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El Collar 1.1.1.1

Pasar temeroso a través del portal.

Cuando crucé a la siniestra sala, ya no había vuelta atrás: el portal desapareció. Escuché como una voz, aguda e imperante, me ordenaba tomar asiento bajo la luz del fuego celeste. Pese a mis dudas y mi quietud, fui forzado y arrastrado a ello: mis pies se movían sin que mi mente lo quisiera. Tras lo cual, apareció nuevamente la persona que en sus manos me tenía: era una mujer.

Podía observar, mientras me encontraba sentado, parte de su rostro pese a la capucha que llevaba: de piel pálida y grisácea, con los labios pronunciados y rojos como la sangre misma que incitaban enormemente a besarlos. Y en conjunción, la ondulada y perfecta forma de caderas que hace a una mujer tan atractiva. Pensé que ante mí se encontraba una divinidad.

Quería preguntar muchas cosas, pero al primer eco de mi voz la mujer me hizo mudo: pese a que quería exhalar aire para producir sonido, mi cuerpo se negaba a ello. Y comenzó un monólogo que me hizo escuchar, poniendo mis sentidos en alerta e incrementando mi concentración:

“Por fin nos encontramos sin escritos ni intermediarios, joyero. He de decir, que no te veo tan nervioso ni sorprendido como imaginaba que ibas a estar, por lo que deduzco que ya has tenido contacto con la magia. –La mujer hablaba mientras andaba alrededor de mi posición a la par que los fuegos danzantes sobre mi cabeza- Veo que he llamado enormemente tu atención, y más ahora que has descubierto que soy una mujer. Te atraigo, ¿Cierto? Los hombres sois tan, sencillos y predecibles. Te he estado observando más tiempo del que crees, joyero, y finalmente he decidido que podrías merecer la pena. Verás, al igual que tú, también creo que esta ciudad es un completo desastre: cantidades ingentes de pobres sin hogar comparten el rincón del oscuro callejón con las ratas, igual de numerosas y voraces, sustentados con las sobras de los presuntuosos civiles, cuyas rodillas son tan endebles que el peso de una deuda más es suficiente para acabar con sus traseros hundidos en las apestadas aguas del canal que recorre la ciudad, flotando y siendo la sobra que ellos mismos desechaban. –La mujer comenzaba a elevar su tono de voz, indicación de una rabia arraigada- El trato con las personas se rige según su estatus en la sociedad, lo que propicia la envidia y el odio, situando el asesinato como principal medio para lograr respeto ante los demás. Un velo de engaño; una fachada de cartón pintada con coloridas ilusiones. No hay límites para crear una decorada mentira que incite a los extranjeros a atravesar el puente elevadizo que da paso a la plaza de los mercaderes, donde prostitutas y estafadores son maestros en su oficio, desviando la atención de los verdaderos demonios: los políticos y el clero de esta “gloriosa ciudad”, quienes ostentan el poder necesario para que todo funcione conforme a sus deseos, y no a la voluntad divina, como ellos aseguran. No me extraña que antaño la peste encontrara tan grata su presencia en este lugar, pues Ventormenta es una ciudad de pecados camuflados.

Tu familia llegó aquí pensando que encontraría un lugar de ensueño, un lugar donde no más asaltadores robarían vuestros ahorros, que tanto esfuerzo habíais realizado para conseguirlo; donde el negocio podría darse a conocer y gracias a ello podríais vivir sin sentir la carga del qué pasará mañana; donde tu madre podría cumplir uno de sus deseos: tocar con sus habilidosas manos el astillado laúd, que sin duda habríais podido reparar, mientras canta con su dulce y melódica voz en las tabernas del lugar.-Comenzaba a sentirme airado y los músculos crecían con la tensión que estaba realizando- Pero todo ha resultado ser un terrible engaño.

 Creo que tu padre no te contó cómo murió tu madre. No. No murió por una enfermedad, pese a las grandes probabilidades que había para ello. Tu madre era especial, ¿Sabes? Podía ver caminos, situaciones futuras que a veces podías encontrar. Vuestro comienzo en la ciudad fue bastante duro y a tu padre se le ocurrió sacar ventaja de este Don para que el negocio comenzara a funcionar. Aunque hay ocasiones en que las personas, sobre todo las que habitan aquí, no se toman muy bien lo que les puede deparar. No sé quien acabó con la vida de tu madre, pero ¿No crees que fue una absoluta injusticia? ¿No merece tu familia algo mejor? La vida no es tan dura si uno quiere. ¿No deseas cambiar esta apestosa ciudad, que se ha convertido en una trampa mortal para todo aquel que quiere empezar su vida de forma honrada? Puedo darte el poder necesario si tú lo deseas. Yo también he sufrido calamidades y la vida todavía no me ha compensado, solo quiero darte una oportunidad. Te aseguro que después de este encuentro no volverás a verme, y siento ser tan dura y estricta, solo es que no soporto quedarme más en este lugar. ¿Y bien?”

1. Asentir con la cabeza. (Continuar leyendo "El Collar 1.1.1.1.1")

2. Negar con la cabeza. (Continuar leyendo "El Collar 1.1.1.1.2")

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