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6 Balas

Rosa ya estaba lista para salir de casa, solo la faltaba el revolver de cañón corto y sin retroceso que había comprado en los barrios bajos y había escondido en una caja de zapatos.

Se aseguró de que no faltase ninguna bala en el tambor y que el número de serie estaba bien limado de manera que no se viese.

Al salir de su casa camino un par de manzanas hasta la boca del metro más cercana donde saco un billete de ida y vuelta hasta el centro de la ciudad. En el trayecto se acordó de la primera vez que los vio besándose y tuvo que aguantar las arcadas aunque un amargo sabor a bilis le recorrió la garganta hasta el paladar; ella se había enamorado perdidamente de él y este sin embargo la rechazo educadamente diciendo que su corazón estaba ocupado por otra persona que aunque no la correspondía seguía ahí. Semanas después le vio besándose con una amiga común y su furia se desato, noto un fuego ardiente en su pecho y empezó a maquinar su venganza. Si él no estaba con ella no era digno de estar con ninguna otra.

Durante semanas les estuvo siguiendo y preparándose para lo que hoy iba a suceder.

Cuando llego a su parada saco unas gafas de sol con grandes cristales oscuros que parecían un antifaz para dormir, el pelo se lo recogió con una goma elástica y un par de horquillas que llevaba a mano para que no le estorbase. La salida del metro estaba llena de gente de manera que nadie se fijaría en ella y eso era de agradecer; camino con tranquilidad con el bolso pegado a ella pero sin estrujarlo para que nadie sospechase que llevaba algo ilegal en él.

Al entrar en el portal fue directa al ascensor si saludar al portero, tras cerrar las puertas de este marco el cuarto piso y ascendió como a cámara lenta. Notaba las manos sudorosas a causa de los nervios, sabía que estaba a unos metros de distancia de ellos y lo que se iba a encontrar.

Al llegar a la puerta del piso Rosa cogió una de las horquillas e intento introducirla en la cerradura pero esta se resistía, al cuarto o quinto intento la horquilla entro limpiamente y al poco tiempo se escuchó un clic que hizo ceder la puerta.

Rosa entro con discreción para que no la oyesen pero fue ella la que escucho varios gemidos que venían de una habitación contigua situada a mano derecha. Al tiempo que cerraba la puerta apoyándose en ella saco el revolver de su bolso y lo amartillo con ambas manos para que este no se escapase de ellas.

Cuando llego a la habitación vio a su amiga sentada a horcajadas cual amazona sobre quien debía ser su chico. Su amiga grito al verla delante de ellos apuntándola con el revolver.

La primera detonación le alcanzo en el estómago y alerto al chico que intento huir de la situación, la segunda le alcanzo entre los pechos atravesándola e incrustándose en el cabecero de la cama, la tercera entro por la cuenca del ojo quedándose dentro del cráneo.

El chicho estaba intentando huir pero la vagina de su amiga se había cerrado en plan cepo al fallecer esta y le era casi imposible quitarse el cuerpo inerte de encima.

Rosa volvió a disparar la cuarta bala sobre una de las rodillas del chico para que no pudiese huir; este grito tan fuerte que seguro que alerto a los vecinos con ayuda del anterior grito de su amiga y las detonaciones.

Rosa volvió a disparar sobre su víctima atravesándole el hígado y le introdujo el cañón en la boca.

- Si no estás conmigo no estarás con ninguna otra_ dijo Rosa antes de apretar el gatillo por última vez y acabar así con su víctima gastando de esa manera todo el cargador.

Al salir a la calle fue desmontando el arma y la esparció por distintos contenedores de basura; antes de volver a su casa entro en una hamburguesería y pidió el menú más grande que servían los nervios y sus actos le habían dado un hambre insaciable.


Miguel Ángel Sánchez

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