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Danna

Era otro día en la escuela, a las 6.30 de la mañana, cuando hace frío y los estudiantes están afuera hablando o jugando, y ahí estaba Danna, en el salón leyendo un libro mientras escuchaba música. Así estaba siempre. Por culpa de su timidez, baja autoestima y miedo a las personas, no hablaba con sus compañeros, ni siquiera tenía un amigo cercano.

Ese mismo día, la profesora de Informática, que también les dictaba ética, les puso un proyecto en grupo. Todos empezaron a reunirse con sus amigos y Juliana, una compañera de clase inteligente y amable, se acercó a ella y le preguntó si quería hacerse con ellas y no le pudo decir que no. Danna siguió a Juliana y, al llegar, las demás integrantes la saludaron amablemente. Ellas sabían que Danna era tímida y no se sentía cómoda estando con otras personas. Por esa razón, ellas nunca fueron groseras con ella. Danna se sintió muy agradecida con ellas, pero la presión que sentía por no hacer o decir algo que hiciera que se sintieran incómodas y no le echaran a un lado, la hizo sentir muy nerviosa que pidió ir al baño. Estando en el baño intentó controlarse pero no podía y empezó a llorar. Luego de 5 minutos, cuando ya estaba un poco mejor, se mojó la cara y volvió al salón.

En otra clase de informática estando en los grupos correspondientes, Juliana notó que Danna no hablaba ni daba su opinión con respecto al proyecto. Al principio no le daba mucha importancia pero, luego de varias clases, empezó a preocuparse y decidió preguntarle qué pasaba. Danna sintió que podía confiar en ella, que si le decía, ella lo entendería y le ayudaría. Entonces le confesó cómo se sentía. Juliana lo entendió de inmediato.

Después de eso, Juliana y sus amigos empezaron a incluir en sus salidas y conversaciones. Ellos querían que Danna se sintiera relajada estando con ellos y que pudiera hablar con tranquilidad, sin sentirse presionada ni nerviosa. Danna con el tiempo fue relajándose y abriendose mas con ellos. También pudo relacionarse con sus demás compañeros de clase, creando un compañerismo sano y sin problemas.

Danna comprendió que ese estado de timidez en la que previamente estaba hundida solo era una barrera que le escondía un mundo gentil y sincero donde las personas no eran los monstruos despiadados que ella creía, sino ángeles comprensivos que le darían una mano cuando la necesite.

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