La mochila del niño gato, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

La mochila del niño gato

Erik se apoyó tranquilamente en la esquina. Asomó la cabeza y observó como los dos chavales entraban en el portal con la mochila. Salió rápidamente de su escondite y se dirigió al edificio. Era primera hora de la tarde y la calle estaba poco concurrida. Se paró y miró a ambos lados mientras apuraba el cigarrillo. Luego llamó al azar a un piso cualquiera.

- Sí, ¿quién es?- Contestó una voz quebradiza de mujer de la tercera edad.

- Correo comercial, abra por favor-. Dijo Erik mirando de nuevo a lado y lado de la calle.

Hubo unos instantes de silencio mientras Erik pensaba en que la voz de la mujer hacía juego con la fachada del edificio y un leve pitido indicó que la puerta estaba abierta. Abrió con cuidado y se deslizó dentro del portal.

La entrada del edificio apestaba a meados y humedad. Asomó la cabeza muy despacio por las escaleras y vio como los dos chicos iban por el segundo piso hablando en voz baja de algo que le fue imposible descifrar. Empezó a subir por las escaleras desgastadas muy lentamente apoyando la espalda en la pared.

Cuando los chicos dejaron de subir Erik agudizó el oído y esperó hasta que se cerró la puerta del piso. A juzgar por el sonido habían entrado en la puerta de la derecha. Siguió subiendo hasta el segundo rellano. Había dos puertas por planta. Fue primero a la puerta izquierda y pegó la oreja con cuidado. No se oía nada.

Cogió un chicle, lo masticó levemente durante unos segundos y lo pegó en la mirilla. Luego, en silencio, se apoyó en la puerta de la derecha e intentó escuchar al otro lado. Se podía oír algunos pasos y murmullos. Nada inteligible, pero parecía que sólo habían dos personas.

Tapó la mirilla con la mano y llamó al timbre.

Nada se oyó. Llamó otra vez y escucho unos pasos acercarse.

- ¿Quién es?- Dijo una voz extranjera con tono nervioso.

- Hola, buenos días. Soy de la compañía del gas. Hemos detectado unos problemas con la tubería y estamos revisando todos los pisos para comprobar de donde viene la posible fuga-. Dijo Erik esperando que fueran tan tontos como parecían.

Pasaron unos instantes sin obtener respuesta. Una cucaracha se había parado en el rellano y lo miraba extrañada.

- Aquí no tenemos ningún problema con el gas-. Respondió la voz finalmente.

Erik resopló.

- Para eso vengo. Tengo que certificar que la instalación del piso está correcta y me tienen que firmar conforme lo he comprobado-. Improvisó Erik cerrando los ojos con fuerza como si eso fuera ayudar en algo.

- ¡Lárgate! Ni voy a firmar nada ni te voy a dejar entrar a mi casa, cabrón-. Respondió la voz cada vez más nerviosa.

Erik tenía que pensar algo rápido. Se le ocurrió una idea que no podía fallar. Era un tipo con recursos.

- Está bien amigo. A mí me suda la polla ésta mierda. De hecho la fuga viene del primero pero por ley tienen que firmar todos los vecinos para evitar responsabilidades de la compañía en caso de accidente. Si no me firmas tendré que venir con la policía -.Dijo con seguridad. La amenaza de la policía no podía fallar.

Aguardó. Nadie respondía pero estaban allí hablando entre ellos, seguro. Ya contaba con eso así que hizo el movimiento final.

- Vale amigo, hagamos una cosa. Te dejo aquí el papel para que me lo firmes mientras voy al tercero. Vengo a recogerlo cuando acabe.

Y sin esperar respuesta quitó la mano de la mirilla y se parapetó contra la pared mientras fingía pasos por la escalera.

Erik confiaba en que los nervios de los chicos le hubieran hecho olvidar el por qué la mirilla estaba tapada.

Funcionó. La puerta empezó a abrirse lentamente y justo cuando el chico de la camiseta roja asomó la cabeza Erik salió de su escondite y de una patada abrió la puerta. Sin dejarlo reaccionar lo cogió del cuello de la camiseta, lo estampó contra la pared del pasillo y le atizó un cabezazo en la nariz. La cara del chico era la viva expresión del miedo y del dolor. Erik contempló cómo le caían dos grandes chorros de sangre desde la nariz hasta la barbilla. El notaba como una pequeña gota se deslizaba por su frente. Agarró al chico del cuello por la espalda. Sacó una navaja automática del bolsillo y se la puso en el cuello.

Se hizo el silencio. Sólo lo rompía el rechinar de los dientes del chico y la aguja segundera de un horrible reloj de pared.

- ¿Cuánta gente hay en piso?.- Susurró finalmente Erik en la oreja de su presa.

El chico sólo movía la cabeza de forma negativa.

- ¡Sal ahora mismo o le rajo el cuello a tu colega!- Gritó Erik a pleno pulmón...Nada.- ¡Sal ahora mismo hijo de puta! ¡Cuento hasta tres y le abro un buzón a tu amigo en el cuello! 1...2...3

- ¡NOOO!- Gritó el chico de la camiseta roja.

Al instante salió el chico de la camiseta negra de la habitación del fondo del pasillo. Se quedó allí quieto mirando a Erik y a su amigo.

- Bien-. Dijo Erik- Hagamos esto fácil-. Miró a lado y lado- ¿Hay más gente en el piso?

El chico negó con la cabeza.

- ¡Háblame joder!- Ordenó Erik.

- No, no hay nadie-.Respondió el chaval de la camiseta negra.

Erik volvió a mirar a lado y lado.

- ¿Y la mochila?

El chico de la camiseta negra hizo un movimiento con la cabeza señalando el interior de la habitación.

- En el armario-. Dijo sin cambiar su expresión.

- Vale, te voy a decir lo que vamos a hacer. Vas a levantar las putas manos, voy a ir y cogeré mi puta mochila, después me iré y esto no habrá pasado nunca, ¿entendido? ¡¿ENTENDIDO?!

El chico asintió con la cabeza.

- ¡Pues sube las putas manos! -El chaval las subió-¿Y tú lo has entendido marica?- Preguntó al chico de la camiseta roja que se estaba quedando sin aire. Sollozó un sí.

- Pues andado.

Poco a poco fueron avanzando por el pasillo. Erik iba comprobando minuciosamente cada puerta por la que pasaban. Llegaron junto al chico de la camiseta negra.

- ¡Las manos en la nuca!- Le ordenó apuntando con la navaja.

Erik le dio una patada en el pecho al chico y lo mandó dentro de la habitación. El chico hizo un amago de devolverse.

- Está bien hijos de puta, ¿habéis abierto la mochila?- Los chicos no contestaron.-¿Sabéis lo que hay dentro?- El chaval de la camiseta negra negó con la cabeza. Erik apretó más el brazo y subió la navaja más arriba.- ¿Seguro? -El chico la movió afirmativamente.

Erik fue avanzando hasta el armario arrastrando al chaval de la camiseta roja. En ese momento pasó por delante de un portátil donde había abierta una página de Facebook y el sonido característico del chat los sorprendió a todos. Se abrió una conversación con la respuesta de un tío al propietario del perfil.

Erik pudo leer en ella:

<Juan, Miky y yo hemos robado una mochila en el metro. Está llena de farlopa. ¡El tío está aquí vente rápido con los demás!>

Hubo un silencio largo y espeso. Como si nadie supiera que pasaría ahora. Erik y el tipo de la camiseta negra se miraron. El tío fue a abalanzarse sobre él pero entonces todo cambió. Ya no había nada que hacer.

Erik apuñaló al chico de la camiseta roja en un costado y luego le hundió prácticamente toda la navaja en el cuello. El tipo soltó un chillido pero fue agudo y corto. Enseguida la sangre ahogó los lamentos. El muchacho cayó al suelo lentamente y el otro se abalanzó como una fiera sobre Erik. Se cogieron por las muñecas y mientras forcejeaban la navaja salió disparada. Se soltaron y el tipo de la camiseta negra cogió la navaja y se fue a por Erik.

El tiempo se paró y Erik pensó que aquel era un sitio muy estúpido en el que morir. Y aunque no morir o la propia muerte también parecían bastante estúpidas, Erik se negaba a morir en aquel momento, aunque no parecían haber muchas salidas mientras se apoyaba en la mesa. Entonces vio un bolígrafo Bic al lado del ordenador y sin pensarlo demasiado lo cogió y mientras con una mano paraba por la muñeca la envestida del chico de camiseta negra con la otra mano le clavo el bolígrafo en la yugular.

El tipo de la camiseta negra fue bajando poco a poco sobre sus rodillas mientras sujetaba el bolígrafo con las dos manos y un chorro de sangre se le escapaba entre ellas. Los ojos se le pusieron color morado y se le empezaron a reventar las pequeñas venitas de los ojos.

Erik tomó la mochila corriendo y miró que estuviera todo. Cogió la navaja y el boli y comprobó rápidamente que no hubiera nadie más en el piso. Se lavó las manos como pudo y se fue.

Una vez en la calle se apeó rápido de allí y antes de entrar en el metro tiró el bolígrafo  por una alcantarilla, la navaja decidió llevársela y limpiarla, era un recuerdo de su abuelo.

El viaje en metro se le hizo más largo de lo habitual. La gente parecía no parar de mirarle, así que decidió esconderse tras las gafas de sol, puso la lista de reproducción del álbum de Nirvana In Útero y se intentó relajar un poco en el asiento mientras sujetaba la mochila con fuerza esta vez.

Salió del metro en Plaza Catalunya y cruzó el Raval hasta llegar a un triste portal bastante escondido del centro.

- ¿Quién es?- Preguntó una voz.

- Soy Erik.

El chico subió las escaleras y entró al piso. Rachit lo estaba esperando.

- Llegas tarde niño gato...-Dijo Rachit esperando una disculpa.

- Lo sé...-Dijo Erik mirándole directamente a los ojos- No me gusta que me llames así.

- También lo sé -Siguió Rachit- ¿Has tenido algún problema?-Quiso saber el chico del piso.

- Qué más da, ya estoy aquí es lo importante-Dijo Erik.

- Sí, eso ya lo veo...-Dijo Rachit mientras le tendía la mano a Erik.-Espero que hayas podido solucionarlo.

- No hay de qué preocuparse.-Dijo Erik dándole su mano.

El apretón fue intenso. Quizá duró años. Ambos se miraban a los ojos sin mostrar emoción alguna. No era necesario. Tu palabra es todo lo que tienes ahí fuera.

- Lo sé - Dijo Rachit al fin esbozando una gran sonrisa. -Eres un chico listo, demasiado quizá, los tíos listos como tú y como yo no duramos mucho o duramos para siempre.- Dijo mientas ambos entraban en el comedor.

- Tienes razón amigo, quizá desaparezca un tiempo, tengo algunos asuntos que tratar.

Rachit puso la mochila encima de la mesa y la abrió.

- ¿Esta todo?-Quiso saber mientras lo comprobaba el mismo.

- Claro.

- Confío en ti y lo sabes amigo, pero tengo que comprobarlo - Le dijo mientras ponía paquete por paquete en una báscula. -¿Y qué vas a hacer? ¿Escribirás por fin tu novela? Leí el relato que colgaste ayer, tienes talento niño gato, siempre te lo he dicho - La voz y el acento de Rachit le daba un aire muy solemne a todo. Era un tío con clase después de todo.

- Jajajaja ¿Lees de verdad todo lo que cuelgo?-Dijo Erik sonriendo por fin.

Rachit lo miró con un poco de aire burlón.

- ¿Te piensas que los camellos no sabemos leer? ¿O que a la gente de mi país no les gusta la literatura?

Rachit se incorporó y ambos rieron. Estaba todo correcto.

- Toma- Rachit le deslizó un sobre a Erik y él lo guardó rápido en bolsillo.

- Bueno tío, me voy, ya nos veremos algún día cuando vuelva- Se empezó despidiendo Erik mientras andaba con calma hacia la puerta.

- ¿Dónde iras? - Le preguntó Rachit apoyado en pared.- Si ves a Alberto dile que me llame antes de enviar a alguien nuevo.

- No hay problema. -Afirmó sin muchas ganas Erik mientras cerraba la puerta sin mirar atrás.

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados