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El color de la vida

En una reflexión que hace mi hijo Manuel en Facebook, en la que cuenta algunos detalles de una conversación con uno de sus amigos, dice: “Mi amigo, en este sentido, me decía que a éste tipo de gente las denominaba "daltónicos de la vida"; que ellos creían ver la actuación de su vida de un color, cuando la realidad es otra y todos vemos que esa línea de actuación en sus vidas es realmente de otro color. Entiendo perfectamente lo que quiere decir mi amigo y por donde va (un alcohólico por muy de color de rosa que vea su vida, está entrando en el negro más absoluto), pero salvando casos extremos, yo en este punto tengo dudas, todo es tan subjetivo, si uno piensa que su vida es de color rosa y los demás las vemos marrón; de que color es realmente, rosa como la ve él o marrón como la vemos nosotros?”

Yo creo que a la vida no se le puede dar color. Cada individuo es como es y vive su vida como le mandan sus genes y sus atavismos. La gacela piensa que su vida es idílica, no le falta abundante comida que tiene a su disposición a su alrededor y corre libremente por la sabana. Cree que el león es bastante desgraciado porque para comer tiene cazar a otros animales que generalmente son más veloces que él. El león, a su vez, cree que la gacela es muy desgraciada, que está alimentándose para servir de comida para él y que es el más feliz de los animales porque se encuentra en la cúspide de la cadena trófica. Este relativismo también se da entre los humanos. Todos tomamos nuestra vida como patrón para medir la de los demás. Si tu vida y tus actos son como los míos, tú eres un tío cojonudo, inteligente y equilibrado. Si no es así, tu vida tiene otro color y si no lo reconoces es porque eres un daltónico. Todas las vidas tienen el mismo color, el del humanismo, el que nos da una naturaleza común a todos, con la versatilidad que ello conlleva y que alcanza a todos los seres vivos. Incluso una hormiga, que es el ser más gregario de la naturaleza, tiene sus diferencias con otra hormiga de la misma colonia. Reconocemos al ser humano superior cuando le atribuimos una madurez de acción y de pensamiento, pero esta madurez es solo un convencionalismo. El hecho de que haya diferencias entre nosotros no nos hace distintos. Por encima de nuestros razonamientos se encuentra nuestra común naturaleza. Esto es lo realmente importante. Lo demás es accesorio.

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