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La cacería (IX)

Máximo estaba nervioso desde que recibió la llamada de Abadon por teléfono y más aún desde que Alessandra llamo a las dos horas preguntando por Valeria, nadie sabía dónde estaba Valeria y eso le mosqueaba mucho. Sabía que Valeria la mayoría de las veces que decía quedar con Alessandra verdaderamente estaba con otro hombre, no sabía con quién ni le interesaba ya que él también tenía una amante y Valeria nunca le había preguntado nada, por lo cual era lógico no preguntarla a ella tampoco; los dos hacían como si no supiesen nada de los escarceos amorosos del otro y así no había discusiones ni roces entre ellos.

Desde luego la paciencia no era una virtud de Máximo y estaba a punto de estallar a causa de los nervios y la incertidumbre, Máximo odiaba la incertidumbre era un controlador nato.

_ Francesco_ dijo llamando al jefe de seguridad.

_ ¿Qué desea señor?_ dijo este en cuanto entro en el despacho de Máximo.

_ Manda a tus mejores hombres a que investiguen por todas las rutas que hay de aquí a casa de la amiga de Valeria.

_ Como usted mande.

_ Y mantenme informado de cualquier cosa cada media hora. Esto me huele muy mal, ir bien armados.

_ Sí, señor.

Francesco se subió en uno de los coches con dos de sus hombres y mando otros dos por otra ruta opcional con las órdenes de que le informasen a él antes que a D. Máximo. A los veinte minutos llegaron a la Pza. de Sta. Clara donde encontraron un cerco policial y varios cuerpos tapados por mantas tirados en el suelo.

Francesco se bajó del coche y se acercó a uno de los agentes que custodiaban el cerco con la intención se sonsacarle información.

_ Buenas tardes agente, ¿qué ha pasado?_ pregunto Francesco.

_ Lo siento, es confidencial y no puedo informarle. Además debería alejarse del cerco, por favor_ contesto el policía.

Francesco saco unos cuantos billetes y con suma precaución se los dio  al policía para ver si así le daba la información necesaria. Le agente no dudo y cogió el dinero que escondió rápidamente para evitar que sus compañeros viesen el soborno.

_ Un tiroteo, parece ser que alguien mato a esos dos hombres_ dijo mientras miraba a dos cadáveres que había uno al lado del otro y a ese camionero, aunque lo del camionero todavía no tiene sentido. Suponemos que sería el único testigo, pero le han ejecutado al igual que a ese otro.

Cuando nombro al tercer cadáver señalo al cuerpo de un hombre que estaba tumbado sobre un gran charco de sangre.

_ Parece ser_ continuo el policía que a este otro le dispararon primero en la rodilla y luego le ejecutaron disparándole en la cara a una distancia muy corta, casi a quemarropa.

Mientras escuchaba lo que el policía le decía Francesco se fijaba en todo lo que había alrededor suyo y tras ver el coche en el que habían salido de la casa Marco y Valeria supo enseguida que el ejecutado era Marco.

_ ¿Han encontrado alguna mujer en el lugar de los hechos, en el coche o muerta en el suelo?

_ No, ¿por qué lo pregunta?

_ Simple curiosidad, gracias. Seguro que D. Máximo estará sumamente satisfecho con su información y colaboración.

El policía se quedó pálido como un muerto al escuchar ese nombre salir de la boca de ese individuo, desde luego no le crearía muy buena fama si sus compañeros se enteraban de que había aceptado un soborno de uno de los hombres que trabajaba para uno de los mayores Dones no solo de todo Palermo si no de toda Sicilia.

Francesco llamo a los demás hombres para reunirse con ellos en la casa y así poder organizar lo necesario para lo que pensase hacer D. Máximo, al cual llamo tras colgar a sus compañeros.

_ D. Máximo soy Francesco. Hemos encontrado el coche en el que iban Marco y su mujer, a Marco lo han ejecutado y su mujer ha desaparecido_ informo.

Francesco se tuvo que retirar el teléfono de la oreja ya que los gritos de ira de D. Máximo eran insoportables.

_ Quiero que encuentran a Valeria donde quiera que este, me da lo mismo con quien tengan que hablar y si os tenéis que patear toda la isla. Y a ese hijo de puta quiero que me lo traigáis vivo, pero traérmelo ya.

Máximo era un hombre concienzudo y cabezota, pero no sabía lo difícil que le iba a ser dar con Abadon ya que este era capaz de convertirse en quien quisiese y nunca dejaba un trabajo sin terminar, desde luego ambos eran un hueso duro de roer y si se encontraban cara a cara el caos estaría asegurado.

Mientras en Sicilia Máximo pedía a gritos la cabeza de Abadon y este se preparaba para ir a por Ángelo e Isabella los cuales seguían escondidos y creían estar a salvo en Nápoles se cocía algo bastante gordo.

Julius estaba impaciente por recibir noticias de Abadon el cual parecía haber desaparecido en Palermo, sabía que si su amigo no daba señales de vida en poco tiempo la Camorra pediría también su cabeza junto a las de Ángelo e Isabella.

Sabía que no era propio de Abadon estar sin informarle así que solo podían pasar dos cosas o se había complicado mucho el asunto o le habían descubierto y estaba muerto, aunque algo le decía que la segunda opción no era la acertada ya que las malas noticias corren más que las buenas. La pregunta era, ¿dónde estaba Abadon?

De repente se le ocurrió una idea y encendía su ordenador metiéndose en el buscador y reviso las noticias digitales de la prensa más importante de Sicilia y en especial de Palermo. Estuvo  así varias horas hasta que vio una noticia en la sección de sucesos de La Republicca donde hablaban de un asesinato por ajuste de cuentas con un supuesto secuestro y en el que detallaban que uno de los hombres había sido ejecutado tras destrozarle la pierna de un disparo. Julius reconoció en ese momento la firma de Abadon y sabía que la policía no encontraría ningún casquillo de las balas, la duda actual era si era verdad lo del secuestro y si lo había hecho, ¿quién era la persona secuestrada? Solo esperaba que eso no complicase las cosas entre ambas mafias.

Cuando apago el ordenador tras ver la información que necesitaba llamo a casa de D. Claudio para citarse con él lo antes posible y así informarle de cómo iban las cosas, llevaba sin hablar con él tanto tiempo como con Abadon y sabía que si él estaba nervioso por la falta de noticias de Abadon D. Claudio estaría histérico perdido por la misma razón.

En ese instante sonó su teléfono y esperaba que fuese Abadon en vez de alguno de los hombres de D. Claudio, pero la voz que había detrás de la línea telefónica hablaba un italiano perfecto en vez de español.

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