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El Principio del fin

Cuando abrió los ojos tuvo la dolorosa certeza de que no se encontraba en casa.

- “Maldita Sea” murmuró entre dientes.

Estaba tumbado boca abajo, en el barro. Hizo recuento mental de extremidades, al parecer no tenía que echar ninguna en falta, pero le dolían increíblemente las articulaciones, joder, le dolía al respirar. Con un enorme esfuerzo consiguió levantarse del suelo, al parecer se encontraba en medio de un bosque increíblemente frondoso, los árboles eran enormes y se podía oír una cacofonía de sonidos procedentes de animales que no había escuchado jamás. De repente una sombra cruzó a toda velocidad las ramas que tenía sobre su cabeza.

 “Pero qué coño…” Antes de que pudiese terminar la frase se volvía a encontrar en el suelo con lo que parecía ser una lanza bífida sujetándolo por el cuello. La lanza la empuñaba una figura humanoide cubierta de pies a la cabeza por retales de tela de distintos colores, el conjunto ofrecía un aspecto ligeramente mareante y un poco estrafalario. Era de complexión ligera, como un adolescente o una mujer delgada. No había rendijas donde deberían estar los ojos. Un terror frío se abrió paso por su médula espinal precedido por el estallido de dolor provocado por el golpe. Intentó hablar, pero solo consiguió gruñir. Empezaba a faltarle la respiración y trató de defenderse lanzando patadas y puñetazos a su agresor.

El corazón le iba a estallar, cerró sus ojos y trató de centrar su mente en una solución inmediata, apenas le quedaban fuerzas, así que las reunió todas, se encogió colocando las rodillas en su pecho y lanzó una patada con ambos pies hacia donde si la anatomía no fallaba debería haber un punto débil. ¡Bingo!, tal vez no tuviese ojos, pero sí que parecía tener huevos. La presión en el cuello se aflojó y consiguió rodar sobre sí mismo alejándose de su agresor.

Se escuchó un ¡BAMF! y una nube de un denso humo amarillento lo envolvió cogiéndolo totalmente desprevenido. Tragó una bocanada de aquella mierda pestilente e inmediatamente se dobló sobre sí mismo en un ataque de tos. Aquello iba mal, iba jodidamente mal, si no conseguía salir de aquella niebla iba a morir ahogado, si es que no iba a morir envenenado de todos modos.

Se revolvió desesperado buscando una salida de aquella calígine.

Estaba rodeado de turbadoras figuras, ¿Había más de un atacante?¿Por qué le estaban atacando?¿Como narices podía ver sin ojos?. Durante unos segundos que le parecieron horas intentó encontrar un hueco entre las sombras, pero aquella neblina era increíblemente espesa. Le escocian los ojos y no podría aguantar durante mucho más tiempo la  respiración, así que tomó una decisión y se lanzó a una desesperada carrera por la vida. Atravesó la niebla y se encontró de frente con su esperpéntico asaltante. Lanzó un puñetazo hacia su mandíbula como había aprendido en sus entrenamientos de boxeo, nunca había combatido con nadie, y el saco no se quejaba, así que se sorprendió cuando al impactar notó algo quebrarse bajo la máscara. Su asaltante retrocedió haciendo aspavientos y sujetándose la cara. Su lanza cayó al suelo. Sin detenerse apartó a la tambaleante figura de un empujón y echó a correr entre la maleza adentrándose en la frondosidad del bosque.

¡BAMF!¡BAMF! De nuevo la niebla le envolvió y se sintió desfallecer. Otro terrible ataque de tos le hizo detenerse y casi caer, no podía respirar y la niebla y las lágrimas no le dejaban ver. ¿Voy a morir aquí?¿Quien es esta gente?. Giró sobre sí mismo buscando la sombra de sus atacantes, si iba a morir allí, iba a morir luchando, eso seguro. Lanzó puñetazos y patadas al aire desesperado, buscando a sus rivales invisibles y sintiéndose cada vez más cansado. No tuvo éxito ni una sola vez. “Tal vez ellos no necesiten ver...” De repente, algo le golpeó las piernas tras las rodillas y lo levantó en el aire con fuerza lanzandolo contra el suelo enlodado. Tragó otra vaharada de aquel infecto gas y, lenta, inexorablemente se dejó arropar de nuevo por la oscuridad.

Cuando le encontraron tirado en medio de la calle muerto, desnudo y amoratado, agarrando aun su garganta y con signos de haber recibido una horrible paliza, la gente pensó que tal vez hubiese ocurrido por asuntos de drogas, al menos eso es lo que dijeron en la tele. Su vecina, la mujer que le encontró, decía ante las cámaras que era un tipo un poco raro, pero silencioso y que nunca daba problemas a nadie, que era raro, pero como esos frikis de los ordenadores. Luego volvió a ocurrir, una y otra vez, por todo el mundo y la gente se asustó. Tenian razón en estarlo, pero esa es otra historia.

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