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El odio, el comienzo (Parte 2)

Cinco años antes

 
Como cada mañana, el despertador sonaba a las seis de la mañana en la casa, su sonido duraba unos segundos, como si se tratase de un ritual David, lo apagaba, besaba la frente de su mujer y se levantaba de la cama, avanzaba pasillo adelante hasta llegar a la habitación de su hija; desde la puerta comprobaba que el despertador no la había despertado, entraba sigilosamente en la habitación de la pequeña la arropaba con ternura y volviendo sobre sus pasos entraba en el baño, se lavaba y vestía dentro para no perturbar el sueño de Dafne, su mujer.

Una vez vestido, bajaba las escaleras y cogiendo tan solo la bolsa del almuerzo salía a la calle y se dirigía al trabajo, este año le habían traído hasta un pequeño pueblo de Galicia, Vimianzo.

Desconocía hasta días atrás de su partida hacia tierras Gallegas de la existencia del pueblo, pero cuando le enseñaron fotos del lugar rodeado de bosques verdes, esa tranquilidad que se reflejaba en el paisaje le hizo aceptar, quería que su hija creciera en un lugar tranquilo fuera de la contaminación de una gran ciudad, o al menos que su más tierna infancia la pasase allí, alejada del bullicio, que creciera dentro de lo posible con la inocencia con la que él paso su infancia, ya tendría tiempo de crecer, ahora tan solo tenía seis años.

La mañana transcurría con normalidad, hasta la hora del almuerzo, cuando fue hasta el barracón que hacía de comedor improvisado, y coger su mochila observo que su desayuno no estaba dentro. Sus compañeros al verle la cara sabían lo que había ocurrido

- David, ¿Olvidaste de nuevo el bocadillo?

Sin contestar si quiera, se encogió de hombros y asintió, solo le quedaba llamar a su mujer por si podía acercarle algo para aguantar hasta la comida, antes de sacar el teléfono del bolsillo de los pantalones, un Todo terreno rojo llegaba, su mujer se había imaginado la situación y le traía un aperitivo, el coche se acercó hasta él, y al parar a su lado, la ventanilla se bajó.

- Toma, no sé dónde tienes la cabeza, rara es la mañana que no se te olvida, si la cocina no es un caos, sé que se te olvido

- Sabes que soy un despistado, no pierdo la cabeza porque la tengo pegada al cuerpo.

Ambos rieron, mientras reían la puerta de atrás se abría y sin cerrase detrás de sí, aparecía una niña pequeña de sonrisa pícara corriendo hasta él, salto hacia su padre con la alegría que tiene un niño por ver a un ser querido sin importar nada, pero David no esperaba que su hija saltase sobre él, y perdió el equilibrio, con tan mala suerte que ambos cayeron al suelo, ya los dos en el suelo tumbados uno sobre el otro riendo.

Todos observaban la escena viendo como jugaban padre e hija, salvo Dafne que solo miraba que la pequeña se había manchado la ropa recién puesta, se bajó del coche y tomándola entre sus brazos, la metió en el coche se dirigió hacia él

- La próxima vez que vistas a la niña me pondré a jugar en el suelo con ella, para que la cambies después.

Mientras continuaba en el suelo, sin entender el enfado, el coche ya estaba dando la vuelta y salía de la zona, se sentó en el suelo como si nada y se quedó pensativo, hasta que un amigo suyo y compañero le tendió la mano para que se levantase.

- No te preocupes, será un enfado tonto, seguro que no ha tenido buen día, no le des más importancia, vamos el bocadillo nos espera.

Eran ya cerca de las cinco de la tarde, el sol aun intentaba alumbrar el pueblo a duras penas, pues ya se estaba ocultando, los obreros recogían todo el material y lo cargaban en los vehículos, la jornada de trabajo había llegado a su fin, David aun pensaba en lo sucedido por la mañana, no entendía el enfado de su compañera, tan solo jugaba con la niña, a la que quería con locura, pero algo se escondía, algo se le escapaba, pasaba demasiadas horas en el trabajo, uno de los motivos por los que se marchó de la capital fue por quitarse carga de trabajo y dedicar más tiempo a la familia, quizás era porque la había desposeído de su trabajo allí, pero solo era un trabajo, la había conseguido otro mejor en el pueblo, de estar en una tienda pequeña etiquetando ropa y cobrando día tras día, a estar en el ayuntamiento como administrativa, había un abismo, el sueldo era muy similar pero, con una jornada más escueta, más horas para sí misma…

Toda una maraña de ideas asolaba su mente no encontraba ninguna de mayor peso, por fin cerro la bolsa de deporte y se marchó.

De regreso al pueblo, permaneció callado en la parte trasera, como si de un bulto se tratase, al llegar frente a su casa, descendió y antes de cerrar la puerta farfullo

- Hasta mañana chicos

Las luces de la casa estaban apagadas, señal de que nadie estaba en ella, abrió y ni tan siquiera el perro le recibió, agotado no le prestó atención y se dirigió a la ducha, al encontrarse solo en la casa, no cerró la puerta, giro el grifo del agua caliente mientras comenzó a desvestirse, el agua se calentaba comenzaba a emanar vapor y el baño se veía envuelto en una densa niebla, tras unos segundos, sonó la puerta abajo y escucho pasos, ladridos y carreras, su familia estaba de vuelta.

Mientras en la parte baja de la casa Dafne, se disponía a hacer la cena, nada fuera de lo normal, ensalada y arroz con taquitos de jamón york, algo ligero y rápido de hacer, en su rostro se podía ver que el enfado de la mañana no se marchitaba, sino que persistía, al poco David entraba en la cocina

- Buenas noches ¿Qué tal el día?

- Trabajando, como de costumbre y luego lleve a la niña al parque

- ¿Continúas enfadada? Solo era un poco de tierra en la ropa de la pequeña

- Me da igual, tú no eres quien pone las lavadoras

La pequeña acudió a la cocina, el olor de la cena la estaba llamando, la discusión entre adultos ceso, pero más tarde se reanudaría.

La cena transcurrió con normalidad, hasta que sonó el teléfono, en ese instante Dafne dio un salto de la silla y se abalanzo sobre él para descolgarlo, su reacción era extraña, una vez empezó la conversación, salió de la estancia y hablo durante un par de minutos fuera, al volver lo hizo con mala cara

- ¿Pequeña porque no te vas a ver los dibujos?

La niña, retiro la silla y salió como alma que lleva el diablo en dirección al sofá y se acomodó entre los cojines, mientras el perro se tumbaba a su lado.

- ¿Qué pasa? Que has mandado a la niña fuera

- Mi hermano… lo han ingresado en el hospital… está en Madrid, y aquí me tienes en el culo del mundo, ¿ahora qué?

- Bueno, tranquila pide los días que te hagan falta y ve con tu hermano, ya me apañare yo aquí

- ¿Y la niña? Tú no puedes estar pendiente de ella porque te vas antes de que amanezca y vuelves ya anochecido, me la tengo que llevar y perderá clases.

Al ver la cara de preocupación de ella, sin dejar que hablase más, saco el teléfono del trabajo y marco.

- Tomás, siento llamarte tan tarde, pero tengo un pequeño problema y necesito que me hagas un favor - el tono de preocupación estaba latente -

- Venga, cuéntame

- Necesito unos días, mi cuñado está ingresado en Madrid…

- Suficiente - interrumpiendo a su interlocutor -, será grave sino no tendríamos esta conversación, en unos días te vuelvo a llamar y ya me explicas si necesitas más tiempo. Llevar cuidado en el viaje y que no sea nada.


Sin más colgó, su compañera que había escuchado por completo la conversación, salió en silencio de la habitación, directa al armario del pasillo donde estaban las maletas, tomando dos en sus manos, se dirigió a preparar algunos enseres para el viaje.

David se quedó en la cocina pensando en que le ocurría a Juan, para que fuera hospitalizado, mientras colocaba lo platos en el lavavajillas, observo que ya era tarde y debían de acostar a la pequeña de la casa, que seguro estaba dormida en el sofá junto con Toby.

Estaba en lo cierto acurrucados uno junto al otro, el perro protegía los sueños de la muchacha, ambos habían crecido a la par cuando cumplió su primer cumpleaños Toby apareció en casa, el bóxer que parecía de juguete al principio pronto creció y se convirtió en guardián y protector de la familia, pero en especial de la pequeña, que más como un animal lo trataba como un hermano peludo.

Decidió dejarlos dormidos, para aprovechar a hablar con su mujer sobre el estado de su hermano, cuando entro en el dormitorio principal de la casa, la cama no se atisbaba de la cantidad de prendas que sobre ella se amontonaban, una maleta ya cargada permanecía en el suelo tirada sin cerrar, y la otra a medio llenar que ya estaba lista, David se agacho y cerro la del suelo, mientras observaba la escena

- ¿Qué le pasa a Juan?

- No lo saben, dicen que le llevaron a urgencias hará unos días, lo dejaron ingresado y siguen haciéndole pruebas

- Bueno tranquila ahora nos acostamos y mañana a las seis de la mañana, salimos.

Ella asintió con la cabeza mientras se tumbaba en la cama, la situación la escamaba, hacía meses antes de marcharse de la capital, paso algo similar, pruebas, varios días en planta ingresado y le mandaron a su casa, porque no vieron nada fuera de lo normal, que le podía pasar, para ella seguía siendo un misterio, pero en el rostro de su hermano hacía tiempo que se dibujaba una mueca de preocupación y nadie sabía el cómo ni por qué…

David abrazo a su mujer y la cubrió con las mantas, descendió las escaleras en busca de su hija para acostarla también, mañana los esperaba un buen paseo en coche.

A la mañana siguiente eran cerca de las ocho de la mañana, el motor del Jeep rugía devorando kilómetros detrás de si ya quedaba lejos su punto de partida, la pequeña en la parte de atrás permanecía dormida desde el inicio del viaje, al girar su cabeza el conductor pudo ver que su copiloto también dormida plácidamente, derrotada por la noche en vela que había pasado, en ese momento una señal le indicaba de una autopista de peaje, a la que se dirigió, para sus adentros medito que si la tomaba podría ir durante cientos de kilómetros a mayor velocidad evitando radares y controles de carretera, así cuando ambas despertasen la distancia recorrida sería mayor, sin pensárselo dos veces cambio de carril, al llegar al peaje, pago en ventanilla y cuando la barrera subió, metió la primera y acelero.

Deberían de tardar unas seis horas sin parar para recorrer los más de seis cientos kilómetros que distaban de Vimianzo a Madrid, llevaban dos horas de viaje quería continuar otra hora más antes de que empezasen a llenarse las carreteras, así aprovecharían para comer algo y estirar las piernas.

A pesar de la situación Dafne dormía plácidamente, pero un bache en la calzada la hizo escapar de sus sueños

- Me he dormido ¿Qué hora es?

- Son cerca de las nueve de la mañana, ahora más adelante pararemos a comer algo.

Dafne volvió a acomodarse en el sillón del coche, mientras observaba como los árboles desaparecían a su paso, solo pensaba en llegar hasta el hospital y que allí le informasen de algo, cerró los ojos de nuevo y se introdujo de nuevo en otro sueño, se la veía fatigada, David la dejo dormir, cuando paro en un área de descanso, compro varios sándwiches, refrescos y dulces, encendió un cigarro y el teléfono comenzó a sonar.

- Dime pilar

- ¿Hijo donde estáis?, he llamado a la niña y no coge el teléfono

- Vamos de camino, a la mitad de trayecto más o menos, ¿se sabe ya algo?

- Los médicos no me quieren decir nada

- Tranquila, aun no sabrán nada, en un par de horas estamos allí

- Llevar cuidado, dale un beso a la niña.

El tono de voz de su suegra no le tranquilizaba mucho, la verdad, al volver al coche dejo la bolsa entre los asientos delanteros y siguió la marcha estaban a mitad de camino, si seguía el ritmo estarían en la ciudad en un rato.

Dos horas y media más tarde, entraba en Madrid, la niña se había despertado hacia un buen rato y estaba desayunando, su madre hacia el intento de despertar, las tilas que tomo la noche anterior hicieron que pasase el viaje dormida y sin embargo no concilió el sueño en toda la noche.

El coche se detuvo enfrente justo del hospital cuando los tres ocupantes descendieron, marcharon juntos hasta la puerta, Pilar esperaba en la puerta temblorosa

- Corred, los médicos van a ir a hablar con nosotros dentro de unos minutos, pensaba que no llegabais a tiempo -fijo pilar-.

Siguieron a la mujer por los pasillos, estaban abarrotados de gente, la gran mayoría con batas blancas, había mayor presencia de personal sanitario que pacientes, llegaron a una habitación, pero allí solo había un hombre de unos cincuenta años, regordete y calvo.

- Se le han llevado hace un momento, preguntar en el control de la planta

- Gracias

Antes de llegar al control un doctor de unos cuarenta años, les corta el paso y dirigiéndose al grupo

- Familiares de Juan, le hemos llevado a rayos, vamos a hacerle una placa de tórax, porque no se llevan a su madre a casa para que descanse un poco y hablamos por la tarde cuando se hallan acabado las consultas.

No les dio tiempo a dar una respuesta, pues el médico dio media vuelta y se marchó, dejándolos en medio del pasillo con más dudas aun si cabe sobre el estado del hospitalizado.

El tono con el que hablo el médico solo daba a pensar que algo grave debía de ocurrirle y por motivos de salud de la madre no querían dar información o porque aún no tenían diagnóstico. Como estaban muy cansados por el viaje decidieron marcharse a casa un par de horas al menos.

Ese mismo día…

En otra planta de aquel hospital permanecía Juan, esperando a que le hicieran la placa, permanecía sin la camisa del pijama azul hospitalario, los hematomas que poblaban su pecho y costado mostraban el porqué de su internamiento en el centro, en cuanto animo se encontraba bien, pero estaba molido por dentro, un coche le había atropellado días atrás, logro saltar por encima del capo, pero sufrió un golpe bastante fuerte, las pruebas que le habían hecho no demostraban nada, pero algo le ocurría su cuerpo no respondía por qué nadie le sabia decir, se dedicaban a decir que estuviera tranquilo, que eran procedimientos de rutina, pero el aislamiento en aquella habitación indicaba algo y no muy halagüeño, allí encerrado entre aquellas cuatro paredes y las visitas constantes de la policía para hacerle preguntas de lo ocurrido no le ayudaban a intentar descansar, por fin llegaron

- Colócate este peto de protección, alrededor de la cintura y "abrázate" a la máquina, tardaremos solo un segundo

Mientras le ofrecía el peto, el técnico salía de la sala, para evitar las radiaciones

- Bien, ahora coge todo el aire que puedas y permanece unos segundos sin soltarlo

La placa ya estaba hecha, volvió junto al paciente, le retiro el peto y le invito a salir de la sala.

Cuando le subieron de nuevo a su habitación, se tumbó tranquilamente y se quedó dormido.

Mientras él dormía, la familia se reunía con el médico

- A pesar de los golpe y moratones, todas las pruebas y la placa confirma que está bien, solo muy magullado - les dijo, mientras observaba la placa -

- Entonces, ¿le daréis el alta ya?

- Sí, no hay porque demorar su estancia aquí, en el caso de cualquier síntoma extraño llevarle a urgencias, pero como os digo no hay nada por lo que preocuparse.

Horas más tarde…

Ya se encontraban en casa, sus rostros mostraban otra expresión, ya no era miedo, tan siquiera cansancio, sino normalidad, todo parecía quedar en un susto, Juan con su cuerpo aun magullado, decide salir del salón e irse a su habitación, su hermana lo sigue hasta allí

- Juan, ¿se puede saber a qué estás jugando?

- No sé, a que te refieres hermanita

- Que no lo sabes, ¿crees que soy tonta?, ¿crees que no sé a qué te dedicas?

- Tú, no tienes ni idea de a que me dedico - dijo mientras soltaba una risa burlona - te marchaste de casa con tu marido y nos quedamos aquí tirados, mantengo esta casa como puedo y si no fuera por mí, nos veríamos en la calle

- ¿Por qué no pediste ayuda? Te hubiéramos ayudado

- Si has venido a darme lecciones de vida, mejor que te vallas, no voy a soportar esto y menos de ti, que todo cuanto has querido lo has tenido siempre, eres una mal criada, que jamás consiguió nada por sí misma, todo lo que tienes es por méritos de terceros

- Eso es mentira - bramo la hermana, mientras le daba una sonora bofetada en la cara -

- El día que tu maridito se canse de ti, ya me lo contaras.

Sin decir más salió de la habitación una vez en el salón, se sentó allí y no dijo palabra alguna, su marido entendía que algo había estado hablando con su hermano y habían discutido, no quiso preguntar, era mejor que se la pasase el enfado, los últimos días habían sido frenéticos y los nervios de todos estaban a flor de piel y podían estallar en cualquier instante.

Mientras en el cuarto Juan no paraba de dar vueltas en la cama, los dolores crecían por minutos, han pasado ya varios días desde el accidente y ahora es cuando comienza de verdad a sentirse mal, se sienta en el borde de la cama, mientras enciende un cigarro, soltando el humo poco a poco, cavila si no habrá algo que se les haya pasado por alto en el hospital, a lo que se responde a sí mismo, es imposible si me han hecho mil pruebas, varios médicos me han examinado y ninguno a llegado a ninguna conclusión, los sedantes están dejando de hacer efecto, por eso me encuentro tan cansado y dolorido.

Las diez de la noche dan pronto y la casa se ve inundada por el olor de la cena, y el bullicio en la cocina, ya con todos sentados a la mesa, nadie habla todos miran su plato, ni tan siquiera la pequeña dice nada, mira su plato y no aparta la mirada de él. Cuando el silencio se ve violado.

- Mañana mismo, nos volvemos, el chico ya está bien y no podemos perder más tiempo

- Pero hija, ¿Por qué no os quedáis un poco más? Desde que os marchasteis apenas se de vosotros - en la voz de la mujer se apreciaba desilusión, de su partida tan prematura -

- Mama, ya lo hablamos en la cocina, no nos podemos quedar

Juan observaba la escena, sin decir nada, hasta que una mirada cargada de ira se posó sobre su rostro y su cólera salto a la luz

- ¿Por qué me miras así? - Grito roja de furia - Sigue haciendo el bobo en las calles y acabaras muerto, eres un irresponsable

- ¡Cállate! Te crees que puedes juzgarme, si ni siquiera sabes de mí, somos hermanos sí, ¿y qué? Somos unos desconocidos tan solo nos une un apellido, tan solo eso, jamás te sentaste a hablar conmigo, nunca y hasta hace apenas unos años estabas en casa, durante ese tiempo dormías a pocos metros de un desconocido

Levantándose de la mesa, Dafne por segundos se enfurecía más con su hermano menor

- ¿Qué debo saber? Que fumabas porros a escondidas y volvías borracho a casa cuando eras menor de edad eso hasta tu madre lo sabia

- No me refiero a eso, me refiero a cuando has sacado tiempo a pasar tiempo conmigo a preguntarme si me encontraba bien, puede que tuviera problemas por eso me emborrachaba, pero era más fácil decir mira hay viene otra vez, no tome la decisión correcta, pero tú tampoco obraste bien

- Si tenías problemas, haberlo dicho

- ¿Para qué? ¿Para qué me juzgases? No, gracias.

Su madre intervino, intentando calmar la situación, pero era demasiado tarde, los ánimos estaban muy caldeados y ya no tenía arreglo.

- Me alegro de que vengas y te preocupes por mí, pero es demasiado tarde para ejercer como hermana mayor, así que no pospongas más tu viaje

- Tranquilo que no lo pospondré más, porque me marcho ahora mismo.

A los pocos minutos estaban montados en el coche saliendo de la ciudad, la madre los despidió con los ojos llorosos viendo cómo se alejaban, al volante Dafne, encendió la radio, las palabras de su hermano aun resonaban en sus oídos, tenía razón, nunca se interesó por él, simplemente le juzgo por su forma de vivir, por no ser el chico que ella quiso, un paria más que siguiese las normas, eran dos desconocidos y desde que ella salió de la casa familiar más aun, pero era demasiado terca como para dar vuelta atrás, para tender la mano a su hermano e intentar llevarse mejor con él, pero que demonios, la había ridiculizado delante de su marido y su hija, quien se creía para hacer eso, no daría un paso atrás, se mantendría firme, tenía que demostrarle que no eran formas de tratarla.

La noche pasaba y Juan se sentía por minutos peor, un dolor sordo bajo sus costillas le hacía imposible ponerse en pie, como buenamente pudo se puso en pie y acercándose al teléfono, llamaba a urgencias

- Buenas noches, urgencias, ¿dígame?

- Hola, mire me han dado el alta hace unas horas, pero tengo un dolor muy intenso y no soy capaz de ponerme en pie

- No se preocupe, ahora mismo le mandamos una ambulancia a su domicilio

Los minutos pasaban lentos, la ambulancia no llegaba, el estado de Juan es cada vez peor, y decide salir como puede de casa, camina encorvado, no puede moverse a penas a causa de los dolores, las calles están desiertas, tan solo salió del portal y no puede dar un paso más, se apoya en una farola, todo le da vueltas; a lo lejos ve las luces de otra farola, tan solo esta metros de distancia, su vista comienza a nublarse y pierde el conocimiento, la ambulancia le ve desplomarse, para y le recoge.

Ya en el hospital, entra en muy mal estado, carreras por los pasillos, directo a quirófano, en el trayecto comienza a expulsar sangre por la boca.

Interior del quirófano

- Varón de treinta años, sufrió accidente hace tres días, presenta fuerte dolor abdominal, náuseas, sudoración profusa, pérdida de conocimiento y posible hemorragia interna…

Mientras traen el resultado de todas las pruebas, el médico suelta los papeles encima de una mesa, mientras se lava las manos

- Tenemos rotura del bazo, rápido hay que operar de urgencia, esperemos llegar a tiempo…

Fuera en el pasillo, la madre espera intranquila y sola a que salgan los médicos, en su pensamiento solo está la discusión de sus hijos esa misma noche y la salida de casa de la mayor hecha un basilisco, no sabía qué hacer si llamarla o no, estaría a mitad de camino más o menos, con más miedo que otra cosa ante la reacción de su llamada a esas horas, marco primero a su hija, no obtuvo respuesta, el móvil no funcionaba, decidió intentarlo con el de su marido tampoco, ambos decían lo mismo "apagado o fuera de cobertura".

Bueno no tendrán batería, esperare a que salga el médico y volveré a insistir, el rostro de preocupación no desaparecía en toda la noche de su rostro, ya no solo por el pequeño, sino por la mayor toda la noche en la carretera.

Seis de la madrugada, en el interior del quirófano ya no había ruido, todo permanecía tranquilo, el equipo médico se quitaba las batas y los guantes y salían hacia el pasillo.


- Por favor avisar a los familiares

No hubo respuesta, tan solo un miembro del equipo dio un paso adelante y salió de la sala, encontró a la madre en la sala de espera.

- Familiares de Juan…

No le dio tiempo a decir más cuando la madre se abalanzo sobre él

-  ¿Cómo esta doctor? ¿Qué tiene?

-  Su hijo, acudió a urgencias con rotura de bazo, probablemente a causa del accidente sufrido hace varios días, hay veces que no se ve de inmediato y tras unos días empiezan los síntomas y en este caso asido así.

-  Si, ¿pero ya esta verdad? ¿ya lo han solucionado? -la voz de la mujer estaba cargada de inseguridad, algo la decía que algo había salido mal -

-  Le hemos operado de urgencia, pero ha sido demasiado tarde, presentaba una hemorragia interna masiva y no hemos podido hacer nada, ha fallecido en la mesa de operaciones, lo siento señora.

La mujer se pone blanca por segundos, e intenta sentarse en una silla.

- Ahora le darán mis compañeros unos documentos y una compañera mía hablara un rato con usted. Lo siento.

Tras decir eso abandono la habitación, dejando a la mujer sentada en aquella silla verde intentando asimilar las palabras que acababa de escuchar, no era posible su hijo estaba muerto, pero si hasta hacia un rato estaba bien, incluso con ganas de discutir, no se lo podía creer…

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