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El Collar 1.1.2

Mirar dentro del barril.

Esperé bastantes minutos nuestra reunión, hasta que la curiosidad pudo a la paciencia, pues nadie parecía venir y tenía esperando al barquero. Abrí la tapa del barril, lleno de lo que parecía ser agua, y pude apreciar un resplandor amarillo al fondo, reflejado con la luz de la luna que tan llena se encontraba esa noche. Hice acopio de valor y sumergí mi brazo entero hasta alcanzar una cajita metálica, saqué la pequeña caja, que ante la intermitente luz del faro podía observar colores dorados y al tacto un gran relieve, y la guardé en un paño que tenía en mi bolsillo. Tras esperar un tiempo más para ver si aparecía mi peculiar cliente, bajé para que el marinero me llevara de regreso al puerto.

Pese a no saber el valor de la caja ni de su contenido, el viaje hacia mi casa se hizo bajo una gran desconfianza con todo a mi alrededor. Mi andar era apresurado y los músculos se tensaban como un arco, podía sentir las aviesas miradas de las personas que en las altas horas de la noche encontraba en mi camino. Con el chirriante y zarandeado farol que me había auto-prestado del puerto evitaba la sombra como si un macabro ser esperara a que el incauto se adentrara en su dominio, hasta que al fin pude ver el cartel de mi tienda y un descanso emocional refrescó mis adentros.

Sin apenas dejar la vestimenta, fui directo a mi zona de trabajo. Examiné la caja  en profundidad, lo que me llevó una hora entera: la mitad buscando la cerradura, que parecía ser inexistente; y la otra, observando maravillado los llamativos decoros en relieve dispuestos en todos los lados de la caja, excepto en la base. Se podía apreciar el esmero y cuidado realizado para crear las perfiladas bestias que parecían escapar del dibujo: criaturas iracundas y feroces, recalcadas con un pulimiento excepcional;  pero seguía sin encontrar la dichosa cerradura que me mantenía frustrado, pues no quería destrozar tan bella obra mediante alguna bárbara ocurrencia producida por mi resignación.

Al día siguiente, tras el regreso de mi padre, por fin, descubrí otro comunicado por parte de mi velado admirador en el bolsillo de la húmeda chaqueta con la que había vuelto de la taberna; mi padre siempre acostumbraba a dejarla tirada en el recibidor, ya que apenas llegaba para ascender por las escaleras que permitían subir hacia nuestra casa, puesto que teníamos nuestros dormitorios en el piso superior de la propia joyería.

El mensaje de la chaqueta mencionaba que dentro de esa caja hallaría la preciada piedra con la que confeccionaría la obra de ensueño, y que si pretendía forzar su apertura jamás lo lograría, pues se encontraba fuertemente sellada con algo todavía incomprensible para mí. Su pedante comportamiento me obligó a comprobar que lo dicho era verdad, pues ni la caja parecía fundirse al fuego, ni los martillazos llegaban a rozarla.

1. Enseñar la caja a tu padre cuando despierte a ver que se le ocurre hacer. (Continuar leyendo "El Collar 1.1.2.1")

2. Esconder la caja a la espera de más instrucciones por parte del siniestro cliente. (Continuar leyendo "El Collar 1.1.2.2")

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