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¿Crees en la reencarnación?

“El Carnicero” llamado así por su costumbre en el uso del machete de cocina. Larga historia precedía a sus matanzas y a la cualidad para esquivar a la justicia.

Este sicópata de azar, escogió una vivienda de entre muchas, y sin dudarlo entró en ella dispuesto a sumar una muesca más en su ya lograda carnicería, pero jamás pudo imaginar aquello que sus ojos ensangrentados vieron, pues no era una casa cualquiera; no existían puertas que llevasen hacia algún cuarto, tan solo era un enorme salón de paredes y pisos blancos. Y para colmar de extrañes, en medio de este salón estaba un anciano monje budista en la posición de la flor del loto.

-Has llegado muy pronto… te estaba esperando- Dijo el monje mientras abría lentamente sus ojos.

El Carnicero seguía sin salir de su asombro.

-¿Crees en la reencarnación?- Preguntó el anciano con voz suave y profunda, su cuerpo rígido denotaba no tener miedo alguno y su mirada tranquila rebozaba de paz.

El sicópata esbozó una carcajada, apretó con fuerza el machete y se acercó un poco más.

-Recuerda que ya estás en el último peldaño de tus vidas.­-

De nuevo soltó una gran risa cínica, se colocó frente al monje, elevó el machete mientras la víctima cerraba los ojos y tras respirar profundamente bajó su mano partiendo en dos la cabeza como si de una frágil calabaza se tratara.

Sirenas de policía sonaron con eco en aquel salón y este asustado huyó hacia la carretera con tan mala fortuna que un vehículo elevó su cuerpo varios metros para terminar muerto en el frío asfalto.

Su luz se apagó para dar paso a una nueva luz. Abrió lentamente los ojos pero no vio el azul cielo ni las estrellas de la noche, tan solo vio una gran sombra que se le acercaba y en un fugaz instante, ¡PLASS! de nuevo su luz se apagó para la eternidad.

-¡AGG, maldita cucaracha!

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