectantes, muy ceñidos y con el pecho descubierto, y otras tantas bellísimas vedettes ataviadas con exiguos trajes recargados de plumas, pero que dejaban ver casi toda su desnudez, salieron a la pasarela moviéndose al ritmo de una trepidante y sugerente música, dedicando al público amplias sonrisas y miradas llenas de picardía; bajaron por cuatro escalerillas y se dispersaron por todo el local, yendo de mesa en mesa haciendo carantoñas provocativas a los clientes y obligándolos a levantarse y marcar unos pasos rítmicos agarrados a sus cinturas.

Uno de los boys, alto y fornido, llegó hasta la mesa de los visitantes marcando con todo el cuerpo el ritmo de la música al tiempo que, con gestos amables y a la vez provocadores, levantó de su silla a la presidenta americana, la venezolana Elena Zaldívar, que, sin cortarse lo más mínimo, se apretó al cuerpo del guapo bailarín y comenzaron a bailar junto a la mesa; a continuación llegó una de las chicas que hizo lo mismo con el francés Boyer y, tras ella, acudió una segunda vedette que se dirigía al ucraniano Semiónov cuando, de improviso, el orlockiano Biog se interpuso en su camino, enlazó a la bailarina por la cintura con ambos brazos y empezó a moverse, en un simulacro de baile, con movimientos tan sorprendentemente ágiles y ridículos que todos suspendieron sus movimientos; se diría que la escena había quedado congelada si no fuese porque el doctor Mant también se unió a la pareja de un salto y, abrazándose a ambos, formaron un trio saltarín que inevitablemente movía a risa. Semiónov y Boyer se miraron y soltaron juntos una carcajada a la que se sumaron todos los demás jaleando con palmas a aquel grupo esperpéntico: ¡Mant y Biog estaban borrachos!

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