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El mundo al revés

Un jueves de madrugada unos jóvenes veinteañeros iban de pub en disco en una noche de marcha. Iban cantando triunfales por la calle cuando un vecino indignado les llamó la atención: - No son horas de ir cantando por la calle, que estamos durmiendo -dijo el vecino. - Pues no duermas y ven con nosotros de marcha- dijo uno de los chicos. - Tengo que dormir porque mañana tengo que trabajar -dijo el vecino. - Pues no trabajes -dijo otro de los chicos. - Tengo que trabajar porque tengo que dar de comer a mis hijos -dijo el vecino. - Pues que trabajen tus hijos por tí -dijeron los chicos. - Mis hijos no pueden trabajar porque son pequeños y está prohibido que trabajen -dijo el vecino. - Pues recoge unas firmas y cambia la ley para que los niños puedan trabajar -dijo uno de los chicos.

El hombre no les replicó nada y se metió para dentro. Los chicos siguieron cantando mientras se alejaban. A cada paso que daban les reñía un vecino y los chicos les contestaban las mismas cosas. Al día siguiente el vecino se puso a recoger firmas para que cambiasen la ley. Primero empezó por su barrio, luego por su ciudad y más tarde y siempre en fines de semana recogió firmas por todo el país. Las firmas fueron suficientes y se cambió la ley pudiendo por fin trabajar los niños. Los chicos del jueves se enteraron del cambio de ley y se sintieron orgullosos. Salieron a celebrarlo porque sin quererlo se había impuesto su filosofía de vida. Esta vez cantaron más fuerte por la calle hasta que se escuchó: - Ssschhh- alguien les reclamó silencio. -No nos mandes callar y vente con nosotros de marcha- dijo uno de los chicos. - No puedo porque tengo que trabajar para dar de comer a mis padres -dijo un inocente niño.

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