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La cacería (IV)

IV

_ D. Claudio ya ha llegado el hombre que esperaba_ escucho D. Claudio anunciar cuando Julius entro en el recibidor de su casa de Nápoles.

_ Julius, viejo amigo. ¿Qué noticias me traes?

_ Buenas tardes D. Claudio_ saludo Julius al tiempo que D. Claudio le daba un fuerte apretón de manos_. Venía a informarle sobre mi enlace.

_ Cuenta, cuenta. ¿Acepto el trabajo?

_ Si, aunque puso varias exigencias. Pero le puedo asegurar que están justificadas.

_ Me gustan los hombres exigentes. Así que acepto; bien, bien.

Julius le conto a D. Claudio la conversación telefónica que había tenido hacia dos días con Abadon y las condiciones que este había pedido para aceptar el trabajo.

_ Lo más seguro que actualmente este ya hospedado en el hotel. Abadon es un hombre muy concienzudo y siempre ha conseguido realizar todos los trabajos que se le han encargado satisfactoriamente.

_ Espero que haga igualmente con este otro; Tito se comportaba como un gilipollas integral pero era mi hijo y esos dos malnacidos lo pagaran. Tito nunca debería haberle preparado esa trampa a Ángelo, pero esto no quedara impune.

_ Tranquilo D. Claudio le puedo asegurar que aunque Abadon sea un puntilloso y le saldrá caro es mil veces mejor que esos descerebrados de Europa del Este que quería usted contratar.

_ Espero que así sea, si no nos veremos las caras tu y yo. ¿Dónde se preparó tu amigo?

_ Con las FARC en Colombia, allí aprendió a ser silencioso y despiadado, aparte de no ligarse a ninguna ideología, ni política ni religiosa; lo que le hace más peligroso aun.

_ ¿Y dónde le conociste?

_ Hace años me mandaron a Madrid a observar a un policía militar que trabajaba en la Embajada de Israel por unos asuntos de su pasado, nada ligado a la familia. Pues allí estaba él infiltrado en la Embajada para seguirle los pasos al policía militar que vigilaba a un grupo de skind-head a los que luego me entere que le habían encargado asesinar. Le puedo asegurar que Abadon es como un fantasma no le veran venir hasta que ya lo tenga encima y no se lo pueda quitar de encima.

_ Duro y silencioso. Cada vez me gusta mas tu amigo_ dijo D. Claudio.

_ Desde luego le puedo asegurar de que Abadon no se anda con remilgos ni tonterías D. Claudio, al igual que es silencioso también es despiadado y a eso no le ha enseñado nadie. Más de una vez he leído noticas sobre sucesos ocurridos en Madrid y por la forma de actuar he sospechado que era cosa suya.

_ ¿Y ese nombre es su verdadero nombre?_ siguió interrogando D. Claudio

_ No, pero tampoco se cual es. Se hace llamar así porque dice que él es un ángel de la muerte como el ángel que lleva su nombre. No es que sea supersticioso pero si muy místico y le gusta todo lo relacionado con el infierno y los ángeles caídos.

_ Muchas gracias por tu información Julius, ahora mis hombres te acompañaran hasta la puerta_ dijo D. Claudio al tiempo que se acercaba a Julius para darle dos besos como si fuese su propio hijo_. Mantenme informado de todo lo que vayas sabiendo de tu amigo.

_ Como usted mande D. Claudio, en cuanto sepa algo me acercare a comunicárselo.

Cuando Julius salió de la casa de D. Claudio este hizo llamar a su Consiglieri que había estado escuchando la conversación desde otra habitación contigua.

_ ¿Qué te parece todo Marco?_ pregunto D. Claudio.

_ Creo que se ha hecho un buen negocio contratando a ese español como le recomendó Julius pero aun así yo mandaría a algún hombre para que le vigile y se asegure que hace su trabajo. Le va a salir todo muy caro como para dejarlo sin vigilancia.

_ Estoy de acuerdo, manda a dos de mis hombres para que vigilen a esos dos.

_ Si me permite le sugiero que mande a Michelle y Bruno, son sus mejores hombres para estos casos, saben pasar muy bien desapercibidos.

_ Ya estas tardando_ contesto D. Claudio_. Los quiero en Palermo mañana a primera hora.

_ Como usted mande D. Claudio.
 
V

A la mañana siguiente Abadon salió del hotel después de desayunar en dirección hacia el puerto. Tenía que empezar a investigar partiendo de los datos que tenía y en ese momento no eran muchos.

Cuando llego al puerto mostro las fotos que tenia de Angelo e Isabella al guarda jurado al tiempo que sacaba un carnet falsificado de detective privado.

_ ¿Recuerda haber visto ayer a las personas de las fotos?, fíjese bien_ le decía Abadon acercando tanto las fotos que el guarda no podía casi ni reconocer los rostros._ Iban en un Porsche.

_ Recuerdo ver salir del puerto un Porsche con matrícula de Roma, en él iba una pareja pero él estaba rapado al cero y ella tenía otro peinado y color de pelo.

_ ¿Me puede decir en qué dirección salieron?

_ No sabría decirle, veo entrar y salir tanto coche que uno ya no se fija en esas cosas.

_ Gracias de todas maneras, aun así me ha sido útil.

Verdaderamente el guarda no le había dado mucha información, pero poco a poco se iba abriendo camino hasta Angelo e Isabella y ese solo había sido el primer paso. De todas maneras se sentó en una cafetería del puerto para tomarse un cappuccino muy cargado; el camarero le estaba sirviendo cuando un hombre se sentó frente a él.

_ Se en qué dirección salió el Porsche_ dijo el hombre_. Le he oído hablar con el guarda jurado y si no se fijó en un coche como ese es que el tío es gilipollas o está ciego.

_ ¿Y usted es?_ pregunto Abadon.

_ Un simple pescador.

_ Cuénteme_ le invito Abadon_ Y tómese algo si quiere.

_ Un café, por favor_ pidió al camarero.

_ Mi barco es el que se encuentra más cerca de la zona de atraque de los ferris y el Porsche ya destacaba antes de que el ferri atracase en puerto. Hubo un momento en el que le perdí la pista, pero cogí mis prismáticos y pude ver a una pareja dentro del coche en dirección hacia Capo, es un barrio cercano.

Abadon escuchaba con suma atención mientras sacaba un paquete de Yesmoke comprado en el hotel y se lo empezó a fumar con suma tranquilidad tras encendérselo con su zippo que tenía la bandera de las FARC, lo saboreaba con cada calada, como si el tabaco le ayudase a asimilar toda la información.

_ Muchas gracias por su información_ dijo Abadon cuando el hombre termino de hablar_. Al café invito yo, y tome. Esto por la información.

_ De nada, un placer_ dijo el hombre mientras cogía el billete de cincuenta euros que Abadon antes de que los volviese a guardar en su cartera de cuero.

Abadon termino de saborear su cigarro y su cappuccino y después se dirigió hacia su coche para poder seguir investigando fuera del puerto. Una opción era seguir investigando por los bajos fondos aunque allí la táctica sería distinta, más personal y divertida como a él le gustaba; la otra era volver a hablar con Julius. Al final se decidió por investigar por su cuenta un poco más y luego ya hablaría con Julius si era necesario.

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