La cacería (VIII), relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

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La cacería (VIII)

Valeria estaba perdiendo mucha sangre debido a las heridas que Abadon le había provocado para conseguir que le diese la información que necesitaba.

_ Nunca he visto a una tía aguantar tanto como tú, te admiro; y no es peloteo como dicen en mi país, es la pura verdad_ comentaba Abadon_. Pero te voy a contar un secreto. No vas a salir viva de aquí así que si me das la información que necesito evitara que mate a tu marido también, así que tú decides.

_ Máximo te acabara encontrando y te matara_ contesto Valeria con la voz muy debilitada.

_ Estas muy segura de tu marido por lo que veo, pero parece que no le quieres lo suficiente.

_ Como te atreves a decir eso, hijo de puta.

_ Porque no me has contestado a mi pregunta y no me gusta repetirme.

_ Máximo tiene una casa a las afueras de  un pueblo del interior llamado Castelmola, lo utiliza para las reuniones con las demás familias de Palermo, seguro que está allí. Es el sitio más seguro por lo poco conocido que es.

_ Muchas gracias por la información, pero si me has mentido volveré a por tu marido y lo que te he hecho a ti serán caricias en comparación de lo que hare que con él hasta que hable y después de que hable.

_ Máximo nunca hablaría.

_ Ya, claro. Adiós_ dijo Abadon al tiempo que disparaba varias veces a Valeria con el Smith & Wesson hasta vaciar el cargador para así asegurarse que estaba muerta. Tranquilamente se fue a cambiarse de ropa cambiado el traje que llevaba puesto por un mono de trabajo, después desato el cadáver y lo tumbo sobre una mesa de madera donde con ayuda de una sierra eléctrica fue cerciorando los miembros y partiendo el cuerpo en cachos más pequeños le luego fue metiendo en una bolsa de basura a excepción de la lengua que había extirpado con un bisturí y guardado en una nevera con nitrógeno líquido.

Cuando termino se lavó a conciencia para quitarse cualquier rastro de sangre o víscera que le hubiese salpicado y dejo la ropa manchada de sangre a mano mientras volvía a ponerse la ropa anterior e hizo una llamada telefónica.

_ Buenas, necesito a un mensajero urgentemente. Espero que este aquí en unos diez minutos_  dijo Abadon con todo de exigencia_.

Me da lo mismo, si está aquí en ese tiempo pagare el doble de lo que cueste el servicio o más. La dirección es Vía La Masa, 3; gracias señorita.

Mientras esperaba la llegada del mensajero Abadon aprovecho para meter las bolsas de basura dentro del maletero del coche el cual había forrado con anterioridad con un revestimiento especial para evitar que la sangre calase y manchase el maletero, aun así había comprado un bote de un producto de limpieza especial de hospitales para limpiar el almacén a fondo, de manera que quien entrase cuando él abandonase Palermo nunca notase que había pasado allí. Aunque sabía que si Valeria le había mentido el almacén se mancharía mucho más que esta vez.

Cuando apareció el mensajero Abadon le estaba esperando en la puerta del almacén con el paquete listo y pago el triple para que el mensajero falsificase los datos del remitente y entregase el paquete a la mañana siguiente a primera hora.

Tras dejar todo listo con la limpieza y el paquete subió al coche y puso rumbo a la zona donde estaban amarrados los barcos pesqueros del puerto y se sentó en un restaurante a cenar con tranquilidad, desde luego estaba tan acostumbrado a lo que había hecho que era algo que ya no le quitaba el apetito, de manera que pidió una ensalada y un ossobuco en salsa de vino tinto acompañado de un quianti y una copa de grappa tras el cannoli de chocolate que le sirvieron de postre.

Al terminar vio que el puerto estaba cerrado y que había un hombre mendigando cerca del restaurante al cual le ofreció dinero para que le ayudase a llevar las bolsas hasta una barca pequeña que vio amarrada.

_ Deja la bolsa ahí_ le indico al mendigo.

_ ¿Qué lleva aquí que pesa tanto?_ pregunto este.

_ No es de tu incumbencia, solo haz lo que te digo y te pagare.

Cuando el mendigo dejo la bolsa en  la barca noto de repente un pinchazo frio en la ingle y vio la navaja de Abadon en manos de este manchada de sangre hasta la empuñadura. Abadon se echó a un lado cuando vio caer el cuerpo inerte del mendigo para que cayese al mar, el mendigo dejo un gran charco de sangre ya que la navaja había perforado la femoral.

_ Aquí no deben de enseñar que la curiosidad mato al gato_ se decía Abadon el cual subió a la barca y tras alejarse lo suficiente mal adentro tiro los restos de Valeria al mar.

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