Cruzar el túnel, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

Cruzar el túnel

No quiero morir. Sé que ha llegado el momento, pero no estoy preparado, no quiero. Sé que es mi hora, pero no puedo, me da mucho miedo, no me siento capaz.

Conozco la historia, contada cientos de veces. Veré un túnel y al final del túnel hay una luz blanca y tengo que ir hacia la luz, porque al otro lado estarán mis seres queridos esperándome para recibirme, y estaré bien, pero tal vez no sea cierto, tal vez no haya nada ni nadie al otro lado del túnel, quizás es sólo un invento para intentar que, llegado el momento, cruce al otro lado sin miedo. De ser una historia inventada con ese propósito, desde luego no ha dado resultado, en mi caso no ha funcionado, porque estoy cagado de miedo, además en el sentido más literal de la expresión, porque lo huelo y lo siento, se me ha escapado y la mierda me rodea todo el cuerpo y qué mal huele, por cierto.

Yo creo que es mentira, una gran mentira. Mis seres queridos están aquí, no al otro lado de la luz. No soporto la idea de no volver a escuchar sus voces, tiernas, dulces y cariñosas.

Seguramente mi vida ha sido ordinaria, simple, común, corriente, sencilla y tranquila, sin esperar nada  de ella, pero es mi vida y me gusta y no quiero dejar de vivirla, no quiero morir aunque haya llegado el momento y sea inevitable.

Sé que resistirme a cruzar el túnel, a ir hacia la luz, no está sirviendo de mucho, sólo para ganar algo más de tiempo, y dudo que me merezca la pena este poco más de tiempo, porque lo vivo en un sufrimiento constante, sabiendo que va a suceder lo inevitable.

Inevitable. Los he escuchado diciendo que si no me voy por mí mismo, van a provocarlo. No sé cómo será eso de provocarlo, pero suena muy mal, van a matarme y no sé exactamente cuándo ni cómo lo harán. Nadie me ha preguntado si estoy preparado, si quiero hacerlo, aunque tampoco podría responder, porque no puedo hablar, ni expresarme, no puedo decir nada.

No voy a prolongar esta agonía ni para mí ni para los míos. Sé que nunca voy a estar preparado así que cuanto antes lo haga mejor, verdad? Pero me aterroriza. ¿Y si duele? Aunque no creo que exista dolor mayor que éste, el de saber que voy a morir y no querer hacerlo.

Ha llegado mi hora, no sé por qué lo sé, pero lo sé, lo siento y no puedo hacer nada por evitarlo, es irremediable. Además, sé que estoy haciendo sufrir demasiado a quienes me quieren, especialmente a mi madre. Jamás la escuché gritar tan fuerte y con tan tanto dolor. Me siento culpable de hacerla sufrir de ésta manera, aunque sea por acabar con su sufrimiento, debo irme ya, debo dejarla, es a quien más echaré de menos.

Arropado por las voces de quienes sé que me quieren, especialmente la de mi madre, que escucho con más fuerza que nunca y también acompañado por voces extrañas y desconocidas que no había escuchado nunca antes empiezo mi camino por el túnel.

Veo la luz y sí, es blanca, y sé que tengo que ir hacia ella, pero no puedo moverme, ni avanzar. Ir hacia la luz creo que en realidad significa no hacer nada y dejarme llevar hacia ella, no crear oposición, no aferrarme más a esta vida y abandonarme como si de la corriente de un río que me arrastre se tratara.

Ha llegado el momento, es la hora y me dejo llevar.

Desde que he dejado de resistirme y de crear oposición he avanzado hacia la luz, que cada vez se ha hecho más clara e intensa, es una luz blanca y fría y aunque no tengo la sensación de haberme movido ni de haber avanzado nada prácticamente, he llegad. Lo entiendo, entiendo que ir hacia la luz no es un movimiento de avance, es sólo entregarte a ella, dejar que te reciba. Todo se va inundando de una luz cegadora y entonces, sucede.

Unas manos me agarran y tiran de mí con fuerza. Hace mucho frío, estoy temblando, mi cuerpo ya no tiene esa piel cálida y rosada, ahora se torna morada y helada y siento que me  falta el aire, que no puedo respirar, que me asfixio. Mi corazón late con fuerza a una velocidad desconocida y el miedo ahora es aún mucho mayor y cuando por fin creo que todo terminada,  que es el final, que se acabó, que muero, en ese instante escucho una voz grave, nueva y desconocida para mí que dice que ya estoy aquí y que soy un niño.

Oigo a mi madre llorar como nunca antes lloró, con una fuerza y una intensidad desgarradora mezclada de dolor y de exaltación y de repente, empiezo a experimentar un montón de nuevas sensaciones que me superan y que me hacen empezar a llorar también, con una fuerza enorme, con un grito desgarrador, sintiendo mi pecho llenándose de aire para vaciarse con el llanto antes de volver a llenarse de nuevo.

Unas manos me mueven velozmente y entonces, por primera vez, la siento de un modo diferente, vuelvo a escuchar su corazón más cerca y más claro que nunca. Es mi madre. Me encuentro con ella, sobre ella, quien me agarra con fuerza, con su brazo contra su pecho y me besa la cabeza mientras escucho también varias voces desconocidas que están felices, contentas, mientras la felicitan.

Ahora, aunque muy asustado, con mucho frío y la piel morada, lo entiendo. Pensaba que había llegado el momento de morir y acabar con mi vida sencilla, corriente y ordinaria y sin embargo he cruzado el túnel, he ido hacia la luz y he nacido.

Rubén Barea

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados