El accidente, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos,relatos de las personas que han estado en el mas halla,relatos cortos de personas en accidentes de trabajo

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

El accidente

Unos amigos van en coche de vacaciones y sufren un accidente, solo queda una persona con vida. Cuando vuelve en sí, éste se siente muy dolorido; por el olor, sospecha que se halla en el hospital; por el sabor, amargo y áspero, advierte que ha estado intubado; por el tacto, nota las cicatrices en su cuerpo, se da cuenta de que le han operado; por el sonido, se percata de que hay gente a su alrededor, y no saben que está despierto; quiere abrir sus ojos pero algo se lo impide, cuando consigue abrirlos, las luces están apagadas.

Al poco tiempo acude el médico ante la noticia del urgir del paciente y pide a las personas alrededor de este que salgan un momento, quiere informarle de todo lo sucedido, del estado en que se encuentra y del accidente.

Ya lo entiendo todo, se dice a sí mismo el paciente. Son mis amigos, los que me están tapando los ojos con sus manos, una amonestación por provocar tal desastre.

Lo siento mucho, desahóguese cuanto pueda, le propone la apenada enfermera situada detrás del doctor.

Los amigos que he perdido no los volveré a encontrar, la pena, sorda como una tapia no se espantará por más que grite, y un corazón roto solo el tiempo lo cura, lástima que no viva tanto, así que, ¿De qué me sirve desahogarme? No veo que ninguna fórmula de Einstein demuestre que se pueda viajar atrás, prefiero mantener esta penuria, cogerla de la mano, e ir guiándola hasta la salida pese al tiempo que me lleve, antes que ponernos a esperar en el jardín y juguetear en la fuente de los recuerdos, contándole anécdotas, y así no acabar nunca.

En una historia paralela  un hombre mayor se siente la persona más despreciada del mundo, le han echado del trabajo, se droga y eso le hace sentirse más culpable, a causa de esto su mujer le ha dejado. En un momento de su vida trata mal a las personas porque considera que a él nunca le han tratado tan bien, lo cual es una gran mentira. Lleva tanto tiempo viendo la alegría de los demás que comienza a marginarse e intenta humillar a quien puede solo por obtener algo de triunfo, quiere dejar de sentirse desgraciado y no sabe cómo.

Un día, paseando por la calle ve a un ciego; cabizbajo, con un andar de procesión, víctima perfecta para mantener constantes sus infamias. Se sitúa a su lado y comienza la conversación:

Parece usted uno de los cargadores de una cofradía, ¿Qué peso llevas encima que tienes un ver tan curvado?

No se obtiene respuesta alguna.

No se lo tome a mal lo que digo buen hombre que le estoy notando un tembleque, tenga cuidado vaya y se le caiga la virgen.

Sigue sin vislumbrar una respuesta, así que cambia de estrategia, no le interesa el exterior, comienza a excavar en la orilla.

¿Qué siente? Le pregunta al ciego.

Siento que a cada paso que doy puedo caer en un profundo hoyo, siento como los pelos de mi piel ondulan cuando pasa el viento, oigo el aleteo de los pájaros y el roce de las hojas de los árboles a la vez que escucho la discusión que una pareja mantiene por teléfono. Siento que los coches pasan a escasos dos centímetros de mí, o eso creo imaginar.

¿Qué ves? Pregunta el ciego.

El hombre se queda muy extrañado tras conseguir una respuesta, se queda pensativo ante las habladurías que el ciego emitía, y comienza a sentirse bien al identificar a otro desanimado ser.

Veo a un desgraciado. Responde el hombre.

¿Qué sientes? Le vuelve a preguntar al ciego mirándolo atentamente.

Siento que fuera el conductor en el camino, y que por mirar no viera lo que debí de ver. El ciego gira su cabeza hacia el hombre y replica: Hasta aquí llega mi tormento, pena.

El hombre que estaba a punto de echarse a reír por las cosas que el ciego había dicho cayó en las alcantarillas del camino al no ver las señales que decían “cuidado”.

A las pocas horas el hombre despierta en el hospital con una carta en la mesita cerca de su cabecero que ponía: “Una vez me desperté en un hospital y me encontré con que no podía ver a los amigos con los que me había juntado durante mucho tiempo de mi vida, ¿Cómo los podría ver si soy ciego? te preguntas. No, te respondo, los maté en un accidente de coche por mirar como alguien se estaba cayendo por una ladera. Respecto a tus preguntas durante la caminata. ¿Qué sentía? Sentía a un hombre que necesitaba ayuda, y que por mirar donde no debía no vio lo que estaba por venir”.

El hombre sonrió y exclamó:

Que me diga esto un ciego, tiene gracia.

Al mirar por la ventana un rayo de sol con dirección a sus ojos le ciega por un momento, el hombre se queda pensativo durante largo rato.

Es extraño, que un ciego cambie tu forma de ver. Y volvió a mirar por la ventana.

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados