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ABADON (El ángel de la muerte)

          Llegue al portal en mi BWM deportivo, el trabajo era mas bien una venganza pero estaba bien remunerado así que deje de lado la ética y la moral y acepte encantado como si yo también tuviese algo en contra de esos malnacidos. Antes de subir saque de la guantera unos guantes de cuero que me puse para evitar dejar huellas y mi Beretha y me asegure de que estaba bien cargada tras ponerla el silenciador. Me guarde el arma en la sobaquera que escondía debajo de la chaqueta de Armani que me había comprado.

          Cuando salí del coche abrí el maletero de donde saque un maletín, un cargador de repuesto y una navaja mariposa que me guarde en los bolsillos de atrás del pantalón disimuladamente. El maletín iba vació pero un hombre vestido de traje con un maletín en la mano no llama la atención.

          Desde luego que mi cliente se había gastado una pasta en solucionar este asunto ya que antes de solicitar mi trabajo había contratado a un detective privado para que siguiese a estos individuos y así facilitarme el trabajo. El detective les estuvo siguiendo muy discretamente ya que estos tíos no eran precisamente Hermanas de la Caridad. Seguro que os preguntáis que habían hecho estos tipejos para que llamasen a un tío como yo.

          Hace un mes y medio un grupo de skind-heads habían apaleado y matado a una prostituta de un local de alterne de alto nivel, eso hizo perder mucho dinero a mi cliente y decidió que esa panda de niñatos descerebrados pagarían su osadía caro aunque les costase mas dinero. Y aquí estaba yo listo para hacérselo pagar.

          Aproveche que salia un vecino para poder entrar en el edificio, cogí el ascensor y en segundos me presente en la puerta donde estarían esos malnacidos, dentro se oían voces y una música horrorosa e intragable, tuve que llamar varias veces para que viniesen a abrirme. Soy como un vampiro necesito que me inviten para pasar dentro de la casa de mis victimas, una costumbre.

          Cuando escuche los pasos hacia la puerta apoye el cañón de mi arma contra la mirilla y apreté en gatillo dos veces, el segundo disparo fue dirigido al pomo de la puerta.

          Al entrar me encontré a un calvorota de estos tirado en el suelo sobre un charco de sangre y con un boquete encima de la cuenca del ojo derecho. Otro de ellos se me intento echar encima armado con un puño americano, esquive el golpe al tiempo que sacaba la navaja y la hundía repetidamente entre las costillas y en el hígado; le deje apoyado contra la pared ahogándose con su propia sangre, que sufriese el muy cabrón.

          Parecía ser que en ese momento no había nadie mas en la casa o estaban tan sordos por la  puta música que no se habían enterado de nada, así que me dedique a registrar la casa. El salón estaba lleno de banderas nazis, fotos de Hitler y esvasticas entre otras gilipolleces de extrema derecha fascista. Cuando me acerque al servicio pude escuchar el ruido de la ducha abierta de manera que abrí con disimulo y sin entrar mucho en el dispare repetidamente contra la silueta que estaba en la bañera a la cual vi caer estrepitosamente tirando todo lo que encontraba a su paso.

          El trabajo estaba hecho, me habían dicho que eran tres las personas que vivían en el domicilio de manera que seguí registrando el domicilio donde encontré un bote lleno de billetes varios, ninguno mayor de cincuenta euros, debía de ser un bote común para los gastos de la casa, un bate de béisbol de aluminio, mas puños americanos y unas navajas, una de ellas automática la cual me guarde para uso propio. Ninguno de esos desgraciados echaría de menos todo lo que me había quedado.

          Volví sobre mis propios pasos y fui recogiendo los casquillos de las balas desde la bañera hasta la puerta, era lo único que me podía delatar cuando a la policía le diese por aparecer por allí, cosa que haría tarde o temprano y sin pruebas eficientes como los casquillos pensarían que seria un ajuste de cuentas entre bandas, no algo de un nivel mas alto.

          En el coche guarde todo en su sitio como si no hubiese pasado nada en la casa y me fui a hablar con el hombre que me había contratado y a cobrar mi cheque.

Y por lo tanto mejor remunerado.

          Por cierto no me he presentado, me hago llamar Abadón.

 

MIGUEL  ANGEL  SÁNCHEZ

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