Oscuridad, relatos, relatos cortos, poemas, poesias, relatos breves, microrrelatos, chistes, refranes, historias, anecdotas, frases, citas, piropos,chistes sobre la oscuridad

www.relatos-cortos.es 

  • Tamaño del texto

Oscuridad

Siento que estoy sola, y a la vez acompañada... siento que alguien me susurra al oído, pero no lo puedo ver... siento cómo me escupe su aliento, frío y asqueroso, pero mi vista no puede alcanzarlo... estoy rodeada de un manto negro, opaco, tan espeso que no puedo ver ni mi propia mano... estoy rodeada por "ella".

No entendía cómo podía llegar a esa situación, cómo podía haberse metido en tal lío, pues no recuerdo cómo lleguó a él, ni lo que hizo, ni dónde la atraparon. Solo sabía que no veía nada, que había voces a mi alrededor, y que mi cuerpo no me respondía. Estaba cansada, mis músculos no respondían, estaban rebelándose contra su dueña, no querían despertarse, como cuando te resistes entre las impenetrables barreras de las sábanas en tu cama, porque no quieres levantarte, porque sabes que, cuando te levantes, todas las cosas buenas y malas se abalanzarán sobre ti, como una ola que rompe contra un acantilado, como una muchedumbre fanática sobre su divinidad... cuando pensaba eso, se enterraba más y más entre las sábanas. Sentía una sensación parecida, pero estaba mucho más incómoda, estaba en un suelo frío, algo húmedo, con el sonido lejano como de unas gotas que caían sobre el suelo, con un olor a humedad y hedor que la causaban ciertas naúseas y la obligaban a llevar las manos a su boca, en un intento de aguantar las ganas de vomitar, mientras ese aroma penetra cada vez más en su interior.

Pero lo peor de todo no era eso... no, por supuesto que no... era esa maldita Oscuridad que no se despejaba, que se acumulaba a su alrededor, que la impedía ver lo demás, que estaba rodeada de peligros de los que no se podía defender porque ni siquiera tenía la posibilidad de verlos. Estaba muy nerviosa, mi respiración cada vez era más rápida y corta, como si la diera un típico ataque de ansiedad, con su pecho subiendo y bajando como en una montaña rusa, con el frío cada vez calando más profundamente, llegando hasta los huesos, produciendo que su cuerpo se sintiera cada vez más pesado y más incómodo. Seguía escuchando esos susurros, como si un corro de gente escondida en la Oscuridad la vigilaran, imaginándose que se reían de su desgracia, que se recocijaban de su situación, que disfrutaban con ello.

¿¡De qué os reís?! ¿¡Acaso es gracioso mi sufrimiento?!

Sus palabras rebotaron en la Oscuridad, un eco terrible que le devolvía sus propias palabras, burlándose también de su situación. Pero no podía quedarse mucho más tiempo así, tenía que salir de allí, estaba nerviosa y no podía quedarse allí, tenía que escaparse de esa pesadilla. Empezó a frotarse las piernas, que estaban cubiertas por unos sencillos pantalones vaqueros, que no podía verlos siquiera, para que el calor volviera de nuevos a sus muslos, y ya de paso a sus piernas. Poco a poco, esa sensación de calidez volvió a su cuerpo, paso a paso, y después de unos minutos que la parecieron horas, consiguió reponerse un poco, tampoco mucho, pero lo suficiente como para pensar que podía ponerse de pie. No tenía nada con lo que apoyarse, así que decidió tomar como apoyo el propio suelo, de tal forma que al menos ya tenía algo. El suelo estaba algo pegajoso, como si estuviera cubierto por una masa gelatinosa de a saber qué, pero no podía ser relamida en su situación, no podía serlo.

Mi vida depende de ello, ¡maldita sea!

Con toda la fuerza de la que disponía en sus brazos, que también estaban helados, consiguió ponerse de cuclillas, aunque resbaló y cayó de nuevo, estrellando su culo sobre el suelo, provocando que el golpe repercutiera sobre toda su espalda, como una vibración que se propaga por una varilla de metal, pero con un dolor que provocó que los dientes rechinaran, se apretaran unos sobre otros, un espasmo de dolor. Pero no podía rendirse, tenía que levantarse y salir de ese horrible lugar, lleno de humedad y rodeado del olor a la muerte misma, mientras imaginaba cómo aquellos seres que me vigilaban seguían riéndose, a carcajada suelta, pero silenciosa, guardados por el silencio. Volvió de nuevo a llevar todas las fuerzas en sus brazos, apretó los dientes, y lo intentó de nuevo. En esta ocasión, movida por el deseo de salir de aquel lugar, con la esperanza de despertar de un terrible sueño, consiguió ponerse de cuclillas, y no caerse en el intento; una sonrisa de orgullo esbozaron sus labios, estaba contenta, veía que la Fortuna, poco a poco, la estaba dando su bendición.

Como si estuviera en una pasarela y un movimiento en falso la arrojara al vacío, así eran sus movimientos, calculados perfectamente, suaves, cuidadosos, como si un paso en falso fuera su perdición. Se levantó, respiró profundamente, y aunque abriera los ojos ampliamente, para que sus pupilas captaran la mínima cantidad de luz que pudiera haber, no veía absolutamente nada. Estaba rodeada de eso, de una Oscuridad que no se disolvía para nada. Eso la desanimó bastante, pero no podía quedarse allí, sentada, esperando que las desgracias cayeran sobre ella. Antes de que la encontraran... tenía que ponerse en movimiento y en guardia. Frotó sus brazos, para entrar algo en calor, y vió que llevaba una especie de camisa, gruesa, sucia, roída, con unas cuerdas que caían por su espalda; no se había dado cuenta de ello hasta ese mismo instante. La extrañó bastante, y se palpó algo más su cuerpo, intentando dilucidar qué era aquella extraña prenda. Pero, por mucho que palpara, no podría saber lo que era, porque no podía verlo, y ella no estaba acostumbrada a detectar las cosas mediante el tacto -no era ciega, nunca lo había necesitado-.

Dio un paso, afianzando el pie derecho, con los brazos de frente para defenderse de un posible muro u obstáculo. Su respiración se había calmado, era más profunda y pausada, y sus pisadas eran pequeñas, cuando adelantaba un pie, pegaba los dedos de uno con el talón del siguiente, muy juntos, muy despacio, un baile en las sombras, un vals en la Oscuridad, donde la música solo podía ser percibida por ella, y por nadie más. Seguía imaginando esas "personas" rodeándola, riéndose, señalándola con el dedo, y las lágrimas de rabia rodaban por sus mejillas, mientras se debatía entre controlarse y seguir caminando como si estuviera en la cuerda floja, o lanzarse contra ellos, pegarles, hacerles pagar por lo que la estaban haciendo.

Se van a arrepentir de lo que están haciendo... se van a enterar... no se lo voy a perdonar...

Tenía que quitarse esos pensamientos de su mente, respirar hondo, dilatar su diafragma para tomar más aire y calmarse. Contar hasta tres, cerrar los ojos -aunque no había mucha diferencia con la oscuridad del lugar-, y mientras pensaba todo eso, sus manos toparon con algo, con un muro, correoso por la humedad que emanaba, algo de moho incluso propagándose por su superficie; quitó sus manos, asqueada, mientras se limpiaba rápidamente en la extraña vestimenta que llevaba. Al menos sabía que había un muro, así que podría estar en una habitación, y eso la calmaba bastante. Eso significaba que, más o menos, estaba segura. Palpando de vez en cuando la pared, siguió su rastro, con la esperanza de encontrar una puerta. Entonces, un pensamiento surcó su mente, un fogonazo que iluminó sus pensamientos caóticos, un destello en la Oscuridad... ¿y si el muro seguía recto, y recto, una recta sin fín, un pasillo que no llevaba a ningún sitio? ¿Qué haría entonces, de ser así? Su respiración volvió a ser rápida y entrecortada, el ataque de ansiedad se volvía a apoderar de ella, las risas volvían a aparecer, más fuertes que nunca, a resonar en los recovecos más profundos de su cabeza. Se llevó las manos a la cabeza, se tapó los oídos, intentaba que esas risas no volvieran a hacerla enloquecer... pero no lo consiguió.

Dejadme en paz, qué os he hecho, se puede sa... ¡¿se puede saber qué os he hecho?!

Un grito desgarrador se propagó en el espacio en el que se encontraba; un grito lleno de rabia, de ansiedad, de la más pura locura. Golpeaba las paredes, no la importaba mancharse con la hediente humedad del lugar, solo quería dar rienda suelta a sus sentimientos. Estaba llena de rabia, su cabeza iba a explotar, cada vez se imaginaba esas voces a su alrededor, en este caso rodeándola y señalándola con el dedo, con esa risa llena de maldad en sus rostros, cobardes que se esconden en el seno de "ella", de la Oscuridad, mientras el frío recorría de nuevo su espalda, estaba aterida, sentía que sus pensamientos estaban descontrolados, movidos por el odio y la rabia. Seguía golpeando la pared, mientras emitía gritos cada vez más agudos y escalofriantes, gritando siempre las mismas frases:

¡Sois muy valientes, escondidos en las sombras, en "ella"! ¡Os burláis de mí, diciendo que estoy loca, pero eso no es verdad! ¡Sé que "ella" os proteje, porque no quiere que la gente me crea! ¡Les convence a todos de que solo tengo miedo de la Oscuridad, pero yo sé en realidad lo que "ella" planea! Se agazapa, espera el momento... pero yo la he pillado, sé sus "planes", los he intentado contar... ¡pero no me creen! ¡Me consideran loca! ¿Quién tiene la cordura necesaria para considerar quién está loco y quién no? ¡Escuchadme, escuchadme! ¿Acaso no oís las risas? ¿Acaso no podéis percibir su presencia, acurrudados en "ella", sus acólitos, a los que ha prometido todo lo que existe, a cambio de ayudarla a resurgir? Por favor, no aguanto más... siento que me rodean, que quieren hacerme callar... ¡necesito luz, mi eterna arma que me ayuda a librarme de ellos!

Una cálida, algo pálida, pero reconfortante luz bañó toda la estancia, dejando ver que era una habitación pequeña, llena de moho, con el suelo de baldosas rotas, algunas pintadas en los muros, y unas figuras con batas blancas que la cogieron rápidamente, en medio de su delirio, acercando una jeringuilla a uno de sus brazos, mientras tomaban de nuevo las extrañas cuerdas de su camisa para ayudarse de tenerla controlada. Ella seguía chillando, diciendo cosas aparentemente sin sentido, mientras aquellas personas inyectaban algo en su cuerpo y la susurraban al oído palabras para que se calmara. Poco a poco su cuerpo empezaba a adormecerse, sus sentidos la abandonaban, entraba en una espiral de tranquilidad absoluta, de paz consigo misma, como si entrara en un sueño. Las voces se fueron, la luz volvió a disipar las tinieblas...

... y "ella", la Oscuridad, volvió a esconderse de nuevo... para atacarla de nuevo, cada noche de su vida, hasta que su último aliento saliera de su cuerpo...

¡Deja algún comentario! 

Artículos relacionados