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La cacería (V)

Ángelo e Isabella llegaron cuando estaba amaneciendo al chalet de Máximo en Castelmola uno de los pueblos más pequeños de toda la isla. Máximo les había asegurado que allí nadie les molestaría ya que aunque no había seguridad interna medio pueblo estaba bajo su poder o le debían algo.

_ Aquí estaremos a gusto sin nadie que nos moleste_ dijo Ángelo.

_ Pero Ángelo no podemos estar escondiéndonos toda la vida, algún día tendremos que dejar de huir.

_ Tranquila, Máximo me ha dicho que se encargara de todo.

_ Máximo es un mafioso como los hombres de Roma a los que mataste y pertenecían a la Camorra_ dijo Isabella alterada_. Estoy cansada y algún día nos darán caza.

_ No seas melodramática, eso no pasara nunca, además yo estaré aquí para protegerte.

_ Eso suena muy bonito y romántico Ángelo, pero también infantil.

_ Cállate y abrázame_ dijo Ángelo al tiempo que la cogía de las manos y la atraía hacia sí.

_ Tengo mucho miedo_ contesto Isabella al tiempo que le abrazaba y le besaba con un beso casto pero cálido.

Ángelo se abalanzo sobre Isabella la cual se echó hacia atrás. Aún tenía miedo por lo ocurrido en el hotel y no sabía y estaba lista aun para mantener relaciones sexuales.

_ No tienes nada que temer_ dijo Ángelo al ver la reacción de Isabella_. Pero no haré nada que tú no quieras que haga, relájate.

Ángelo volvió a atraerla hacia él y le dio el beso que iba a darle cuando esta se retiró juntando así sus labios en un solo cuerpo al tiempo que acariciaba sus pechos por encima de la ropa. Isabella se agarró a su cuello permitiendo así que las manos de Ángelo desabrochasen la blusa y dejasen los pechos al descubierto por encima del sujetador.

Isabella se desabrocho el cinturón del pantalón con tranquilidad y le dejo caer al suelo quedándose así en ropa interior.

_ Ven, sígueme_ dijo Ángelo al tiempo que la cogía de la mano como si fuese una adolescente que lo fuese a hacer por primera vez y la llevaba a la habitación de matrimonio.

Una vez en la habitación Ángelo estuvo buscando en el aseo que había dentro de esta hasta que dio con lo que buscaba, aunque no estaba seguro de que lo fuese a encontrar.

_ Desnúdate del todo y túmbate boca abajo en la cama_ le pidió Ángelo_. No me mires así y confía en mí, no pienso hacer nada que te incomode ya te lo he dicho, así que puedes estar tranquila.

Ángelo vertió un poco de aceite infantil en la espalda de Isabella y empezó a masajear la espalda de esta lentamente clavándole los dedos en algunos puntos que encontró duros y tensos, sus manos fueron bajando lentamente desde los omoplatos hasta los riñones pasando primero por la columna y las costillas.

Isabella disfrutaba del masaje y se relajó todo lo posible, no entendía como un contable matón que trabajaba para mafias podía dar unos masajes tan buenos con esas manos grandes de pianista profesional.

Ángelo volvió a echarse un poco más de aceite en las manos y cogió los brazos dejándolos completamente estirados y en posición de relax para refregar el aceite. Isabella notaba como su cuerpo se relajaba cada vez más hasta llegar a un punto que parecía un peso muerto. Cuando llego a los dedos Ángelo presiono las palmas de las manos y los dedos para que los músculos se estirasen y así evitar contracturas en las manos.

Isabella estaba relajada de cintura para arriba y Ángelo se acercaba cada más a terreno peligroso ya que no sabía cómo reaccionaría si la llegaba a tocar su sexo y por igual si la reacción no era satisfactoria temía que este se enfadase con ella. Pero Ángelo siguió masajeando las manos hasta que cogió mas aceite para verterlo sobre las nalgas de Isabella y a extenderlo por todo el musculo hasta la articulación, primero una pierna y luego la otra.

Isabella noto como el aceite se derramaba por sus nalgas alcanzando su vagina lo cual le provoco una sensación satisfactoria, aunque parecía que no Ángelo se había dado cuenta de su reacción por lo cual vertió un poco de aceite en sus dedos y empezó a acariciar la vagina de Isabella lentamente rozando los labios externos de esta. Isabella no opuso resistencia pero todos sus sentidos habían lanzado una voz de alarma tanto por el peligro como por la excitación, ambos estuvieron echándose un pulso hasta que la excitación venció al peligro y el subconsciente se tranquilizó. Al notar que la excitación iba cada vez a más Ángelo introdujo más sus dedos lubricados que se mezclaban con la lubricación natural dentro de los labios internos de Isabella y cuando vio como la espalda de esta se encorvaba facilitando así la masturbación a la que estaba siendo sometida se atrevió a comprobar en qué estado estaba el c******s y al notarlo inflado lo acaricio con gran fracción hasta que pudo escuchar los gemidos de Isabella al alcanzar el orgasmo.

_ Ves como no ha sido tan malo_ comento Ángelo.

_ Caya y bésame_ le ordeno Isabella.

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