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Débora

Era una noche pesada, la hora rondaba cerca de las once,  Frank manejaba a través de la carretera nacional, en ese punto reinaba una oscuridad espesa,  reforzada por la niebla que aparentaba recorrer el camino junto a él,  las estrellas ofrecían la única luz del camino, la noche hablaba a través de los sonidos del silencio, una paradoja solo comprensible por el que vivía el momento, el horizonte era infinito, Frank se dirigió al tablero del vehículo, una camioneta Ford de gran tamaño, buscaba en la radio algo de música para no dejarse seducir por el sueño que quería adueñarse de sus sentidos, no había emisoras  disponibles, solo el sonido rocoso y áspero que reflejaba la inexistencia de una onda radial, suspiró con desánimo, recordó que  el próximo pueblo estaba a unos 200 km de distancia, pensó en parar en algún espacio de la carretera y terminar de pasar la noche, ya mantenía más de dieciséis horas continuas de manejo..

Frank en ese instante recordó el motivo de su viaje y entristeció, sus ojos estaban a punto de soltar unas lagrimas, de pronto retomó la razón y se preguntó ¿porque llorar?, ya era algo superado, incluso su viaje tenia el objetivo de liberarse de todo recuerdo, una nueva vida, un nuevo comienzo, ya estaba entrado en los cuarenta, creía tener su vida hecha, pero el destino interpretó otra cosa.

Tres años atrás, Frank estaba en su oficina, sus hijas, las gemelas, ya estaban en la universidad, las veía cuatro veces al año, en las fechas familiares, ya ellas estaban en el comienzo de su propio viaje de vida, él le dio el inicio, le dio la facilidad para su educación y un hogar estable. Audrey, era el nombre de su esposa, mantuvo con ella veintidós años de matrimonio, juntos desde los estudios universitarios construyeron un hogar feliz, Frank no tenia ojos ni mente para imaginarse un mundo sin ella, tuvo la suerte de pocos, conseguir a su otra mitad, en un mundo de más de un billón de habitantes, él la consiguió, su amor se mantuvo intacto desde que la conoció, su sentimiento creció día a día, cualquier sacrificio en ese tiempo juntos, se convirtió en un placer solo por el hecho de estar con a ella, y luego la llegada de las gemelas termino por dar la máxima felicidad a la relación.

- Doce de noviembre del año dos mil diez, una fecha marcada para siempre en mi mente, no se porque fui a esa celebración, nunca iba, siempre de la oficina me dirigía a mi casa, fue un día extraño, mi socio me pidió que fuera por él, por primera vez en quince años mi socio no podía atender al cliente de turno, el fuerte de Harold siempre fue las relaciones publicas, él se encargó desde el inicio en mantener contento a los clientes, pero ese día no pudo, una llamada lo alejó de su rutina, su hija había tenido un accidente de tránsito, nada grave, pero estaba en el hospital en observación, llamé a Audrey y le avisé que llegaría tarde y que no me esperara para cenar, rutina que por primera vez rompíamos desde hace muchos años.

Serian las dos de la madrugada, dejé a los clientes en su hotel y seguí en dirección a mi casa, nunca me había sentido tan cansado como hoy, quería acostarme y abrazar a mi esposa, no recuerdo una noche en todos estos años que no la tuviera entre mis brazos, sentía que la protegía, que nada podía hacerle daño mientras yo estuviera. Estacioné, bajé mi maletín, esa noche tenía un frió particular, sentía que rozaba mis huesos, había un silencio tenebroso, nunca había llegado tan tarde solo a mi casa, fui a tomar mis llaves, cuando vi la puerta entreabierta, entré y tomé un bate que siempre guardaba detrás de la cortina de la sala, toda la casa estaba en oscuras, vi los muebles  en desorden, eso me alteró, con mucho nerviosismo subí corriendo por las escaleras, - Audrey, por favor contéstame, dime que estas bien-. Grité desesperado,  -llegué a la puerta de nuestro cuarto, estaba abierta, un silencio abrumador arropó el lugar,  me asomé sin pensar en nada más que encontrarla, y fue lo que sucedió, al entrar,  ahí estaba ella.

Frank regresó a la realidad, no estaba decidido, si parar o seguir manejando, los ojos le transmitían un mensaje de cansancio al cuerpo, eran muchas horas conduciendo, quería ir lo más lejos posible, pero la mente lo mantenía cerca, esa sensación no lo dejaba parar. De pronto ve un vehículo en el camino, le llamó la atención que  tenia las luces de emergencia funcionando, pasa al lado, baja la velocidad, fija la vista y para su sorpresa  ve a una hermosa mujer, parada al lado del vehículo, algo extraño, a esa hora, casi a la media noche una dama corría un gran peligro  en ese solitario camino. Frank estaciona unos metros más adelante, y se acerca a la hermosa mujer.

- ¿Algún problema ? pregunta

- Si, sonó el motor y no quiso moverse más.-le dice la hermosa mujer sin dar muestra de temor.

- ¿Puedo ver?, no soy mecánico pero lo básico lo manejo

- Por favor... y gracias

- No se preocupe -dejándose envolver en aquellos hermosos ojos azules.

Frank intentó arrancar el vehículo , pero el auto no respondió, abrió el capó, movió el distribuidor, vio el encendido pero no encontró nada.

- No encuentro una falla común, debe ser algo más serio. ¿Quiere que llamemos a una grúa?

- Intenté hacerlo pero en esta carretera no hay cobertura

- Puedo llevarla si no le molesta. -le indica Frank

- De verdad se lo agradezco. -le responde la joven sin pensarlo mucho.

Así toman camino, la hermosa mujer le indica cual es la dirección, unos cinco kilómetros más adelante había un cruce, por ahí le pide el favor que se dirija y uno treinta minutos mas tarde estaban llegando a la casa de la hermosa pero misteriosa mujer.

- Aquí vivo. -le indica sin dejar de mirar al frente.

- Es una hermosa casa. -Le indica  maravillado por el lugar.

Frank no salía de su asombro, era una mansión enorme, en medio de la nada, estaba todo en oscuridad, como si nadie estuviera esperando, un jardín perfectamente cuidado, a pesar de la penumbra se podía apreciar los arbustos podados con formas que no podía observar  bien, pero que si apuraban para su definición se podría decir que aparentaban tener un sospechoso aspecto humano, al final se encontraba una fuente en el medio de un camino en forma circular que dirigía a la entrada de la mansión.

- Bueno, está en casa, deben estar preocupados por usted.-le comenta Frank casi en forma de pregunta.

- Estoy muy agradecida, pero he sido una mal educada, no le he preguntado ni siquiera su nombre.

- Frank...  Frank Cambel.

- Mucho gusto Frank, mi nombre es Débora.-le dice la hermosa joven con un tono de voz que rozaba lo sensual-. Frank te ves cansado, ¿Cuantas horas tienes manejando?

- ¿Se me nota verdad?, mas de dieciséis horas.

La joven Débora al oír aquello tomó como una obligación darle hospitalidad a quién con desinterés la ayudó

- Por favor acepta mi invitación y quédate a descansar, mañana me podrías ayudar con el vehículo.

- ¿No seria mucha molestia? -Pregunta algo apenado.

- Sería lo mínimo que podría ofrecerte luego de tu ayuda.

Frank internamente no podía estar mas agradecido con el destino, hoy por lo menos parecía estar con él, después de estos tres años de sufrimiento, era real la posibilidad de  abrirse un pequeño camino, la verdad es  no podía seguir conduciendo, estaba destruido, lo que necesitaba era descanso, y esta misteriosa mujer se lo estaba ofreciendo. Sin pensarlo mucho, aceptó y la joven le regaló una hermosa y amplia sonrisa, tomándolo de la mano lo condujo hasta la gran puerta que dividía el exterior con la intimidad de la mansión, Débora abrió la puerta, parecía no tener algún tipo de cerrojo, Frank quedó intrigado pero la mano de la hermosa mujer llevándolo dentro tomado por la suya hizo que le hiciera caso omiso a lo sucedido, al entrar quedó maravillado, era un lugar de estilo clásico, casi hubiera jurado que lo que ocurrió al atravesar la puerta fue un viaje en el tiempo, a años anteriores, espacioso, con muebles impecables y muy antiguos en su modelo, caminó arrastrado por la joven hasta el inicio de una gran escalera que como una enorme ostra iba estrechándose a medida que  iba llegando a la cúspide, ya en lo alto se abría paso un gran pasillo con muchas puertas de lado y lado, Débora caminó junto a él hasta la mitad del recorrido y giró de pronto a su izquierda.

- En este cuarto puedes pasar la noche, adentro tiene un pequeño baño por si quieres ducharte antes de acostarte, yo estoy al fondo-. A la par que le señala la penúltima habitación a la derecha del pasillo.

- No se que decir, solo no me queda más que agradecer la confianza de abrir las puertas de tu casa a un desconocido.

- Tú ya no eres un desconocido, descansa. -le dijo la joven mientras caminaba con mucha gracia y sensualidad hacia su habitación.

Frank abrió la puerta y entró en el cuarto y quedó pasmado de lo grande que era y continuaba seducido por lo que aparentaba ser un viaje forzado al pasado, la cama era de un modelo muy antiguo aunque no reflejaba el paso del tiempo. Tomó una ducha y cayó fulminado por el sueño.

Había amanecido, Frank se levanta, se dirige al baño en la habitación y ve una nota en la puerta, - Frank tuve que salir de urgencia, ya llamé al mecánico y fue a recoger el vehículo, en la cocina hay comida, por favor espera que llegue, me gustaría conversar contigo, puedes ir a la caballeriza y tomar un caballo, todos son dóciles, pasea por el bosque, es muy lindo el paisaje,

De momento lo tomó de sorpresa, sin embargo, no tenia apuro, contaba con un mes para establecerse en su nueva casa, y por dinero no tenia problema, iba a dirigir una nueva oficina y Harold manejaba el negocio, podía esperar, además aquella mujer le parecía misteriosa, y a la vez interesante, sentía que necesitaba un poco de paz o perdería la cordura. Eso le trajo recuerdos.

Aquel momento nunca iba a desaparecer de su mente, su mujer completamente bañada en sangre, sin ropa, tirada en la cama, su mente quedó en el limbo, no oía, no sentía, solo veía un cuadro que marcaría su vida, la abrazó, le pidió perdón, en eso un ruido abajo, algo cayó en el piso, el dolor se convirtió en odio, bajó por las escaleras como si estas no existieran, vio hacia la cocina y luego a la sala, y ahí estaba, el ser que destruyó su vida, era un sujeto grande, de un metro noventa con seguridad, en su mano tenia el cuchillo con el cual había quitado la vida a su amada, su mirada transmitía locura, pero esa noche solo una persona iba a quedar viva, y su mente no podía pensar otra cosa que no fuera matar a quien asesinó su presente, y así debería ser, el criminal se abalanzó sobre Frank, este con toda la fuerza que su cuerpo acumuló por el odio a aquel hombre, la atinó un golpe brutal con el bate en la cabeza, no hubo que hacer más, el cráneo se hundió, muerte instantánea, los cuarenta golpes después, fueron solo desahogo. Tan brutal fue la muerte de Audrey que el fiscal no formuló cargos, directamente el veredicto argumentado a favor de Frank fue defensa propia.

La mansión era muy hermosa, muebles clásicos, una chimenea enorme en el salón, escaleras con pasamanos de madera, todo completamente limpio, la cocina era inmensa, tenia todos los alimentos posibles. Los baños con perfecto acabado, toda la decoración era colonial, los muebles eran de ese estilo, pero se veían casi nuevos y el casi era por la improbabilidad de que lo fueran.

Pero lo extraño es que no había nadie, no entendía como esa enorme casa podía mantenerse así solo con una persona habitándola, calculaba que contaba con mas de veinte habitaciones, -seguro hoy era día libre o las personas deben trabajar por día pago, en estos días se usaba mucho para bajar costos, lo cierto que era una hermosa mansión-. Pensó.

Tomó una hermosa yegua blanca y cabalgó por el bosque, tenia vegetación muy espesa, era un sendero muy silencioso, solo la brisa emitía un sonido que se sentía en la piel, el camino era pedregoso, en un instante la vegetación le dio paso a un gran claro, era un pequeño cementerio, había unas quince tumbas, todas bien cuidadas, mas adelante un mausoleo con cadena y candado, muy tétrico, contrastaba con las demás  tumbas, era muy lúgubre , siguió cabalgando, había recorrido mucho, mejor era volver, el tiempo había pasado y podía tomarlo la noche.

Llegó a eso de las seis de la tarde, ya la noche estaba por llegar, entró en la mansión, la joven no había llegado, subió a la habitación y fue a darse un baño, se sintió relajado, luego tomó una siesta, cayó en la cama con un sueño que lo dominó al instante.

Frank se despertó con sobresalto, no sabia cuantas horas había pasado, se vistió y salió del cuarto, ve sola la casa y llama en voz alta a Débora , no obtiene respuesta, ve al final del pasillo el cuarto donde la hermosa joven le dijo la noche anterior que pernoctaría, se dirige a ella y abre la puerta, en eso ve a la joven,  de espalda completamente desnuda, Él queda congelado, nunca había visto una figura tan perfecta, su cuerpo parecía de porcelana, su cabello húmedo colgaba a un lado de su cuerpo como una catarata dorada, Ella siente el sonido y voltea muy lentamente y lo ve, directo a los ojos, con una mirada llena de sensualidad, en ese momento Frank entra en razón y sale del cuarto , con escusas se abre paso entre el pasillo, ella se asoma en la puerta del cuarto del cuál segundos antes Frank salió huyendo, con un pequeño camisón que al tras luz  deja a la vista su hermoso cuerpo.

- Frank, no te preocupes, ven pasa, ya estoy vestida, quisiera conversar contigo. -le dice una relajada joven.

- En verdad disculpa, no quería…

Y sin dejarlo culminar la frase.

- Tranquilo, se quien eres, ayer lo demostraste, no me sentí incomoda. ¿Dime que te pareció la casa?

- La mansión es increíble, todo impecable, ¿como lo haces?, no veo servidumbre, hoy estuve solo todo el día.

- Ellos vienen, no todos los días, pero el tiempo suficiente para tenerlo todo limpio.

- ¿Vives aquí sola? -la pregunta salió de su boca sin poderla controlar.

- Si, desde hace tiempo.¿Y tú?, cuéntame de ti.

- No hay mucho que contar. Salí de una ciudad donde tuve una vida y voy a otra a comenzar una nueva, en eso resumo mi vida.

- Déjame enseñarte algo. -le dice la joven dando un giro total al momento.

Se levanta de la cama donde estaban hablando y va hacia el tocador, no sin antes mostrar su hermosura, era imposible no verla al tras luz, su cintura era como esculpida por los dioses, bajando y formando una silueta de guitarra que encendería a cualquier ser humano, luego al volver mostró sus senos, Frank no podía quitar su vista de ellos, la pequeña prenda no dejaba nada a la imaginación, el encaje deja salir a la vista los pezones rosados, y la perfección de la forma sobre el satén blanco, hacia que ese pequeño paseo de un metro se hiciera eterno.

- Estas son las fotos de mi familia,

Eran fotos antiguas, él imaginó que eran las fotos de sus ancestros, los pioneros que llegaron al país, llenos de ilusiones.

- Fue una familia numerosa, hoy solo quedo yo -dijo la joven reflejando gran tristeza en su rostro.

- Porque volvieron a su país, ¿Son irlandeses no?

- Exacto, ¿Cómo supiste? -preguntó la joven algo confundida.

- Vi el cementerio en el bosque, los escudos familiares.

- Llegaste allá, cabalgaste lejos.

- Si el tiempo pasó rápido. ¿Y que pasó que quedaste sola?

- Una historia larga, pero me gustaría bajar, se me apetece una copa de vino, ¿a ti no?

- Sí, por que no.

Frank no podía apartar la vista de esa mujer tan sensual, ella iba delante de él, su caminar no hacia más que encender el deseo, su mirada, apenas a reojo antes de bajar la escalera la hacia mas misteriosa, luego juntos en el salón, sirvió las copas de vino, ella no hablaba, su cuerpo lo hacia por ella, no hacia falta palabras, él la tomó por la espalda, no pudo con la tentación, ella dejó caer las tiras de su vestido por los hombros mostrando al desnudo su cuerpo, bebieron de sus fluidos, sus manos sintieron el calor de su piel, escaló a lo alto de las colinas de su cuerpo coronando su cima, ella entre gemidos reflejó lo placentero del momento, luego se fusionaron en un movimiento unísono, repitiendo por más de una vez la aventura.

Eran las doce del mediodía, Frank despierta en el cuarto de Débora , encontró una nota en la mesa de noche – Frank, tuve que salir, no quise despertarte, te dejé comida en la cocina, me hiciste muy feliz, espero verte esta noche, - Este se levanta, va el baño se asea y come, luego decide ir a la biblioteca de la casa, entra y queda extasiado, debía haber por lo menos mil libros, y todos se veían muy antiguos pero a su vez conservados, pasea por entre la librería, consiguiendo los mejores escritores de un par de siglos atrás, joyas literarias, pensó el valor incalculable de toda esa colección, luego al sentarse en el escritorio encontró un libro, el título “Magia negra, la vida mas allá de la muerte”, estaba abierto en el capitulo titulado "El despertar de las almas en el limbo", le llamó la atención, leyó gran parte del capitulo, entendió la óptica del autor, sobre el deambular de las almas en la tierra sin saber que no pertenecen a ella, en busca de tener una vida y como el espacio entre la tierra y el limbo lo dictamina un demonio que quiere esa alma y no le permite regresar a una vida terrenal haciendo que esta  sufra la pena eterna.

Frank, dejó la lectura, le parecía muy abrumadora, se levantó y caminó hasta la entrada de la mansión,  observó a lo lejos los  jardines y caminó hasta ellos, estaban impecables, no había paseado por ahí, el primer día fue al bosque y no se percató de lo cercano que estaba el hermoso lugar, vio las formas tan perfectamente realizadas en los arbustos, con siluetas que simulaban hombres, era un jardín amplio que se extendía hasta el inicio del bosque, habían más de veinte figuras realizadas, con un impresionante realismo, si se alejaba a unos tres metros los arbustos parecían estatuas realizadas por el mejor de los artesanos. Luego de un rato de caminar y admirar la belleza algo oscura de los jardines decide regresar a la mansión.

Frank tomó una siesta, tuvo un sueño donde veía como el mausoleo que encontró en el bosque  abría las puertas y salía de él una criatura horrible, esta se dirigió a una velocidad inimaginable a la Mansión, entró y tomó a Débora que estaba a su lado llevándola de regreso al bosque, en ese momento se despertó inquieto, sudoroso, se calmó y pensó que la lectura lo afectó, vio por la ventana y se dio cuenta que era de noche, en ese preciso momento la puerta se abre y entra la hermosa joven completamente desnuda, se abalanza sobre él, le quita la camisa, lo besa con pasión, lo despoja de su ropa por completo, su boca va a lugares prohibidos, generando un placer extremo, Él la toma locamente y la levanta, la lleva contra la pared, se introduce en su ser, el encuentro fue mas allá de la normalidad, nunca hubo palabras, no había espacio para ellas, solo para la pasión desbordada.

Se hacia las tres de la madrugada, Frank y Débora descansaban juntos luego de su encuentro pasional, él solo pensaba en el enorme sentimiento que aquella joven lo hacía vivir, no era algo normal, era como si entre ellos existiera un antes, un destino programado. De pronto un golpe seco pone alerta a Frank y se levanta, toca por el hombro a Débora y le dice que oyó un fuerte golpe en la entrada, le pidió que no se moviera y bajó las escaleras a ver de donde provenía el sonido,  otro golpe fuerte esta vez dentro de la casa lo alerta, la diferencia es que si llegó a tener noción de donde se produjo, fue cerca de la biblioteca, se arma de valor toma el atizador de la chimenea y se dirige por el pasillo, cuando en ese instante se escucha otro golpe ahora atrás cerca de las escaleras, se imagina lo peor y corre al lugar de donde se produjo el sonido,  cuando llega a la entrada queda paralizado, ve a una criatura enorme, estaba helado, no podía creer  la imagen que sus ojos le transmitían, era idéntico al ser que unas horas atrás lo había atormentado en sus sueños, era un ente con fuego en los ojos, cuernos en la frente, torso musculoso y piernas retorcidas, como de un animal desconocido, este lo ve y luego toma rumbo a la habitación de Débora,  Frank  grita desesperado - huye-, Pero no obtuvo respuesta, por un instante Frank no sabía que hacer, un grito femenino lo trajo de vuelta, ascendió por las largas escalinatas,  luego un ruido en el exterior de la mansión lo hace girar su rostro a la ventana que estaba en una esquina del corredor, observa como el monstruo la lleva cargada y huye hacia el bosque, el corre desesperado, se acuerda de la escopeta colgada en la biblioteca, se arma de valor y sale en busca de la bestia, toma un caballo , necesita ser más rápido que el endemoniado ser , él sabe adonde se dirige, -Seguro esta en el mausoleo-, Se dijo.  Fue cabalgando a toda la velocidad que daba el animal, lo ve , esta a unos pasos, tiene una sola oportunidad, le grita, el monstruo gira y Frank descarga el arma dándole un tiro directo al rostro, la reacción de la bestia fue soltar a Débora, Frank la toma en sus brazos y la lleva cabalgando de vuelta, sigue desmayada, al llegar a la casa, la lleva al cuarto, eran alrededor de las cinco de la mañana, va a la cocina y busca un vaso con agua, cuando retorna al cuarto, la ve , parada al lado de la cama, vestida con un traje blanco, viendo al horizonte por la ventana. Ella voltea con lágrimas en los ojos,

- Debo contarte algo. Frank, hoy entendí , vi mas allá de lo que siempre he visto, porque hoy pasó algo más allá de lo que siempre ha pasado.

- ¿Que dices no entiendo?

- Mi vida no es vida, yo pensaba que mi vida era normal, pero no, mi vida no es vida

- No no es así, si esa cosa te asechaba ya lo maté, no volverá a pasar. -le dice Frank con desespero mientras intenta llegar a ella.

- No Frank, él no me asecha, él hacia que no perdiera la brújula, nosotros no tenemos futuro. Hace doscientos años, en esta casa hubo un asesinato, yo maté a mi marido, fui maldecida, cada diez años iba a volver sin memoria a ese camino e iba a conocer a un hombre débil de alma, el cual el oscuro quería apoderarse, yo iba a enamorarlo y luego de sentir el amor mas grande por él iba a perderle, la bestia vendría a llevarme para que el hombre de alma débil me buscara en el cementerio y el oscuro tomara su alma y dejara su recuerdo en el jardín. Hoy tu cambiaste eso, te amé, y mi pena será mayor aun, ya que estas vivo y no te volveré a ver.

En ese momento por la ventana entran los primeros rayos de luz, y ella lo observa con los ojos llenos de lágrimas y va desapareciendo frente a él. Corrió a retenerla pero se desvaneció en sus brazos, gritó, se negaba a perderle , no le podía pasar por segunda vez, la muerte no podía ganar, en eso recordó el libro que estaba en la biblioteca, ahí había visto lo que pasó, si había una forma, debía aparecer en ese libro, se dirigió a grandes zancadas a la biblioteca, llegó al escritorio, tomó el libro y buscó entre sus páginas, leyó durante todo el día, eran las cinco de la tarde, de pronto encontró algo entre las líneas del último capítulo, podría ser la solución, tenia que desenterrar el cuerpo, y dejar que la primera oscuridad lo toque, la primera noche del inicio de la década y luego realizar el mayor de los sacrificios, no entendía bien, pero tenia un inicio, buscar el cuerpo, tenia una idea de donde estaba y hoy era el inicio de la década, lo demás lo descifraría en el sitio, tenia que ir rápido faltaba poco para que cayera la noche. Tomó una pala, montó a caballo y a todo galope se dirigió al cementerio, sin pensar nada fue directo al mausoleo y con un golpe de la pala rompió el candado, abrió la puertas y vio una tumba en el medio, golpeó una y otra vez con la pala para mover la tapa de la tumba, el sol se iba ocultando, la sombra comenzó a tomar su puesto, no había mucho tiempo, abre la tumba en un último aliento, mira dentro de ella y encuentra un cuerpo entumecido por los años,  llevaba puesto el vestido blanco con que la vio a Débora desvanecer, y en ese instante las sombras se apoderaron y la noche entró tocando al cadáver y vio como la hermosa Débora iba apareciendo en lugar de la tenebrosa calavera, Frank la toma en sus brazos y la besa, en ese momento el mausoleo empieza a derrumbarse, él la levanta  y la saca antes que se derrumbe el lugar, cae en el piso y siente como de entre las tumbas un ente maligno se hace presente, en ese momento recordó que no todo terminaba ahí, el libro entre sus paginas le advirtió sobre el mayor de los sacrificios, corrió con Débora, el ente los persiguió a través del bosque, los rodeó, unas ramas de los arboles que estaban alrededor del camino se estiraron y tomaron a Débora y el ente se manifestó, le dijo que le pertenecía, que era de él, y no podía vivir, y en ese momento vio como el ente envió una rama afilada directo al corazón de su amada y antes de que se llevara a cabo lo designado por la endemoniada criatura, Frank se atravesó en el camino y la filosa rama lo atravesó hiriéndolo mortalmente, Frank solo alcanzó a mirar a su amada y luego sus ojos se apagaron, minutos después solo reinó la oscuridad y el silencio.

Esa noche la mansión estaba a reventar, se encontraban  todas las personas reunidas en el salón, iban a efectuar el primer brindis de la noche, los violines tocaban las melodías de la época, las hermosas damiselas caminaban de un lado a otro mientras esperaban que el joven deseado las invitara al salón principal, todo estaba preparado, solo faltaban los novios.

- Frank despierta, ya has descansado mucho, nos esperan en el salón.-le dice la hermosa Débora.

Frank abre los ojos, mira fijamente al techo, luego escucha detenidamente el ritmo de una melodía conocida, un vals, se incorpora y frente a él está Débora, su amada, con la sonrisa a plenitud.

- Mi amor, me dejaste acostado más tiempo, ¿que hora es? -le dice Frank como entrando en razón.

- Son las nueve, vamos, es tarde nos están esperando. -y la joven lo toma de la mano y juntos salen del cuarto, el penúltimo del pasillo.

Frank se detiene en la puerta de golpe, la ve con gran picardía.

- Pero antes un beso -le dice el joven a la par de rodearla entre sus brazos y llevar sus labios en encuentro con los suyos.

Luego salen sonrientes hasta la parte más alta de las escalinatas.

- Y ahora con ustedes los novios -los anuncia el orgulloso padre de Débora.

Y en ese momento de gran alegría Frank hace un movimiento que deja atónita a la hermosa Débora.

- Hoy delante de todos nuestros amigos, te pido que seas mi esposa, ¿aceptas?

- Si, acepto. Juntos para siempre. -responde la joven con la felicidad desbordante.

Y así celebraron, todos, amigos y familiares, juntos toda la noche, Frank y Débora despédían los últimos minutos de la noche bailando, como lo hace una pareja profundamente enamorada, fusionando su ser con un apasionado beso.

Las cinco y treinta minutos de la madrugada, el amanecer se hacía presente, las sombras  le dan espacio a la luz y la mansión la recibe, poco a poco los invitados se van desvaneciendo, hasta llegar a Frank y Débora, ambos aun están dentro de la profundidad de un beso apasionado , sellando el compromiso de amor. La luz los toca a ambos por igual ascendiendo por sobre sus figuras y desvaneciendo su existencia.

El mayor de los sacrificios es dar la vida por el ser amado, Frank nunca lo supo, el descifró el enigma, su corazón y no su cerebro encontró la forma de abrirse paso entre la oscuridad, consiguió la felicidad donde antes se la habían robado, fue eternamente feliz en el umbral de la muerte


Richard J. Sulbarán

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