La verdad oculta del último templario (Final), relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

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La verdad oculta del último templario (Final)

Oí como el rey Jaime II, pedía a la guardia que arrestaran a mi padre y lo llevaran a los calabozos, donde por el mero hecho de ser mi padre, será ajusticiado al amanecer y le darán muerte mediante garrote vil.

En ese momento, estuve a punto de desvelar mi presencia y dar muerte al rey, pero sabía que así lo único que conseguiría sería que me dieran caza a mi también y por lo tanto ganar la batalla.

Profundice hasta las entrañas del castillo, donde las catacumbas albergaban los restos de mis familiares y donde, yo sólo conocía una estancia secreta tras sus muros que albergaba tan preciado secreto por el que tantas vidas quité en pos y beneficio de la iglesia y su divinidad.
Pero los años me hicieron descubrir lo complejo de tan y tantas religiones y el porqué de su existencia.

El porqué y desde los inicios de los tiempos el ser humano ha necesitado de una deidad a la que adorar y las malas praxis de los hombres proclamándose gobernantes de las necesidades del ser humano. Arrastrando consigo el poder de reinados, instituciones y la lucha entre ellos por diversificar las religiones y hacernos creer que todo aquello en lo que creen los demás es una ofensa a nuestro Dios y a aquellos que gobiernan en su palabra.

Por fin llegué a la cámara secreta, donde penetré con el mayor sigilo posible, pero la dura roca y su desplazamiento, dieron la voz de alarma de mi presencia.

No tardaron en llegar junto a mi los primeros guardias y en el intento de cerrar tras de mi el muro piedra, la punta de espada de uno de ellos alcanzó mi pecho y tras conseguir con apuros cerrar la estancia, me derrumbe malherido con un trozo de ella clavada en mi pulmón.
La sangre llego con rapidez a el y notaba como se encharcaba lentamente, provocando mi asfixia y la necesidad de respirar.

Mis fuerzas flaquearon y tenía la obligación de llevar mi destino a su fin antes de perecer, así que tome fuerzas de flaqueza y caminé los escasos pasos que me llevaban ante el altar.
Allí habían tantas reliquias buscadas y perseguidas por la humanidad y en manos de nuestra hermandad, para preservar al ser humano de su autodestrucción por el mero afán de hacerse con ellas.

La más deseada de todas era el Santo Grial, una mera copa creada por el hombre y con una leyenda inventada por ellos mismos, que ha recorrido mil cuatrocientos años y se ha llevado consigo millones de vidas en este tiempo.

Todo farsas concebidas para que el ser humano, siempre tenga la necesidad de perseguir una deidad y su creencia, así jamás podrían demostrar que esa necesidad creada es algo tan sólo interior y que las religiones nos han estado engañando todo este tiempo.

Cuando por fin llegué a mi objetivo, mis fuerzas flaquearon y me derrumbe ante ella. ¿Estaría preparada la humanidad para lo que iba a hacer? ¿Sería en verdad lo más adecuado.? ¿Por que me asaltaban tantas dudas ahora que lo tenía tan cerca?.

Decidí coger aire por última vez y dar ese paso que me había traído hasta aquí y saber que moriría creyendo lo más justo para todo el mundo. Me puse de pie a tientas apoyándome contra el pedestal que sostenía lo más buscado por la humanidad, arranque la llave de mi cuello y cerré la caja de pandora.

Un torbellino de humo se creo alrededor de ella, las imágenes pasaban por delante de mi cabeza, encerrando en la caja cada uno de los males liberados hace tiempo y que en la actualidad eran todas las religiones del mundo, se encerraron con ellas las envidias, las soberbias, las iras, las venganzas y los malos pensamientos que albergaron a través de la historia y junto a ella, cayeron Papas, Califas, grandes Rabinos y demás autoridades religiosas y sus reyes mas adeptos.

Me deje caer suavemente de nuevo, por el pedestal que sostenía la caja y arrastrándome por el suelo, conseguí llegar hasta la puerta, donde aferrado a mi llave y creyendo que jamás podría nadie entrar me dejé llevar por la muerte, mientras suplicaba a mi Dios particular, me acogiera en su reino.

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