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El Collar 1.1

Ojalá las cosas no fueran de esta manera, pero tengo que sobrevivir a como dé lugar. Contactaré con mi aparente benefactor.

Si la noche descansara, desde luego no sería en los muelles del puerto, no hay lugar más ajetreado a estas horas: los crujidos y golpes de los carromatos, que suben y bajan sin cesar por las empinadas rampas que dan la bienvenida al embarcadero, manifiestan la cantidad de mercancías que se comercia; se hace notable el periodo en guerra, ya que los ruidos metálicos de armas y equipos de batalla, que cargan y descargan incesantemente, son tan intensos que resulta inevitable salir de puerto con un tintineo en los oídos; los fornidos marineros actúan en un continuo frenesí laboral, parecieran prepararse para la llegada de la tormenta de sus vidas; y los mercaderes de pescado aprovechan estas horas para comerciar los suministros que los barcos pesqueros traen tan frescos de alta mar.

Por fin bajé la escarpada e interminable cuesta y arribé en suelo portuario. Allí miré alrededor en busca de una señal, pues en la nota, que esta mañana apareció siniestramente en el bolsillo de mi pantalón, no se especificaba la manera en que mi cliente y yo podríamos encontrarnos, solamente comunicaba nuestra cita con este escrito: “A medianoche en el puerto”.

 Al poco tiempo de mi intento de disimulada búsqueda, un muchacho que andaba ayudando a descargar un cajón de un barco militar, se acercó y me entregó un mensaje, acto seguido volvió a sus quehaceres. Ya estaba comenzando a hartarme de tanta mensajería. Al abrir el papel doblado en cuatro partes pude leer: “Tonel bajo la luz de la luciérnaga”. Pensé en nombres de negocios de los alrededores, nombres de barcos, apodos e incluso historias locales que tratasen sobre estos insectos, pero no conseguía descifrar a qué se refería; y una vez más, mi ingenio tuvo otra ocurrencia: quizás el faro del puerto fuera dicha luciérnaga, y a la vez donde el individuo que busco querría que se produjera el encuentro, visto el ocultismo con el que actúa.

Convencido, me dirigí para allá en una pequeña balsa impulsada por los remos que un fuerte marinero, a quien había incentivado con dinero, usaba de manera magistral. Pedí a mi transportista que esperara un tiempo y escalé por la rocosa  pendiente hacia la entrada del faro, donde encontré el barril citado en el mensaje.


1. Esperar a que aparezca el desconocido. (Continuar leyendo "El Collar 1.1.1")

2. Mirar dentro del barril.  (Continuar leyendo "El Collar 1.1.2")

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