Historia del Arca II, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

Historia del Arca II

Historia del Arca II -  El crucero por el mar sinfín

Ana Irene Méndez

Viendo el Señor que las criaturas elegidas estaban a salvo, esa noche mandó a llover con  tormenta eléctrica incluída. Tormenta jamás antes vista ni escuchada: habían sido abiertas las cataratas de los cielos. Los animales estaban muy inquietos.  Nadie les había advertido que el diluvio sonaría como el sanseacabó  del mundo. Noé temía que los animales se alebrestaran, así que sacó del bolso que llevaba a la espalda una primitiva flauta dulce y comenzó a tocar. Al principio, el ruido de los truenos sonando como un gigantesco conjunto de bombos no dejaba escuchar la flauta, pero Noé persistió hasta que la tormenta eléctrica fue cediendo y los animales creyeron que la melodía de la flauta acallaba a la tormenta. Dirigidas por el pájaro carpintero de cabeza escarlata y quien usaba el pico como batuta, las aves canoras de voces más exquisitas se unieron a la melodía de la flauta. El ruiseñor y el gorrión hicieron un dúo muy aclamado por la audiencia y cuando los truenos retumbaron de nuevo estaban todos tan relajados que tomaron a éstos como instrumentos de percusión integrados al concierto. En adelante, cualquier amago de inquietud entre el pasaje hizo que Noé recurriera a su flauta y se le unieran los miembros de la improvisada orquesta. Los registros sugieren que algunos animales simulaban muestras de inquietud, sólo para escuchar la música. Noé cayó en cuenta del truco pero se hizo el desentendido y terminó dando inicio a la música todos los días restantes después de la hora de la cena.  El papel de director de orquesta hizo que el pájaro carpintero se sintiera importante y dejase a un lado su hábito de taladrar madera, hábito harto inconveniente para la integridad del arca y sus pasajeros.

Con las primeras luces del alba del segundo día, bajo la lluvia que caía sin tregua, el arca flotó. Al principio todo iba bien. A los diez días, los olores que flotaban dentro del arca eran insoportables. Noé dispuso que cuando el viento soplara sobre el lado opuesto a la puerta y ventana, se abriría ésta para aumentar la renovación  del aire dentro de la nave, acción para la cual las celosías del ático no daban abasto. No teniendo quilla ni timón, el arca se desplazaba a merced de los vientos y corrientes.

A medida que transcurrían los días se presentaron múltiples desavenencias. Para atender los conflictos, Dios dio a Noé el don de los lenguajes animales y en su carácter de capitán de la nave hubo de disponer un horario para escuchar quejas y dirimir disputas. En la sección que alojaba al zorrillo y su pareja, el resto de los animales se quejaban de su pestilencia que sobrepasaba a la pestilencia generalizada. El zorrillo se defendió diciendo que algunos de sus vecinos le miraban mal, temía que lo agredieran y eso disparaba instintivamente su dispositivo atomizador “No tengo la culpa”, dijo el zorrillo. Noé recomendó a los animales vecinos que no miraran ni bien ni mal al zorrillo para no atemorizarlo.

El oso polar y su pareja pidieron audiencia a Noé. “Estamos muriéndonos del calor y queremos salir a darnos un chapuzón” le manifestaron mientras se abanicaban con sendas palmas. Entonces Jehová intervino y puso en estado de hibernación a todos los animales que vinieron de los círculos polares.

Los primates se hicieron expertos en extraer cubos de agua del exterior trepando por una escalera de nudos de soga y Noé los designó aguadores de la comunidad.  Utilizando los recipientes hechos de estómagos de camellos que la familia de Noé había llevado al arca, todos los días recogían agua para beber y para asear los pisos, vigas y tirantes del arca y así mantener controladas las condiciones sanitarias de su interior. Las familias de simios de menor tamaño se ocupaban, como fiscales de tránsito, de movilizar a los animales de un lado para otro mientras se hacía la limpieza, cuidando de mantener el equilibrio de la nave. Los animales de cola larga como el zorro y el caimán  colaboraron utilizando su extremidad posterior a manera de escoba para arrastrar los detritos. Ėstos  se precipitaran hacia una trampa que daba a la bodega sobre la línea de flotación. De allí se descargaban al exterior a través de los agujeros  que hacían de aliviaderos.

Fuera del arca, todos los habitantes de la tierra murieron ahogados, otros porque el agua les impedía alimentarse de forraje, granos, frutas, según el caso. Los insectos fueron los primeros barridos por los torrentes; los carnívoros no podían cazar, Las aves, no teniendo acceso a semillas ni a gusanillos, perecieron. Al principio, las aguas formaron un único e inmenso lodazal donde flotaban árboles y otras clases vegetales, arrancadas de raíz por la fuerza de las corrientes. Los peces y otras especies acuáticas desviadas de los cuerpos de agua habituales la pasaron muy mal. Pero, cuando las aguas subieron disfrutaron a plenitud la ampliación de su espacio.

En las zonas antes habitadas por los humanos, junto a los de los animales emergían los cadáveres de hombres, mujeres y niños. El antes hermoso planeta de agua se convirtió en la tumba común de la humanidad y, a excepción de los arcanautas, desaparecieron todas las formas de vida creadas por Dios y pobladoras de aire y tierra. Las especies acuáticas, de más está decirlo, estaban en su elemento.

Durante el tiempo de navegación del arca, muchas hembras parieron, bien porque entraron preñadas al arca o porque el tiempo de permanencia en el arca superó el tiempo de gestación de sus crías. Las dimensiones del arca eran tales que los nacimientos dentro de ella no causaron problemas de espacio. Por otra parte, el consumo de los alimentos por los huéspedes del arca iba desocupando espacios.  Hasta la familia de Noe creció  con el nacimiento de dos tataranietos, un niño y una niña. El primero era biznieto de Cam y la segunda biznieta de Jafet.

A los cuarenta días dejó de llover, pero prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento diez días más. Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y las aguas descendieron hasta que el arca se posó sobre un risco del monte Ararat a cuatro mil metros de altura. El monte Ararat, el cuál se eleva a más de cinco mil metros está situado al Noreste de la hoy Turquía, cerca de las fronteras con Irán y Armenia. Una vez el arca sobre terreno firme, sus ocupantes no pudieron poner pie en tierra de inmediato. Hubieron de transcurrir  muchos días más para que la tierra se secara y Noé pudiera abrir la puerta del arca.

El descenso del agua continuó. Las cimas de las montañas cercanas fueron quedando al descubierto. Pasados cuarenta días abrió Noé la ventana del arca. Y envió un cuervo, el cual salió, y estuvo yendo y volviendo hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. En ese período, Noé tuvo que racionar los alimentos, pues el Señor le había hablado de cuarenta días y cuarenta noches de diluvio. Sem, el más previsor de los hijos de Noé, calculó que necesitarían provisiones para un año, estimando que, una vez la tierra se hubiera secado, demorarían en reverdecer los campos y retoñar las plantas. Sin embargo, cuando vieron que el agua había subido hasta cubrir las montañas más altas, decidieron racionar los alimentos para que alcanzaran hasta el final y, además, cubrieran las necesidades de los primeros semanas en tierra.

Noé envió una paloma para ver si las aguas se habían retirado. No halló la paloma donde sentar sus patas, y volvió al arca, porque las aguas sólo dejaban libres las montañas más altas.  Éstas lucían sus picos desprovistos de vegetación. Entonces Noé extendió su mano, y tomando a la  paloma, la hizo entrar al arca.

Noé esperó aún otros siete días. Volvió a enviar la paloma fuera del arca y ésta volvió a la hora de la una tarde; traía una hoja de olivo en el pico.  Entendió Noé que el estado de la tierra era propicio para desembarcar. En ese momento los pasajeros del arca tenían tres días de ayuno forzoso y la situación en la nave era muy tensa, tanto que ni la música los aquietaba.

Hubo gran júbilo entre los ocupantes del arca cuando Noé dio la orden de desembarco. Los animales abandonaron la nave en la misma secuencia en que habían entrado y cada pareja se dirigió al hábitat  que le correspondía. Los animales domesticados siguieron a Noé y a su familia.  Mientras caminaban hacia un lugar apropiado para levantar de nuevo sus hogares, los hombres presenciaron la aparición del Arco Iris, signo del pacto de Dios con el género humano. Jehová prometió que no intentaría en el futuro un nuevo exterminio global.

En los primeros tiempos después del diluvio, los animales carnívoros y los hombres tuvieron que alimentarse de los frutos del mar y de los ríos. La Naturaleza fue generosa y al retiro de las aguas, la tierra quedó cubierta de un humus rico que favoreció la reproducción vegetal e hizo abundantes las cosechas. Todas las especies pudieron alimentarse bien y siguieron el mandato divino de crecer y multiplicarse.

No pasó mucho tiempo sin que los hombres retomasen las conductas que justificaron el diluvio. Dios decidió no caer de nuevo en el estrés que produce la ira y no intervino. Allá los hombres. Les había prometido que no repetiría el Diluvio. En su omnisciencia, Dios estaba en conocimiento de que los hombres hallarían formas de destruirse masiva y reincidentemente, muchas veces invocando Su Santo Nombre para camuflar los verdaderos motivos de los genocidios.

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados