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El feligrés

Estaba empezando a anochecer cuando el cura se dirigió a cerrar la iglesia, ya había terminado la última misa y solo quedaba un feligrés dentro de esta. Cuando el cura se acercó al feligrés para pedirle que por favor abandonase la iglesia este se levantó bruscamente poniéndole un estilete en la garganta.

_ Como chille será lo último que haga padre, se lo juro_ advirtió la mujer que se escondía bajo el chaquetón el cual dejo caer al levantarse. _Muévase hacia la esquina.

La mujer llevaba puesto un traje de cuero con una máscara parecida a la de los carnavales de Venecia de manera que parecía una ama de un local swinger o una heroína de los comics de superhéroes. En la cintura llevaba una cartuchera con un revolver de cañón corto.

La mujer hizo que el cura se desplazase hasta el fondo del altar donde había una estatua de un S. Miguel pisando un dragón al tiempo que le clavaba su lanza en la boca.

_ Esta estatua me asemeja a una situación, ¿a usted no padre?

_ Nunca podrás llegar a ser como él, él es la mano derecha de Dios.

_ Eso no lo sé, lo que si se es que usted es la bestia pisoteada.

_ Pero hija, ¿qué te he hecho yo?

_ ¡Encima tiene la desfachatez de preguntar!, que rápido olvidamos._ dijo la chica_. Le voy a contar una historia a ver si la conoce.

Hace unos años una joven de 18 años la cual era muy creyente y un poco beata, no se saltaba nunca la misa de los domingos solía salir a divertirse como todo joven a esa edad.  Un fin de semana que había quedado con sus amigas y unos chicos salieron a bailar y según me contaron se lo paso muy bien aunque sabía que tenía que volver pronto a casa, ya sabe que los padres se preocupan mucho por sus hijos a esas edades, les controlan mucho con quien salen y cosas parecidas. Cuando volvieron a casa fue dejando atrás a todas sus amigas ya que ella era la que vivía más lejos de todas y por lo cual generalmente era la primera en salir y la ultima en volver; tras dejar en casa a su ultima amiga siguió sola y paso por la puerta de esta iglesia que se encuentra a una manzana de donde vivía antiguamente.

Pero al llegar a la iglesia todo se torció. De repente aparecieron dos chicos mayores que ella supuestamente moros por su acento afrancesado que tras sujetarla por el cuello para inmovilizarla y evitar que gritase la arrastraron hasta la verja donde rajaron su vestido y su ropa interior con un estilete parecido a este. La violaron entre los dos, primero uno mientras el otro observaba y evitaba que gritase. No le sirvió de nada oponer resistencia ya que eran más fuertes y estaban armados.

Su vagina ardía por dentro al notar el miembro como entraba y salía repetidamente dentro de ella y sus pechos eran al mismo tiempo manoseados y mordidos dejándola varios hematomas principalmente en los pezones y en las aureolas de estos.

Cuando sus violadores se despacharon bien con ella la dejaron hay tirada y allí siguió sola y llorando su desgracia sin que nadie la socorriese, solo una persona se asomó tras oír su llanto pero la dejo abandonada como a un vil chucho tras decirla que las jóvenes de su edad incitan a la lujuria y que lo ocurrido era un castigo de Dios._ Y eso lo que me dijo usted padre ya que yo soy esa chica.

_ Yo…_ intento justificarse el cura.

_ No intente justificarse padre, no le va a servir de nada. Ahora mismo yo soy juez, jurado y verdugo como su Dios._ Veremos qué le parece al obispo el bonito regalo que le voy a dejar para su visita de mañana.

_ No, no, por favor_ suplico el cura entre balbuceos._ ¿Qué vas a hacer?

Castigarle como si fuese la bestia y yo S. Miguel_ dijo al tiempo que le rajaba la sotana y le dejaba desnudo de cintura para abajo.

Con el estilete fue cortando el miembro del cura como castigo por no haberla socorrido esa noche y lo clavo a los pies de la estatua de S. Miguel utilizando la lanza de este de remache.

Cuando termino se sentó a los pies de un viejo clavicordio que había visto cerca del altar e interpreto el Nocturno en C Menor de Chopin hasta que el curo exhalo su último aliento a causa de la pérdida de sangre.

La venganza estaba servida y era más dulce y satisfactoria que todas las horas de psicología que tuvo que aguantar durante años tras su violación.

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