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La fatalidad del amor

El día en el trabajo había sido agotador. Su rostro plasmaba el cansancio y la desidia del día a día.

Una mano le rozó en el ascensor, era Julián su compañero, y el intercambio de miradas dio paso a un brillo especial en sus ojos.

Una sonrisa acompañó su rostro cansado y desfigurado de tanto sufrimiento. Sufrimiento que nadie conocía y ella llevaba muchos años albergando en silencio.

La sonrisa de Julián y su mirada insinuante la llevaron a soñar de nuevo con aquella aventura vivida con él, hacía tan sólo un par de años, pero las circunstancias habían hecho desaparecer la ilusión de que aquello cuajara.

Ella estaba "felizmente casada" con Mario, a la vista de cualquier persona, pero la verdad es que el sufrimiento diario y la cobardía de dar ese paso, acabaron con las expectativas de iniciar con éxito aquella relación.

Julián aún albergaba esperanzas de poder tenerla para si, pero en cada encuentro a hurtadillas en algún rincón de la oficina y tras un apasionado beso, ella siempre le apartaba para recordarle lo imposible de aquella relación.

Julián siempre se  tenía que conformar, con tenerla un pequeño instante cada día para recordarla lo mucho que la quería, lo que la necesitaba y las ganas de compartir con ella todo cuanto había en sus vidas y ella agachaba la cabeza y con voz seria le suplicaba que esta fuera la última vez que la besara, aunque para adentros, el corazón le pidiera más.

Lo que Julián ignoraba es, que Mario lo había dado todo por ella, había sido un buen hombre y marido toda su vida, que seguía locamente enamorado de ella y que cada día se esforzaba por hacerla feliz, aunque sus esfuerzos fueran en vano.

Que la besaba tan apasionadamente y la hacía el amor con tanto deseo, que dejarle sería como matarle en vida, convertirle en un muerto viviente y destrozar el alma de la persona que tanto la amaba.

Pero ella, no sabe ni como ni cuando dejó de quererle. Porqué el destino un buen día decidió que ya no estaba enamorada de el y porqué aún haciendo Mario todo lo imposible por mantenerla enamorada, no conseguía hacerla feliz.

Vivía entre dos personas a las que no quería defraudar. Sentía como Mario se desvivía por ella y como Julián era incapaz de enamorarse de otra persona y eso la hacía sentirse culpable, hasta el punto de ser la mujer más infeliz del mundo, curiosamente amada y venerada por dos de los mejores hombres.

Pensaba en lo injusta que es la vida, cuando tu eres amada por demás, pero estás privada de dar amor a la persona que quieres.

Sueña con que algún día los tres puedan ser felices de nuevo, pero piensa que jamás el amor triunfará entre ellos.

Aún así nunca deja de soñar.

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