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El bar

Lo que voy a relatar no me lo contaron, ni lo leí en las últimas páginas de un diario, entre crucigramas y pronósticos del tiempo; yo estuve todo el tiempo ahí.

En los arrabales, hay un barrio de casas bajas y calles de tierra oscura, tan oscura como las almas de la mayoría de los que lo habitan, hombres y mujeres que fueron llegando, escapándose de un pasado algo turbio, generalmente buscados por la ley, gente dura de piel y corazón, acostumbrada a enfrentar la vida de una sola manera "hasta que alguien sangre".

El barrio no tiene plazas ni escuelas; este no es un buen lugar para criar niños, las pocas familias son una rara mezcla de mujeres abandonadas con críos, que se acercaron hombres para que las ayuden con la carga, a costa de golpes y abusos;el resto son personas de mirada desconfiada que de vez en cuando se permiten juntarse para tener negocios non santos o algo parecido al amor.

En el centro del lugar hay una construcción un poco mas grande; en el frente funciona un bar donde van a ahogar sus penas las almas que quedaron atrapadas en este lugar, atrás un patio y alrededor de este algunas habitaciones pequeñas apenas amobladas con una cama y un perchero; allí pasan un tiempo los que recién llegan: que son los mas oscuros; nadie los conoce y la vida viene mordiéndole los talones.

La dueña del lugar es una muJer, joven y bella,unos ojos azules que si se abrieran con ganas y desplegaran su luz iluminaria este submundo en el que le tocó nacer; pero su mirada, como la de todos aquí,tiene una especie de nube gris delante de un seño siempre adusto.
Ella también es una prisionera mas ;heredó todo de su padre quién en una disputa con uno de estos personajes, fué el que terminó sangrando.

Recuerdo aquel domingo de verano; el sol ya hacia un rato que se habia escondido detras de las casas, apenas quedaban luces en un cielo que pasaba de rojo a violeta oscuro; el bar estaba lleno pero el alcohol había hecho su trabajo trayendo viejos recuerdos y en este lugar los recuerdos se apagan con mas alcohol; todo era silencio y tristeza.

El ruido de las cortinas de cadenas y unos pasos rompieron aquel clima de soledades amontonadas. Un hombre apareció en la puerta, mediana estatura, rasgos finos, aspecto cuidado; no tenía para nada el halo sombrío de los tipos que suelen llegar al lugar; avanzó lentamente hacia la barra enrejada donde estaba ella; no disimuló su sorpresa al encontrar tan bella mujer atendiendo un sitio como ese, la saludó sonriendo algo no muy usual, esto hizo que a ella se le corriera la nube gris de su rostro y dejo que sus ojos desplegaran toda su belleza; unos enormes faroles azules mirando una sonrisa brillante como una luna de enero, por un momento los dos salieron de aquel agujero y fué como si todo alrededor brillara ;el momento pasó desapercibido para casi todos, en la otra punta del mostrador un hombre vio las miradas de ambos jóvenes y la sangre pareció subir de temperatura, hacia tiempo que buscaba acercarse a la dueña del bar y la muchacha lo rechazaba casi con desprecio, y ahora este extraño la estaba haciendo brillar.

El forastero se acomodó en uno de los cuartos del fondo, aquí nadie hace preguntas solo un intercambio de una llave por algunos billetes y un cambio de ropa de cama de vez en cuando pero en esta ocasión la atención era un poco diferente conversaciones amables, miradas y algunas risas, hasta se escuchó música en el patio. Una mañana sonaba un tango en la radio cuando la vió cruzar el patio, el le salió al encuentro la miro, le sonrió y extendió su mano izquierda, algo tímida sonrió miro a su alrededor y entregó la suya, el brazo derecho la abrazo por la cintura y con un movimiento suave la acercó a su cuerpo. Los compases del tango y los de los corazones hicieron lo demás. Cuando acercó su cara a la de ella, le dijo bajito "me muero por vos" en ese momento corazón y tango perdieron la sincronía y ella se separó, se fue casi corriendo hacia el bar. Desde uno de los cuartos unos ojos sin alma habían visto la escena.

Al caer la noche el boliche estaba algo mas animado que de costumbre, alguien había traído una guitarra y le sacaba algunos acordes; el entró al lugar la miró pidió la guitarra y todos se miraron cuando el instrumento se hizo más melodioso y con una voz que sacó algún gesto de asombro la miró y le cantó; una vez mas los ojos de ella iluminaron el lugar y el corazón perdió el compás; el último acorde fue acompañado por un silencio y después los que estaban en el lugar aplaudieron y levantaron sus vasos pero ellos no escuchaban más que sus cuerpos destilando vida; el bullicio se cortó en seco por un sonido conocido por todos: el estruendo de un "bufoso". Hubo en el momento algunas corridas y algunos se tiraron al suelo después un silencio de espera, todos miraron al cantor, en la guitarra apareció un orificio, la dejó caer y en la camisa una pequeña mancha roja comenzó a agrandarse, se doblaron sus rodillas y lentamente fue cayendo de espaldas.

Como dije, esto no me lo contaron; todo el tiempo estuve allí. Me costaba respirar y se me cerraban los ojos pero hacía fuerza por no cerrarlos miraba el cielorraso y esperé hasta que sobre mí aparecieron los mas bellos ojos azules que jamás vi, la aflicción no apagó su brillo una lágrima corrió por su mejilla, mientras, me vencía la oscuridad y el silencio, todo se iba perdiendo y en el último esfuerzo le repetí:
"me muero por vos".


JORGE LOYOLA

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