El Collar, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

El Collar

INTRODUCCIÓN

Ya estamos en estas fechas.

La lluvia condena los negocios que abren las puertas para amparar al cliente. Sin embargo, para mí es un día de creatividad: mi padre decide marcharse, no puede soportar el recuerdo de su esposa muerta bajo un temporal semejante  y emprende su viaje al alcoholismo en la taberna de John; no vuelve hasta que no ha colmado su corazón con hidromiel. Por lo cual, soy el efímero dueño de esta joyería.

 Son estos momentos, oscuros y silenciosos, los que aprovecho para diseñar una nueva pieza que acabará siendo vendida; toqueteada por arrogantes y engreídos ricachones; por maridos infieles que pretenden reparar el daño causado mediante lujos o incluso personas ocupadas enteramente por la insensatez, que sin darse cuenta dejan al descubierto tan ilustre joya y ésta acaba siendo mancillada con la sangre de su portador. Podéis imaginar la resignación con la que acabo entregando mis preciadas obras a cambio de monedas, que ni pueden llegar a ser el eslabón de la cadena más humilde que se encuentre en esta tienda.

Mientras trabajo, las horas pasan igual de rápidas que en un sueño, interrumpido en ocasiones por los clientes más desesperados que podría jamás manifestarse en otro lugar. Aunque hay alguien, no sé si catalogarlo como cliente, que me resulta realmente intrigante, pues desde hace una semana no hay día que pasadas las nueve de la noche no descubra una carta, dirigida atentamente a mí, colada por el resquicio que la puerta vieja y chirriante del recibidor deja con el suelo. He de decir que quien la escribe sabe cómo llamar la atención, pues sus sobres contienen un mensaje tan retador y provocativo que podría hacer bullir hasta la sangre de un muerto.

La primera carta que encontré fue una tremenda llamada de atención a mi forma de ser. Realmente me puso malhumorado, pues me comparaba con un perro doméstico que a través de una ventana no paraba de ladrar; dudaba de que, aún dejándome la puerta abierta, me decidiera a salir al exterior.

Las demás cartas eran un análisis de todas mis creaciones: un minucioso seguimiento de cada una de mis obras, en la que se me informaba de su paradero y describía detalladamente en manos de quienes estaban sometidas. Fueron estas cartas el origen de una angustia tan equiparable como la que puede llegar a sentir un padre cuando recibe la noticia del fallecimiento de alguno de sus hijos.

Y como desenlace final, en sus mensajes me ofrece una reliquia familiar con la que trabajar: un material o piedra preciosa descrita como la más pura que puedo llegar a poseer en toda mi vida. No daba más información acerca de ella para aumentar mi curiosidad; sin embargo, este peculiar invasor dice ser un viajero tan eterno como el sol, y no puedo evitar pensar que, si tanto ha viajado, sea verdad que tenga algo interesante entre sus pertenencias. El secretismo es una de las virtudes de este entrometido que asalta cuando quiere mi hogar en forma de palabras ancladas a un papel. He intentado averiguar quién es, pero los niños que cuelan las cartas nunca llegan a conocer su aspecto, pues según me han contado, siempre habla con ellos bajo la segura nocturnidad de los callejones. Sé que en este mundo nada es lo que parece y la caridad carece de existencia, por lo menos en esta ciudad.

Acto  1

Los días han transcurrido y mi padre sigue ausente. Los guardas visitan constantemente la tienda buscando sus tributos: la entera milicia local actúa como si fueran los regentes y se inventan pagos para satisfacer sus noches en burdeles. Que no se te ocurra plantarles cara, la suya esta nublada por la codicia y no hay quien les borre su rostro arrogante y engreído. Además, se apoyan unos a otros como buitres: si ven que hay una presa fácil lo comunican a los demás para asegurarse que no haya compañero que no tenga las manos sucias, así consiguen que nadie deserte de su complot rebosante de júbilo y egoísmo.

 No es fácil disponer del material necesario para seguir elaborando productos para vender. Y por si fuera poco, nos han informado que nuestros proveedores han resultado malheridos en uno de sus viajes. Sé que ha sido la milicia, pues nos tienen marcados desde que Camilo, el hijo de puta más gordo y avaro de toda la ciudad, pagó nuestra condena por la gran competencia que suponíamos, pues cuando llegamos teníamos bastante fama gracias a las joyas fabricadas para la iglesia de villaoscura, cuyos habitantes proporcionaron las piezas necesarias para su confección. La verdad es que quedaron realmente impresionados con nuestro trabajo. Fue mi madre, que en paz descanse, quien sugirió establecer nuestro propio negocio en la ciudad más importante del continente.

No puedo evitar pensar en la joya que ofrece el personaje de las cartas, apenas queda qué vender en la tienda.


1. Ojalá las cosas no fueran de esta manera, pero tengo que sobrevivir a como dé lugar. Contactaré con mi aparente benefactor. (Continuar leyendo "El Collar 1.1").

2. Puedo continuar arreglándomelas por mí mismo. (Continuar leyendo "El Collar 1.2")

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados