El cubil del dragón. Capítulo II: El cubil, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

El cubil del dragón. Capítulo II: El cubil

Los enormes y penetrantes ojos del color de la sangre de Balzathar se abrieron despacio. Detrás de la rugosa membrana transparente sus pupilas rasgadas se dilataron al máximo escrutando con detenimiento la espesa negrura que lo envolvía. Movió la cabeza de manera cansina, casi imperceptible, a ambos lados y sus fosas nasales olisquearon con detenimiento la quietud del aire. La enorme estancia que en anteriores tiempos albergara el bullicioso salón del trono del rey Morglin II estaba absolutamente vacía. Unas gotas de saliva se escurrieron entre sus enormes y amarillentos dientes fundiendo la dura roca allí donde cayeron y produciendo un pequeño chisporroteo que iluminó sutilmente el enorme colchón de monedas de oro y otras joyas y riquezas de lo más variado sobre el que descansaba.

Hacía bastante tiempo que no ingería bocado, pero la última comida fue considerablemente copiosa como para tener hambre. Esto, unido a que permanecía en estado de hibernación, hacía que no tuviera ninguna necesidad de alimentarse de momento.

El dragón agudizó aún más sus sentidos, llevándolos más allá de los muros de la fortaleza enana, percibiendo la suave y fría brisa nocturna procedente del norte. El movimiento de los abetos negros que comenzaban a perder lentamente sus hojas anunciaba que la llegada de la estación de las nieves era una realidad y dentro de algunas semanas la nieve lo cubriría todo con su espeso manto blanco.

Percibió también el torpe deambular de los escasos grupos de enanos que habían escapado con vida de su ataque a la fortaleza. Asustados, heridos todos en su orgullo y algunos malheridos también físicamente, casi todos morirían congelados a causa de las nieves o de hambre por la falta de alimento. Los pocos que consiguieran sobrevivir no serían una amenaza seria como para ser tenida en cuenta.

Balzathar extendió su enorme lengua bífida y se humedeció el hocico antes de volver a dormirse plácidamente en la seguridad de su nuevo y cálido hogar.

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados